domingo, 25 de enero de 2009

martes, 20 de enero de 2009

Atrapados por la nieve en Piornal

Las informaciones tienen una intrahistoria que no se suele contar, pero a veces conviene desempolvarla para tomar conciencia de las dificultades de la labor de informarles a ustedes. El pasado martes, camino de Piornal, el fotógrafo y comercial Juan Félix Luque y un servidor nos quedábamos fuera de juego a apenas un kilómetro, en medio de una nevada intensa. El alcalde nos envió un remolque al pueblo.
--Mucho Mercedes con cambio automático y tracción trasera, pero esto patina que da gusto...
Nos pusimos los chalecos reflectantes e incluso un coche que venía en sentido contrario se pegó un buen roce contra el murillo de piedra para evitarnos. Nos habíamos quedado clavados en medio de la carretera.
El alcalde de Piornal, hoy en fiestas jarramplaleras, decía con mucha sorna y cachondeo:
--Pero si son cuatro copos, hombre...
Y el padre de uno de los Jarramplas recordaba que ya no nieva como antaño, cuando había que hacer en las calles escaleras con la nieve y su padre salía de casa por la ventana del balcón.
Al parecer aquella nevada solo podía inquietar a niños de teta y adolescentes melindrosos. A nosotros nos dejó tan colgados que tuvimos que esperar a que las quitanieves pasaran varias veces por el camino a Valdastillas para atrevernos a bajar. Eso sí, en primera la mayor parte del tiempo.
Hoy el Jarramplas cumple su último día de penitencia en honor a san Sebastián. Nosotros ya la hicimos a nuestra manera. Refrán: En Piornal hace un frío fenomenal.

martes, 13 de enero de 2009

Actitudes a la hora de pagar la cuenta

Siempre ha habido estilos a la hora de pagar la cuenta del restaurante tras una reunión de amigos. Lo que ocurre es que la crisis es como una lupa que agranda los defectos de los seres humanos. Desde que comenzó la recesión económica han aumentado las llamadas al móvil justo en el mismo momento de pagar. Entonces el colega de turno, que se había llevado la mano a la cartera, hace un gesto de impotencia y se larga al otro extremo de la sala, por aquello de la privacidad. En otros casos están los tragaldabas de turno, que, después de ponerse tibios de angulas a costa de la buena fe de los presentes, ponen cara de Bitter-Kas o de estreñidos y dicen que le han llamado del trabajo para un asunto urgente y desaparecen antes de que llegue la dolorosa .

Después está ése que siempre dice: "Esta te toca a ti, pero la próxima es mía". Y no le vuelves a ver el pelo en la vida. Los hay que hacen muchos aspavientos...

--¡No, no, de ninguna manera... que no, de verdad, que no!

Y después no se sacan la cartera de la chaqueta ni aunque les eches salfumán puro al bolsillo.

Los hay que te dicen que tienen mucha mano en el restaurante, que son amigos del chef y que ellos pagan todo. Cuando ven la cifra sobre el mantel se les cambia el color de la cara y preguntan: "¿A cuánto tocamos?".

Los hay que consideran que siempre hay que invitarlos. Normalmente son cargos públicos y creen que por su posición se merecen la cuchipanda. A esos se les ve el plumero a la legua. Refrán: Cuando pagues la cuenta no seas roña, tunante, que se dan cuenta y das el cante.