sábado, 1 de diciembre de 2007

Ventura&Remedios: la revolución que llega


Dicen Juanjo Ventura y Javi Remedios --y tienen razón-- que las revoluciones no llegan por generación espontánea, sino que deben darse una serie de situaciones para que ciudadanos anónimos quieran cambiar la realidad. Y aunque ellos no son anónimos, sí que llevan varios años contribuyendo a que la revolución llegue, al menos en Cáceres y de forma cultural.

En una ciudad donde tanto se echan en falta saraos con chispa , la presentación de un libro en un Carpe Diem lleno hasta la bandera demuestra que, pese a los agoreros, hay muchos que se creen la capitalidad y que tratan de contribuir a ella con lo mejor que tienen: su creatividad. Y un ejemplo de ello es El tragón rojo. Historias de una isla perdida , segundo libro del tándem Ventura&Remedios, presentado el jueves en Cáceres --el acto fue conducido por la periodista cacereña Carmen Gómez-- y al que no faltaron personas del mundo de la cultura, el periodismo y la sociedad cacereña que quisieron acompañar a los autores.

Juan José Ventura Fernández (Sevilla, 1969) trabaja desde 1991 en este periódico, donde además de responsable de suplementos comerciales, es autor ingenioso de una columna semanal que es como la vida misma. Javier Remedios Lasso (Cáceres, 1966) es director creativo de la empresa Creaerte y un tipo ocurrente-currante . Los dos han hecho realidad este libro donde realizan una dura crítica contra los gobiernos dictatoriales.

Lejos de ser un ladrillazo, El tragón rojo es, a través de la palabras, todo un empujón a la revolución que tanto necesita Cáceres.

MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ
El Periódico Extremadura

martes, 27 de noviembre de 2007

UN JUEGO DE PALABRAS DE AMOR

Palabras para vivir. Palabras para morir. Palabra de honor. Es mi última palabra. Todo fueron buenas palabras. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Te doy mi palabra. Ultimas palabras. Primeros balbuceos. Me dejó con la palabra en la boca. Era una bruja de la palabra. Divinas palabras. Ni un mal gesto, ni una buena palabra. No me dijo ni cuatro palabras. Soy hombre de pocas palabras. La mujer tenía facilidad de palabra. Por suerte, tengo una gran familia de palabras. Creo que faltó a su palabra. Pero ella tomó la palabra y habló. No se atrevió a replicar. Eran palabras mayores. Pero después lo que contó eran las últimas palabras del Credo y no tenía importancia. Había --sin apenas darse cuenta-- torcido sus palabras. Sí, él era tan falso que vendía hasta su palabra. Ella empeñó su palabra para llegar a su corazón. Mar de palabras donde perderse contigo. Palabras al oído. Versos que van contra las palabras. Tuvimos, entonces, unas palabras. Y entonces volvieron las palabras al cuerpo. Eran palabras dulces, suaves. Ante tanta palabrería, los amantes se hicieron un nudo de palabras. Y las palabras se trababan en la boca, ante tanto beso. Empezaron las palabras gruesas. Pero esas palabras les gustaron. En dos palabras: se amaron después sin decir palabra. No se dieron cuenta de que todo era un juego... de palabras. Entonces él grito: "Te amo". Y ella dijo: "Son sólo palabras". "Te quiero, palabra", respondió él. "Esto lo soluciono yo en pocas palabras", añadió. Palabras de amor. Juego de palabras. Refrán: Para que tu mente se abra deja que entren las palabras".

miércoles, 21 de noviembre de 2007

DELIRANTES DESPEDIDAS DE SOLTERO

Desde que vivo en Cáceres me llaman mucho la atención las despedidas de soltero y las tarjetas de invitación a bodas y demás actos sociales. Deberían estudiarse. Entran en el terreno de lo mítico.

Hace breves fechas vi en mi barrio a un chico sentado como en un carrito de supermercado. Estaba atado con cuerdas y no podía mover las manos. Llevaba un brutal pene gigante de plástico y un extraño gorro en la cabeza. El carrito era tirado con cuerdas por sus amigos, uniformados con camisetas. Era una despedida de soltero. ¿Qué sentido tiene esta representación del desvarío? En ocasiones se ven por la ciudad fotocopias con los nombres de los interesados con unas leyendas delirantes. Recuerdo una en la que el novio iba vestido de torero y clavaba su estoque en el lomo de ella.

Pero no sólo es exclusiva esta broma del adiós a la soltería de los chicos. Hace poco vi en una terraza de san Juan a una mujer vestida de novia, con diadema y todo, acompañada por una tropa de chicas disfrazadas. Algunas veces suelen llevar un biberón con forma de pene del que liban; imagino que güisqui, porque por el color podría ser cualquier otra cosa. En cuanto a tarjetas de invitación he visto de todo: comics, una tableta de chicle, caricaturas de los novios subiéndose a un dirigible...

A mí pensar que tengo que pasar por ese trago para abandonar la soltería me da auténtico pavor. Me dan ganas de irme al registro de parejas de lecho directamente. Refrán: En las despedidas de soltero anda suelto mucho putero .