martes, 7 de septiembre de 2010

Sueño Extremadura

Hoy, día en que se entregan las Medallas de Extremadura y se hace un acto de afirmación regional previo al 8-S, quiero contarles cuál es la Extremadura con la que sueño a diario. Quisiera que mañana Extremadura se despertara sin paro, sin familias que sufren por llevar algo caliente al puchero. Quisiera que el acceso a ese trabajo no estuviera mediatizado por amiguismos, clientelismos o vasallajes de cualquier signo, ni a nadie. Que todos recibieran de acuerdo con su esfuerzo, dedicación y valía.
Quisiera una Extremadura que fuera conocida y reconocida por su producción cultural de calidad, por sus músicos, escritores y artistas libres. Que no hubiera más limitación que el respeto a los demás en la creación.
Quisiera una Extremadura donde no hubiera sitio para señoritos cortijeros, para absentistas, para explotadores, para prepotentes de cualquier procedencia o pelaje. Anhelo una región sin el sambenito del subdesarrollo ni de estar a la cola en todo. Sueño con una región que sabe compaginar el necesario crecimiento industrial y la naturaleza en armonía, en la que el respeto a la naturaleza se transmite entre generaciones como un gran tesoro. Deseo una comunidad en paz, que se construye sobre el diálogo, en la que todos los ciudadanos se ponen en el lugar del otro a la hora de reivindicar o proponer.
Quiero pensar que estamos todos en ese camino, que esta región es un lugar donde encontrarse, donde construir sin destruir a nadie, en la que todos --al margen de ideologías-- podamos entendernos en paz, y experimentar una sencilla alegría cada amanecer. Refrán: El cerdo no sueña con rosas, sino con bellotas.

martes, 31 de agosto de 2010

El de la camiseta

Ha nacido una nueva forma de vestir, una sorprendente tendencia estética veraniega: llevar la camiseta de la selección española las 24 horas del día. El usuario suele ser un hombre con los cuarenta ya superados, barriga cervecera y barba incipiente. Se la pone todos los días desde que la ´Roja´ ganó el Mundial de Fútbol de Sudáfrica.
--Oye, tío, que ya han pasado unos meses desde aquello...
Pero ni caso. El adicto a esta camiseta suele deambular por el Carrefour, el Eroski o el Mercadona con cierto aire despistado, la lista de la compra en la mano y los vástagos revoloteando alrededor y dando gritos.
--¡Papá, papá, los cereales que siempre me compra mamá!
--Cállate niño, que te pego un guantazo, leche...
El de la camiseta es lo que antes se llamaba un Rodríguez y justifica su monotonía en el vestir con un sentimiento patrio y una pasión balompédica indomable. Pero la realidad es que no sabe planchar, ni quiere aprender.
--Campeones del mundo, campeones del mundo...
Repite esta frase a sus amigos emocionado y tembloroso mientras se toman las cervezas y los ´panchitos´ adquiridos en la gran superficie. Además, ya se ha comprado la camiseta con la estrella que atestigua este gran título obtenido. Tiene la de diario y la ´de vestir´. Los he visto en la playa, con la camiseta puesta hasta por la noche en el restaurante, aunque son más de pizzería y hamburguesería. Espero que en septiembre lleguen sus señoras o sus madres y les convenzan de que por muy campeones del mundo que seamos hay que volver a la cruda realidad. Refrán: Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno la pierna izquierda. El otro es la derecha.

martes, 17 de agosto de 2010

Queridos paisanos...

De camino a las playas de Huelva uno tiene la impresión de que la mayoría de los coches que circulan a tu lado en la autovía son extremeños. Las vacaciones son una especie de huída del paisaje cotidiano, pero es imposible dejar el terruño atrás. Te persigue, implacable. Cuando llegas al apartamento playero todo son matrículas BA o CC, y coches con leyendas como "I love Los Santos de Maimona". Entonces sientes que no vas a poder librarte del inexorable peso de la tierra.

Yo me sentí así el primer día de playa hasta que perdí las llaves del coche. El segundo juego estaba estropeado, de modo que estaba al borde de la desesperación. Paseaba una y otra vez por la piscina buscándola. Era una de esas con aspecto de tarjeta de crédito, negra. Con nuestros padres íbamos a la playa en autobús. Ahora se te pierde la llave del coche y es como si te arrancaran las piernas. Estaba yo ya a punto de llamar al seguro, a la Renault o al psicoanalista de guardia cuando sonó el timbre. Un amable vecino de urbanización me traía las llaves. Se llamaba Roberto y vivía en Cáceres. Un auténtico Catovi, sí señor.

Ah, estuve a punto de darle un beso en los morros, de alegría. Y entonces decidí que nunca renegaría del paisanaje extremeño, ni en vacaciones. Con las llaves del coche en el bolsillo ya era libre de deambular y de volver.

Por cierto que el Ayuntamiento de Isla Cristina, una vez acabado el negocio del ladrillo ha trufado la playa con tres zonas de aparcamiento de pago: verde, roja y azul. La verdad que por mucho que se hagan chistes, allí de tontos no tienen un pelo. Refrán: Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.