Miró hacia atrás y no vio a nadie. Hacía ya una hora que atravesaba aquel arenal sin toparse con ningún compañero de prueba. Había hecho calor toda la tarde. Y ahora por sus piernas subía ya el relente de la noche. Estaba destemplado, sudoroso y solo. Más solo que nunca. Recordó en esos momentos las palabras de su entrenador: "No te pares por nada. ¡Tú, adelante!". Y bebió el último trago de su bebida isotónica. Tiró la botella de plástico al suelo y escuchó cómo rodaba por el pedregal. Pero ni siquiera volvió la mirada.
Reconfortado por el líquido subió un poco la velocidad de su carrera y hasta llegó a delirar, imaginando que iba el primero. El sudor se le había metido en la ingle: cada vez que sus pantorrillas chocaban con ella experimentaba un escozor agudo. Cada paso era un suplicio. Sus pezones sangraban por el roce con la camiseta. La carrera estaba resultando un viacrucis, un auténtico tormento.
Ya no sabía por qué corría, ni el nombre de su entrenador, ni el de su esponsor, ni si la carrera era el maratón o la marcha. Sólo que tenía que seguir corriendo, sintiendo cómo las piedras le taladraban las plantas de los pies. Sus ojos miraban un punto fijo en el horizonte mientras las luces del día se apagaban. Unas marcas de pintura azul le guiaban los pasos. Y él sólo pensaba en seguir sin perder el ritmo, buscando dentro de su cuerpo las pocas fuerzas que le quedaban. Entonces vio la meta y ni siquiera se alegró. Estaban ya desmontando el podium de los ganadores. Habían llegado todos hace horas. Era el último. Pasó por la meta y su cuerpo se desplomó ante las estrellas de la madrugada insomne. Refrán: El que nace para maceta del corredor no pasa
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 4 de mayo de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
Un beso 'pa' tu abuela
Claudio se fue este sábado. El abuelo que enviaba siempre "un beso ´pa´ tu abuela" en Canal Extremadura Televisión ya no podrá ilustrarnos con su particular visión del mundo. El domingo sus familiares le dieron el último adiós durante una jornada con el campo rebosante de luz y jaras florecidas. Ese campo donde él trabajó como miles de agricultores extremeños. Claudio era un niño-abuelo y últimamente se emocionaba con todo. Los seres humanos cuando se acerca el final nos vamos convirtiendo en chiquillos, como si nos fuéramos desnudando de lo que nos sobra y nos quedásemos con lo realmente esencial.
Había enviudado hace tiempo. Como muchos abuelos vivía solo y se las apañaba bastante bien. Llevaba una racha desganado. Probablemente nunca llegó a imaginar la difusión mediática que sus disparatados diálogos han tenido a través no sólo de la televisión sino de internet.
Claudio era un hombre bueno y sencillo. Uno de los muchísimos que hay en la Extremadura rural. Lo conocemos porque los ojos de la televisión se posaron sobre él, pero como Claudio hay miles de hombres y mujeres mayores a los que se les iluminan los ojos cuando van a verlos sus hijos y sus nietos. Convendría mirar en nuestro corazón y darle un abrazo a nuestro abuelo más cercano.
Sus ojos no podrán ver esta primavera espectacular sobre Extremadura. La vida y la muerte son fenómenos que se dan la mano como viejos conocidos que son. Claudio, allá donde estés, recibe desde aquí otro "beso ´pa´ tu abuela". Refrán: Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Había enviudado hace tiempo. Como muchos abuelos vivía solo y se las apañaba bastante bien. Llevaba una racha desganado. Probablemente nunca llegó a imaginar la difusión mediática que sus disparatados diálogos han tenido a través no sólo de la televisión sino de internet.
Claudio era un hombre bueno y sencillo. Uno de los muchísimos que hay en la Extremadura rural. Lo conocemos porque los ojos de la televisión se posaron sobre él, pero como Claudio hay miles de hombres y mujeres mayores a los que se les iluminan los ojos cuando van a verlos sus hijos y sus nietos. Convendría mirar en nuestro corazón y darle un abrazo a nuestro abuelo más cercano.
Sus ojos no podrán ver esta primavera espectacular sobre Extremadura. La vida y la muerte son fenómenos que se dan la mano como viejos conocidos que son. Claudio, allá donde estés, recibe desde aquí otro "beso ´pa´ tu abuela". Refrán: Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
martes, 20 de abril de 2010
Las cartas del Tarot
Le salió El diablo y sintió en su cuerpo un escalofrío. Después le siguieron La muerte , La torre desplomada , El colgado ... Todas cartas funestas. Y, de colofón, La justicia al revés. La peor de las cartas posibles. Entonces el ejecutivo se lamentó de haber ido a ver al tío Lagarteiru a Eljas a que le echara las cartas del Tarot para saber su destino. En el silencio del chozo gris del valle del Jálama los ojos del consultante y del nigromante se cruzaron.
--Es sólo un juego engañabobos, una coincidencia, dijo.
--No subestime el poder del Tarot. En el mundo hay fuerzas inexplicables, contestó tío Lagarteiru con solemnidad.
Entonces se fue y en su cabeza quiso olvidar lo que había pasado. Y lo consiguió. Pero poco a poco su vida fue sufriendo todo tipo de sorpresas: Un inesperado giro de mala suerte tiñó todas sus decisiones. La empresa que regentaba empezó a ir mal. Su mujer enfermó de un cáncer de pronóstico incierto. Sus hijos, hasta entonces estudiantes-ejemplo, se convirtieron en unos vándalos. Uno de sus amigos murió repentinamente. Entonces, él, en el cementerio, ante el féretro de su colega se acordó de cuando había bajado hasta Gata a ver al brujo. Le llamó por teléfono. Había desaparecido. Trató de buscarle en el pueblo y nadie daba razón de él. Entonces se sintió el hombre más desgraciado del mundo y se lamentó mil veces de haber consultado aquel oráculo funesto. Hasta entonces su vida había sido un lecho de rosas. Ahora que el destino se había fijado en él se sentía como una pequeña pluma en manos de un viento iracundo y caprichoso. Refrán: El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos.
--Es sólo un juego engañabobos, una coincidencia, dijo.
--No subestime el poder del Tarot. En el mundo hay fuerzas inexplicables, contestó tío Lagarteiru con solemnidad.
Entonces se fue y en su cabeza quiso olvidar lo que había pasado. Y lo consiguió. Pero poco a poco su vida fue sufriendo todo tipo de sorpresas: Un inesperado giro de mala suerte tiñó todas sus decisiones. La empresa que regentaba empezó a ir mal. Su mujer enfermó de un cáncer de pronóstico incierto. Sus hijos, hasta entonces estudiantes-ejemplo, se convirtieron en unos vándalos. Uno de sus amigos murió repentinamente. Entonces, él, en el cementerio, ante el féretro de su colega se acordó de cuando había bajado hasta Gata a ver al brujo. Le llamó por teléfono. Había desaparecido. Trató de buscarle en el pueblo y nadie daba razón de él. Entonces se sintió el hombre más desgraciado del mundo y se lamentó mil veces de haber consultado aquel oráculo funesto. Hasta entonces su vida había sido un lecho de rosas. Ahora que el destino se había fijado en él se sentía como una pequeña pluma en manos de un viento iracundo y caprichoso. Refrán: El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)