Leí una vez que la jubilación se parece mucho a un hombre que se pasa la vida comiendo almendras. Al final, la última que se lleva a la boca está verde y amarga y le deja un regusto desagradable después de haber disfrutado largamente. Creo que en muchas ocasiones hemos hecho eso con nuestros mayores. Llega la jubilación --o lo que es peor, la prejubilación-- y los mandamos a casa, desvalorizando todo su trabajo y sus esfuerzos realizados a lo largo de toda su vida.
En los Estados Unidos la estrategia de muchas empresas pasa porque los jóvenes y agresivos ejecutivos tengan como subordinados a grandes y veteranos ejecutivos que puedan supervisar sus decisiones. A cambio los jubilados reciben gratificaciones económicas, continúan su compromiso con la empresas y se sienten útiles.
Eso de las sopitas y el buen vino ha quedado para el pasado. Creo que mientras haya fuerzas hay que luchar, porque son muchos los que en cuanto que pierden el objetivo por el que trabajar se abandonan y caen en la depresión y el olvido.
Parece que lo de la jubilación es la primera llamada de atención de que toca ´entregar el equipo´ que nos dieron cuando comenzamos nuestra vida. Y ese momento tiene que estar lleno de luces. No importa cómo entreguemos de desgastado el cuerpo por cuánto se ha utilizado. Lo fundamental es que nuestra alma esté limpia, en plenitud con lo que nos rodea, en equilibrio con los hermanos. Refrán: Al final de una vida larga, que tu almendra no sea amarga .
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 5 de mayo de 2009
martes, 28 de abril de 2009
¿Quién se acuerda ya de Aliados del Viento?
Supongo que ninguno de ustedes se acordará de estos interfectos. La anécdota, que sucedió hace más de 15 años, ya ha prescristo y por eso se puede contar. Un compañero no podía asistir como jurado a unos premios musicales que se iban a celebrar en la plaza de toros de Cáceres. Así que me pidió el favor de sustituirle y acepté. En maldita sea la hora.
Cuando llegué a la plaza estaba entera decorada con carteles de Aliados del Viento, uno de los grupos que iba a intervenir. Aquello me extrañó mucho, porque no es normal que en un concurso se luzca ese tipo de propaganda de uno de los participantes. Cuando tocaron todos los grupos nos reunieron a altas horas de la noche para las votaciones.
Antes, un mequetefre que no he vuelto a ver en la vida y que decía ser productor musical o entendido en la materia se me acercó y en un aparte me dijo: "¿Qué tal has visto todo? Hombre, yo creo que los Aliados del Viento son con diferencia los mejores... Deberías votarlos".
Aquella labor de zapa la fue realizando --él y más gente-- con otros miembros del jurado.
A la hora de las votaciones un numerosísimo grupo de los miembros del jurado daba 10 sin parar a Aliados del Viento, que por otra parte eran unos petardos de mucho cuidado y un tostonazo.
Aún así, las sumas no daban la victoria a los Aliados del Viento de marras. E incluso se volvió a hacerse el recuento para que --por décimas-- ganaran. Varios miembros del jurado protestamos, pero fue imposible. Los Aliados del Viento tenían muchos aliados. Ahora nadie sabe quiénes son. Refrán: La cultura del pucherazo a algunos les mola mazo para dar el pelotazo .
Cuando llegué a la plaza estaba entera decorada con carteles de Aliados del Viento, uno de los grupos que iba a intervenir. Aquello me extrañó mucho, porque no es normal que en un concurso se luzca ese tipo de propaganda de uno de los participantes. Cuando tocaron todos los grupos nos reunieron a altas horas de la noche para las votaciones.
Antes, un mequetefre que no he vuelto a ver en la vida y que decía ser productor musical o entendido en la materia se me acercó y en un aparte me dijo: "¿Qué tal has visto todo? Hombre, yo creo que los Aliados del Viento son con diferencia los mejores... Deberías votarlos".
Aquella labor de zapa la fue realizando --él y más gente-- con otros miembros del jurado.
A la hora de las votaciones un numerosísimo grupo de los miembros del jurado daba 10 sin parar a Aliados del Viento, que por otra parte eran unos petardos de mucho cuidado y un tostonazo.
Aún así, las sumas no daban la victoria a los Aliados del Viento de marras. E incluso se volvió a hacerse el recuento para que --por décimas-- ganaran. Varios miembros del jurado protestamos, pero fue imposible. Los Aliados del Viento tenían muchos aliados. Ahora nadie sabe quiénes son. Refrán: La cultura del pucherazo a algunos les mola mazo para dar el pelotazo .
martes, 21 de abril de 2009
El nazareno
Aquel nazareno del Cristo del Amparo llevaba todo el año pensando en la salida de la cofradía. Todos los segundos miércoles de cada mes iba a la ermita, hiciera el tiempo que hiciera. Tenía muchas ganas de salir esa madrugada porque otros años la lluvia y las enfermedades se lo habían impedido. Ahora, a pesar de la crisis, las cosas iban algo mejor. Bueno, su padre siempre había estaba pachucho desde que se quedó viudo. Andaba delicado del estómago. El lunes ya le habían dicho que iba mal. Había vomitado y llevaba unos días sin comer. El habló con los médicos y después se puso a planchar en silencio la capa de la túnica morada --con cuidado en la parte de la cruz de Santiago-- el antifaz negro y el cíngulo blanco, que era un incordio.
--Oye, que tu padre está peor, le dijeron al otro lado del teléfono. Entonces ya empezó a preocuparse y se quedó sin decir nada, ausente, en su mundo, aislado por el dolor.
El nazareno no dijo nada a su mujer y la noche de la salida de la procesión se fue a la clínica San Francisco, a cuidar de su padre. Sobrepasado por la fiebre, le dijo: "Tengo sed". Y él, en silencio, le dio de beber. A la mañana siguiente, después de una noche horrible en el hospital, el padre se despertó sin fiebre. Cuando llegó a casa, su mujer le preguntó por qué había salido de nazareno. "¿Cómo?", dijo él. Ella aseguraba haberlo visto entre los cofrades. Era alguien con la túnica, la capa y el escudo, tal y como los había planchado. Las ropas no estaban en casa. Habían aparecido en la iglesia de San Mateo, en la sacristía. Y es que aquella noche, en el hospital, él fue el mejor nazareno del Cristo del Amparo. Refrán: Salir en una cofradía no es sólo cosa de un día
--Oye, que tu padre está peor, le dijeron al otro lado del teléfono. Entonces ya empezó a preocuparse y se quedó sin decir nada, ausente, en su mundo, aislado por el dolor.
El nazareno no dijo nada a su mujer y la noche de la salida de la procesión se fue a la clínica San Francisco, a cuidar de su padre. Sobrepasado por la fiebre, le dijo: "Tengo sed". Y él, en silencio, le dio de beber. A la mañana siguiente, después de una noche horrible en el hospital, el padre se despertó sin fiebre. Cuando llegó a casa, su mujer le preguntó por qué había salido de nazareno. "¿Cómo?", dijo él. Ella aseguraba haberlo visto entre los cofrades. Era alguien con la túnica, la capa y el escudo, tal y como los había planchado. Las ropas no estaban en casa. Habían aparecido en la iglesia de San Mateo, en la sacristía. Y es que aquella noche, en el hospital, él fue el mejor nazareno del Cristo del Amparo. Refrán: Salir en una cofradía no es sólo cosa de un día
Suscribirse a:
Entradas (Atom)