Siempre pensé que el deporte era algo intrascendente. La verdad es que si el fútbol pudiera influir en aumentar el PIB o disminuir la inflación atraería más mi atención. Además, tengo la sospecha de que todos los campeonatos mundiales son una especie de anestésico general para problemas más graves como el paro o la crisis económica. Y en eso los medios de comunicación tenemos mucha culpa. Pero me ha sido imposible sustraerme al influjo de la ´marea roja´ y el sábado me sorprendí ataviado con una camiseta de la selección española recorriendo el Eroski para después irme a ver el partido en un bar en el barrio, algo que confieso no he hecho en mi vida. Me daba cierta vergüenza ir así, pero empecé a contar a los adultos que también estaban equipados y mentalmente me consolaba sabiendo que éramos legión.
El delirio fue tal en Nuevo Cáceres que había señores de edad provecta tocando la vuvuzela, las bocinas del coche, agitando banderas y rugiendo con cada incidencia del partido. El éxtasis llegó con la victoria y muchos fueron los que sacaron los vehículos para celebrarla. Por unas horas no había problemas, sólo san Iker Casillas y David Villa estaban en boca de todos como nuevos héroes y santos laicos contemporáneos.
Este miércoles teníamos prevista una reunión de vecinos para ver un problema recurrente con el ascensor. Me parece que la fecha no ha tenido en cuenta la ´marea roja´ y no habrá quorum. Pero no importará que el ascensor siga roto, sino que pasemos a disputar la final de Copa del Mundo de Fútbol. Eso sí que será vital para todos. No importa ir a la pata coja si mañana gana la Roja .
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 6 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
Felipe y la productividad
Felipe González a sus 68 años conserva intactas sus capacidades embelesadoras. A pesar de cierto aire de ´abuelo Cebolleta´, se le escucha con respeto y con la seguridad de que lo que diga será siempre interesante, se esté o no de acuerdo con sus propuestas. En Mérida asistió el viernes pasado a unas jornadas sobre bosques. Y es que González se apunta a un bombardeo con tal de ejercer sus dotes de hipnotizador de masas. Sin los rigores de la corbata y el protocolo suelta tacos y pone verdes a unos y a otros porque sabe que sus canas ya le otorgan una sagrada independencia de todo, hasta del Gobierno de su partido. ¿Y por qué ahora vuelve a escucharse a Felipe con fuerza? El argumenta que ha sentido la necesidad de ayudar en el desastre que estamos viviendo. Desmiente treguas y enemistades con Zapatero a la vez que justifica la reforma laboral, aunque matiza que hay que ligar el sueldo a la productividad. Me parece bien pero ¿cómo se mide la productividad de un político? ¿Por el número de leyes que saca adelante? ¿Por el número de discursos que pronuncia? Lo de la productividad está bien para la cadena de montaje, pero creo que en algunas profesiones será difícil. Hay políticos que lo único que hacen es levantar la mano y votar en absurdas comisiones sin más función que la de hacer bulto. Felipe no. El se lo ha currado desde aquella campestre reunión de la tortilla. Y tiene vocación de continuar trabajando hasta que el cuerpo aguante, equivocándose y acertando a cada paso. Esperemos que sus propuestas más sensatas sean tenidas en cuenta. En tiempos de caos a veces escuchar al abuelo atentamente es lo mejor que se puede hacer. Refrán: El refrán de los abuelos es probado y verdadero.
martes, 22 de junio de 2010
Enfermo imaginario
Lo malo de tener una ´mala salud de hierro´ es que si te pones enfermo nadie se lo cree. Eso me pasó el viernes pasado cuando una adversa jugada del destino, una mala digestión o un exceso de tencas fritas me produjo un desarreglo intestinal considerable. Empiezas el via crucis particular con sudores y retortijones de estómago. Entonces sonríes forzadamente y le dices al compañero a media voz: "Creo que no me encuentro bien...".
Y lo haces con una boquita pequeña, tratando de no relajar ningún músculo más de lo necesario para no producir un desastre fisiológico público, menos lesivo al medio ambiente que el vertido de BP, pero casi tan escandaloso y vergonzante como éste. Entonces te vas a casa y te encuentras al vecino pesao de turno en el rellano.
--Hombre, Juanjo , ¡qué raro verte a estas horas por aquí! Precisamente quería comentarte una cosa que habéis publicado...
Y tú esbozas esa sonrisa automática sintiendo en tu interior como una indigestión de garbanzos en una plaza de toros a las cinco de la tarde. Aprietas las nalgas y tratas de ser todo lo amable que puedes asintiendo con la cabeza durante la paliza que te da el colega.
--Anda, tío, tú qué vas a estar malo... ¡Si estás genial!
Entonces vas a la farmacia rezando porque cesen los relámpagos y los truenos de tu intestino en el trayecto de tu casa a la botica. Miras al mancebo como diciendo "sácame de ésta". Y ellos te contestan que bueno, que eso no es nada, que eso con unas pastillitas, Acuarius y paciencia se arregla. Y al día siguiente estás dolorido y curado, pero con la sensación de que, de enfermo imaginario, nada de nada. Refrán: A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
Y lo haces con una boquita pequeña, tratando de no relajar ningún músculo más de lo necesario para no producir un desastre fisiológico público, menos lesivo al medio ambiente que el vertido de BP, pero casi tan escandaloso y vergonzante como éste. Entonces te vas a casa y te encuentras al vecino pesao de turno en el rellano.
--Hombre, Juanjo , ¡qué raro verte a estas horas por aquí! Precisamente quería comentarte una cosa que habéis publicado...
Y tú esbozas esa sonrisa automática sintiendo en tu interior como una indigestión de garbanzos en una plaza de toros a las cinco de la tarde. Aprietas las nalgas y tratas de ser todo lo amable que puedes asintiendo con la cabeza durante la paliza que te da el colega.
--Anda, tío, tú qué vas a estar malo... ¡Si estás genial!
Entonces vas a la farmacia rezando porque cesen los relámpagos y los truenos de tu intestino en el trayecto de tu casa a la botica. Miras al mancebo como diciendo "sácame de ésta". Y ellos te contestan que bueno, que eso no es nada, que eso con unas pastillitas, Acuarius y paciencia se arregla. Y al día siguiente estás dolorido y curado, pero con la sensación de que, de enfermo imaginario, nada de nada. Refrán: A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
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