Dice Joaquín Sabina que "amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño". La afirmación desgraciadamente cada día resulta más acertada. La pareja y sus derivados se ha desvirtuado tanto que parece ahora cualquier cosa menos la entrega desinteresada que se supone.
No quiero ponerme moralista y menos con este tipo de asuntos de los que, por mi soltería, soy ajeno. Pero una pareja no son dos personas que guardan las formas por mantener un contrato social llamado matrimonio. Dos personas que se aman, por lógica, han de superar los egoísmos personales para entregarse uno al otro.
Una pareja no son seis días de sopa fría y un sábado de filete por obligación. Dos amantes, por encima de todo, no son una entente comercial con vistas a engordar una cuenta corriente, ni una sarta de mentiras para tapar la boca a los vecinos cotillas. Ni tampoco una pareja es una imagen de marca para vender colonias o ropa interior. Ni un matrimonio está formado por un ser subordinado al otro sin más misión que la decorativa. Una pareja es un balancín en pleno equilibrio inestable en el que cada uno ayuda al otro en sus ascensos y hace más livianas las caídas. Dos personas que se aman se entregan cada día al beso más sincero y generoso. Una pareja es absolutamente todo lo contrario a lo que cada día la televisión nos mete por los ojos. Y todavía no entiendo por qué lo imitamos y a quién le interesa este desastre. Refrán : Dos que duermen en el mismo colchón, son de la misma condición.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 20 de octubre de 2009
domingo, 18 de octubre de 2009
martes, 13 de octubre de 2009
Zafra, madrugada de contrastes en la feria
La noche segedana tras una corrida de toros memorable como la de Perera es un delirio de fiesta sin medida. En el hotel Huerta Honda, de madrugada, el grupo flamenco le pide al maestro Jaime Ostos que salga a bailar. El, chaqueta azul y pañuelo asomando por el bolsillo, accede sin titubeos. Sus piernas, a los 79 años, parecen las de Rudolf Nureyev . Jamás he visto tanto vigor y agilidad en un señor de su edad. El está en medio, con pelo engominado hacia atrás, en el centro, jaleado por la jet del agro en una juerga del quince.
No muy lejos de allí, en otro hotel, había otra selecta fiesta VIP, por donde rondaba Carmen Martínez Bordiú , una clásica en Zafra. Todo glamour.
¡Y pensar que hacía unas horas estaba yo en el Pabellón Banesto encerrado como un charolés! La encargada de las llaves me dijo que se iba a las nueve por encima de la campana gorda. Y cumplió su amenaza, dejándome sin posibilidad de salir, con todos los cierres metálicos puestos.
Eso sí, me dio el teléfono de un segurata para que le llamara cuando acabara de enviar mi crónica. Pues bien, el móvil estaba desconectado. Y yo deambulaba por los pasillos sin luz como un fantasma, buscando una rendija donde avisar de mi cautiverio. Menos mal que un celoso profesional de la seguridad decidió darse una vuelta por el Pabellón Banesto al concluir su ronda y me sacó de allí. "Si no me da por pasarme haces noche aquí", me dijo. Menos mal, porque me hubiera perdido el fiestorro histórico en el Huerta Honda. Refrán: El hombre por el verbo, los toros por los cuernos
No muy lejos de allí, en otro hotel, había otra selecta fiesta VIP, por donde rondaba Carmen Martínez Bordiú , una clásica en Zafra. Todo glamour.
¡Y pensar que hacía unas horas estaba yo en el Pabellón Banesto encerrado como un charolés! La encargada de las llaves me dijo que se iba a las nueve por encima de la campana gorda. Y cumplió su amenaza, dejándome sin posibilidad de salir, con todos los cierres metálicos puestos.
Eso sí, me dio el teléfono de un segurata para que le llamara cuando acabara de enviar mi crónica. Pues bien, el móvil estaba desconectado. Y yo deambulaba por los pasillos sin luz como un fantasma, buscando una rendija donde avisar de mi cautiverio. Menos mal que un celoso profesional de la seguridad decidió darse una vuelta por el Pabellón Banesto al concluir su ronda y me sacó de allí. "Si no me da por pasarme haces noche aquí", me dijo. Menos mal, porque me hubiera perdido el fiestorro histórico en el Huerta Honda. Refrán: El hombre por el verbo, los toros por los cuernos
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