lunes, 20 de abril de 2015

Vuelven los trompos a las calles de Cáceres

Las peonzas han vuelto a las calles de Cáceres. Eso sí, mejoradas sus cualidades y características. Los trompos --como así los llamábamos en el colegio-- habían casi desaparecido del paisaje actual de la infancia, como los yoyós, el diávolo, los aros, las estampas de los futbolistas, las chapas, los bolindres o los cromos. Desgraciadamente, siempre hay un trasfondo comercial en todo esto, pero prefiero estos juegos tradicionales a las consabidas consolas de videojuegos en las que la participación del niño es nula y se limita a ser un mero espectador de la máquina. Además, aunque los trompos se han disparado de precio --algunos valen 20 euros-- proporcionan mucha más diversión que el célebre 'Call of Duty'. Recuerdo que en mi infancia los trompos eran de madera y que las cuerdas para enroscarlos acababan en una moneda de veinticinco reales, esa que tenía un agujero. Decorábamos estas peonzas de madera con rotuladores para que, al girar, la mezcla de colores fuera más original. También recuerdo que al barrio llegaba un señor haciendo una demostración de trompos y yoyós, con una furgoneta al lado para venderlos después. Aunque pueda parecer una involución, el regreso de los trompos me resulta simpático, porque es una vuelta a la inocencia, en un mundo en el que la infancia --territorio bendito-- dura cada vez menos a golpe de televisión, tablets y tecnología en la que los padres delegan la educación de los hijos. La verdad es que lo daría todo por quitarme la vergüenza y echarme una partida de trompos ahora mismo en la calle. Refrán: Al niño llorón, boca abajo y bofetón.

martes, 7 de abril de 2015

Simplemente respeto

Estos días de penitencia y mortificación de la carne los he pasado en mi Sevilla natal, donde es imposible estar ajeno a sus desfiles procesionales. No soy lo que se dice un 'capillita', pero me es imposible obviar la belleza de esta manifestación de cultura, devoción y folclore que es la Semana Santa sevillana. Y educado en el respeto contemplo los pasos, que son a partes iguales obras de arte incalculable y crisol de la devoción de miles de personas. En Sevilla el arte barroco, lejos de amojamarse en los templos y ser consumido por la lenta pátina negra del humo de las velas, se saca democráticamente a la calle, para el acceso de todos... de todos los que quieren verlo y disfrutar con él, claro. Viene esto a cuento porque contemplando el paso de misterio de la Coronación de Espinas de la Hermandad del Valle en una céntrica calle hispalense, un grupo de gamberros comenzó a hacer burlas y a molestar desde la terraza de un edificio. Es curioso, porque el paso representa a Jesús coronado de espinas mientras un soldado romano, dos sayones y un sanedrita se burlan de El. No es justificación, pero hay que aclarar que era un grupo de francófonos, imagino que orgullosos del laicismo y de la 'grandeur' de su patria. Los hermanos nazarenos son miles. Y en las calles hay miles de personas contemplando --en silencio-- las procesiones. Sí, esos silencios que solo entienden los sevillanos. Ante la burla se contestó a los niñatos con la más absoluta quietud. Aquello surtió efecto y se aburrieron al rato. Solo quiero decir que me siento feliz de haber sido educado en el respeto a todo tipo de manifestaciones religiosas y culturales. La tolerancia abre las puertas que cierra la intransigencia. Refrán: El respeto al derecho ajeno es la paz.

martes, 24 de marzo de 2015

Carta abierta a Anna Allen

Querida Anna Allen: No voy a hacer leña del árbol caído como sería lo más fácil. No soy ni especialista en conducta, ni psicólogo. Todos saben que nunca justifico la mentira, ni siquiera las piadosas. Pero en un mundo como el audiovisual donde la inmediatez del reconocimiento es una exigencia, tu pecado se me antoja venial, muy en consonancia con los tiempos que corren, ahora que lo que importa no es que te conozcan, sino que te reconozcan. Recuerdo a aquella actriz que vino a los premios San Pancracio, con una mirada tímida y llena de fulgor a la vez. ¿Qué queda de la Anna Allen que se encerraba a estudiar su papel de Antígona antes de salir a escena en Mérida? Sin duda ser una actriz de primera fila en este país es un calvario. Pero elegiste subir a la cumbre por los atajos más sombríos, que no son tampoco un camino de rosas. Has sido portada de Playboy. Al menos eso era real. ¿O había Photoshop como en tus fotos de Hollywood? Ahora hay voces que claman para que acudas a una nueva edición de 'La isla de los famosos' de Tele 5. Incluso se dice que ya hay importantes cifras de dinero sobre la mesa. Permíteme darte un consejo: no lo cojas. Sé que pasarse la noche estudiando guiones es duro. Hacer giras de teatro es difícil, sí. Pero no te dejes seducir por el rápido y fácil 'lado oscuro' de la fama. Sería tirar a la basura todo tu esfuerzo, toda la belleza de tus ojos como tizones encendidos, de tu perfil de heroina griega. No mates a la inocente Anna Allen primigenia. Ni creas que mostrando carne en esa isla tu carrera se va a relanzar. No nos gustaría que fueras otra muñeca rota en la espantosa galería de 'freaks' televisivos de este país. Refrán: Cría fama y acuéstate a la cama.