Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Abusos e impunidad
Más de mil personas denuncian haber sido víctimas de abusos sexuales por el clero belga en los últimos cuatro años. Dos antiguos alumnos de la escuela Maristas de Sants-Les Corts ratificaron hace unos días las agresiones sexuales a las que presuntamente los sometió su exprofesor. Ya van 17 denuncias. Afloran nuevos testimonios. El Ministerio de Empleo y Seguridad Social suspende de empleo y sueldo a un trabajador del CETI de Melilla por un presunto intento de abusos sexuales y malos tratos a residentes de este centro de internamiento de inmigrantes. Les prometía trato de favor si accedían a sus requerimientos.
¿Dónde nos hemos equivocado? ¿En qué momento de la educación ha habido una fractura tan brutal para que se sigan produciendo estos hechos? No me vale que me digan que se trata de hechos aislados por parte de individuos al margen de la sociedad. Normalmente suelen estar protagonizados por personas con formación, estudios y trabajos fijos. Las víctimas suelen tener secuelas de por vida. Y si no me creen, solo basta con seguir el caso de un profesor de kárate de Tenerife condenado recientemente por violar a un niño de nueve años y distribuir pornografía infantil en internet de menores, incluso bebés. Al muchacho lo amenazó con un palo de madera. Ahora el niño sufre secuelas psiquiátricas permanentes. Y suma y sigue. Las agencias de noticias todos los días inundan las redacciones con este tipo de noticias, de tal manera que ya ni siquiera lo son. En ocasiones hasta yo mismo he sentido una profunda incredulidad ante la gravedad de los hechos. Desgraciadamente, nada más lejos de la realidad. El ser humano es capaz de alcanzar las más sublimes metas pero también de estos abyectos crímenes. ¿Podrá la educación salvarnos de esta plaga? ¿Cómo evitar poner a los lobos a cuidar de los corderos si vemos que en muchas ocasiones los abusadores eran los propios maestros o cuidadores? Refrán: Entre usar y abusar, hay el canto de un real.
martes, 23 de febrero de 2016
Edgar Mitchell, el astronauta místico
Siempre he sentido una gran fascinación por la carrera espacial de finales de los años sesenta. No sé qué sucedió para que una vez pisada la Luna los proyectos de viajes siderales quedaran en el olvido. Me gustaría haber sido testigo de esos momentos y sentir la misma emoción que Jesús Hermida transmitía como cronista. Pero yo nací solo unos días después de aquel 21 de julio de 1969 y en casa mi nacimiento fue (espero) una noticia más importante que el paseo del comandante Neil A. Armstrong . Traigo este tema a colación por el reciente fallecimiento de Edgar Mitchell a los 85 años, otro de los astronautas que se dio un garbeo por nuestro satélite, concretamente el sexto, en la misión Apolo XIV de 1971. Ha dejado este mundo cuando faltaban pocos días para celebrar el 45 aniversario de su alunizaje. Era el último superviviente de la misión. Podría ser uno más de los privilegiados que han estado en la Luna, pero de él me interesa otra dimensión, pues experimentó un profundo cambio, casi místico, cuando contempló la Tierra desde el satélite. Mitchel tenía alma de poeta. Así narraba su visión del globo terráqueo: "Joya centelleante azul y blanca, una luz, una delicada esfera azul con velos blancos en espiral, que se elevaba gradualmente como una pequeña perla en un mar negro de misterio". Amén de ser el piloto del módulo lunar Antares, Mitchel era científico y en sus misiones se recolectaron más de 40 kilos de piedras lunares.
Cuando volvió de la Luna ya nunca fue el mismo. Se interesó por la telepatía y, de hecho, realizó experimentos al respecto a bordo, asuntos que han trascendido poco y que quizá lo apartaron del relumbrón que disfrutaron otros astronautas. Fundó un Instituto de Ciencias Noéticas. Por supuesto, era un firme creyente en la vida extraterrestre. Ahora China ha construido el mayor telescopio del mundo, el FAST, para buscarlos y ha desalojado a 9.000 personas de una zona montañosa del sudoeste del país para que no haya interferencias. A Mitchel no le hizo falta tanta tecnología para convencerse de que no estamos solos. Refrán: Por ir mirando la Luna, me caí en la laguna.
martes, 16 de febrero de 2016
Enamorados, esa 'rara avis'
No he entendido nunca la manía que tienen algunos de complicarse una vida que ya viene compleja de fábrica. Leo con estupor un teletipo fechado en Denia (Alicante) en el que un hombre de 40 años requiere la ayuda de los bomberos tras colocarse cuatro anillos de acero en el pene. Al parecer no podía sacárselos. Para lograrlo hizo falta una sierra de alta precisión tipo Dremel y refrigerar la zona con suero fisiológico por el calor que generaba el rozamiento. Hubo que hacer ocho cortes de alta precisión, dos por anillo. Se realizó en el quirófano del hospital local en presencia de bomberos, un equipo médico y personal de enfermería. Desde luego si el de los anillos quería discreción no lo consiguió. Los bomberos relatan que para ellos es habitual intervenir en este tipo de circunstancias y que no es la primera vez que tienen que aplicarle la radial a un hombre en el pene. Vaya tela a lo que nos lleva la soledad.
No sé qué tipo de recompensa emocional tiene lo de los anillos en el pito. Pero, visto lo visto, no merece la pena. Recuerdo que la hija de unos amigos me consultó una vez si me parecía bien que se anillara el clítoris. Le pregunté qué ventajas tenía eso, pues creo que es una intervención dolorosa. Ella me respondió que con el anillo ahí le prometían multiplicar su placer sexual por ocho. ¡Por ocho! Yo le dije que no se lo pensara ni un segundo y que me fuera pidiendo a mí ya otra cita con el 'anillador'. Ironías aparte, creo que hemos abandonado por completo el gran motor de la sociedad: el amor. Hace poco nos llegó un comunicado de prensa con el siguiente titular: '6 de cada 10 personas han mantenido una relación de pareja con alguien de quien no estaban enamorados'. Respeto el sexo sin amor, pero me siento más a gusto siendo miembro de esa especie en vías de extinción que son los enamorados. Sí, el amor es una 'rara avis', aunque eso del día de san Valentín que se celebró el domingo sea puro marketing. Siempre me gustó ir contracorriente. Eso sí, sin ponerme nada en el cuerpo de lo que me pueda arrepentir después, aunque sean unos anillos. Refrán: Adonde el corazón se inclina, el pie camina.
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