Vacaciones en Barcelona: Gaudí, Dalí, Picasso, modernismo, arquitectura y algo de playa. No puedo poner ni un sólo pero al destino. Al final, el último café antes de tomar el AVE con destino a Madrid me abrió los ojos sobre un hecho diferencial que yo desconocía. Pedí un descafeinado en una cafetería del centro y la conversación fue la siguiente:
--¿Me pone un descafeinado?
--Aquí, el café lo ponemos de verdad o no lo ponemos. Y el café sólo se sirve con leche, cortado o solo.
Tras pedir un cortado, no sin cierto asombro, solicité una botella de agua mediana para consumir durante el viaje. Y ésta fue la respuesta:
--Aquí sólo tenemos un tipo de botella de agua. Si tuviéramos que tener una botella de agua para cada necesidad nos haríamos un lío. Como usted es de otro país no lo puede entender...
Entonces caí en la cuenta de que el problema era que el descafeinado, la botella mediana de agua y me imagino que mi castellano me habían delatado ante el amable camarero, que me puso los pies sobre la tierra.
Ahora siento muchísimo lo que hice. Me fui sin invitarle a un café a ese señor y charlar un rato con él amigablemente. Me largué sin cambiarle mi boina por su barretina. Me despedí con una frase hecha sin hacerle ver que charnegos o inmigrantes somos todos cuando viajamos. Que los extremeños que trabajan allí son legión. Que en una ciudad tan cosmopolita como Barcelona ese (mal)trato al turista es una auténtica catetada. Refrán: Manden unos, manden otros, los tontos siempre somos nosotros.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 1 de septiembre de 2009
viernes, 28 de agosto de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
El toro es lo de menos
Hace ya algunos años que la peña ´Chapuzas´ me enseña los entresijos de los pueblos en fiestas. Uno se pasa el verano escribiendo de ello, pero hasta que no lo vive en directo no es consciente del trabajo y de los profundos lazos que se forjan entre los miembros de una peña. En Garrovillas de Alconétar los toros son expresión de una religión laica en la que los oficiantes son los amigos de toda la vida. A veces fue esa misma vida la que obligó a algunos a buscarse las habichuelas fuera del pueblo. Y por ello los toros se ansían como un momento mágico en el que la existencia se vive con la plenitud del reencuentro. En las fiestas todo es exagerado: se come hasta forzar los límites corporales. Se exalta la amistad y la concordia por encima de los problemas que conlleva pujar por un carro, montarlo y desmontarlo en la plaza, y organizar avituallamiento para una multitud, cada uno de su padre y de su madre. Y hablando de padres y madres: los adolescentes de hace veinte años ya han convertido el carro en una guardería. Algunos de los pequeños ´Chapuzas´ --que son legión-- ya vuelan solos. Muy pronto les dirán a sus progenitores que quieren ´hacer carro´ por su cuenta. Los que eligieron el difícil camino de la emigración regresan a sus ciudades con las pilas recargadas y colesterol por las nubes. Los que se quedan en el pueblo se pasarán el año ojeando las viejas fotos descoloridas de los 80, las digitales después y mandándose correos electrónicos. Y todos coincidirán en una cosa: Hay que ponerse a dieta urgentemente.
¿Y el toro? Bueno, lo del toro es otra historia, pero sin duda lo menos importante de todo. Refrán: Las fiestas garrovillanas hay que cogerlas con ganas.
¿Y el toro? Bueno, lo del toro es otra historia, pero sin duda lo menos importante de todo. Refrán: Las fiestas garrovillanas hay que cogerlas con ganas.
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