jueves, 9 de febrero de 2017

Medio siglo de Canción del pueblo


Pasado mañana, en el salón de actos de CCOO de Madrid se celebrará un acontecimiento histórico para la canción de autor en nuestro país. Se conmemoran con un concierto los 50 años de la creación de un colectivo que marcó un antes y un después en la música popular española: Canción del pueblo. En 1967, un grupo de los llamados ‘cantantes protesta’ se unía y tomaba conciencia de su poder para dar un espacio en la producción musical a las inquietudes de un pueblo que aún estaba bajo el yugo de la dictadura. Entre ellos estaba Hilario Camacho, Adolfo Celdrán, Julia León, Manuel Toharia (sí, el hombre del tiempo) y Elisa Serna, entre otros. Imitaban a los grandes maestros de la People’s Song que en los años cuarenta había a aglutinado en los EEUU a Pete Seeger o Woody Guthrie. En Cataluña y en Euskadi se habían formado colectivos similares Els Setze jutges y Ez Dok Amairu. Después se crearían en Andalucía.

Eran tiempos utópicos en los que se creía que las cosas se podían cambiar solo con la voz y una guitarra. Nada de grandes artificios técnicos, solo el compositor de sus propias canciones, siempre con un claro matiz reivindicativo o una personal visión del amor. En el concierto de pasado mañana participan tres de sus miembros: Adolfo Celdrán, Julia León y Elisa Serna, presentados, como hace cincuenta años, por el periodista Antonio Gómez. El lema del concierto es: «¡Aquí están los cantautores!: 50 Años Creando cultura de resistencia!». En el recital también intervendrá el extremeño Pablo Guerrero.


Por cierto que hace unos años Luis Pastor escribió un poema llamado ¿Qué fue de los cantautores?, ante esta insistente pregunta que siempre ‘despistados periodistas’ le hacen. Él en el poema respondía: ¡Aquí me tienen, señores! Lo cierto es que el mundo de la canción de autor, tan personalísima en España y sus comunidades, se echa de menos. Con la que está cayendo en el país hace falta un colectivo que le cante las verdades del barquero a nuestros políticos a golpe de guitarra y verso. Refrán: El que paga la música, manda el baile.

martes, 31 de enero de 2017

Todo por una foto ‘real’

Nunca entendí el ansia por la foto ‘real’. Me refiero a la instantánea de los Reyes de España. Y lo traigo a colación por la visita la semana pasada a Don Benito de Felipe VI y Letizia, con motivo de la Agroexpo.

Si la avidez por captar la imagen de un famoso es alta en el común de los mortales, en el caso de la realeza se multiplica por mil. «¡Tengo una foto de los Reyes!», decían con alborozo los visitantes de la feria agrícola. Era como si les hubiera tocado la lotería. Se subieron a tractores, maquinaria de riego, cosechadoras… Cualquier lugar era bueno para captar la imagen deseada. Fue todo espontáneo, dentro de lo poco improvisado que son esos actos. De hecho, los paseantes obtuvieron mejores fotografías que muchos de nosotros, ya que, por el contrario, los profesionales de la información teníamos medido al milímetro los espacios en los que trabajar. Y no solo eso, sino que nos los marcaban con aires marciales el personal de la Casa Real. Aquello parecía una especie de yincana, corriendo de un lado para otro en busca de una imagen que debía valer un potosí.

Los comentarios del público fueron elogiosos: la altura y belleza del monarca, su cercanía, la elegancia de la reina… Y las impresiones más importantes, las de los profesionales, fueron buenas: El Rey se preocupó por la situación del agro y ellos reivindicaron un tren digno en la región. Así tiene que ser. Otra cosa es que las demandas no caigan en saco roto.

Al menos ese contacto real fue una válvula de escape para nuestros problemas. Nos han escuchado y eso, de momento, alivia. A lo mejor, con lo que está cayendo a la Casa Real --caso Urdangarín y vida sentimental del rey emérito aireada en los programas de cotilleo-- tenemos que ser nosotros los que en algún momento escucháramos las cuitas de Felipe VI. Creo que sería una buena terapia para él. Le vendría bien, pues la monarquía vive horas muy bajas. Refrán: Allá van leyes donde quieren reyes.

martes, 24 de enero de 2017

Paletos de ciudad


Este fin de semana, con los ecos de la Fitur aún resonando en mis oídos encontré retiro y descanso en una finca cerca de Monroy gracias a una amable invitación de unos amigos.
Allí, en el nutrido grupo de invitados había una persona formada en astrofísica, así que --siguiendo los consejos de nuestros anfitriones y las recientes indicaciones de la Dirección General de Turismo-- salimos a mirar el cielo al llegar la madrugada.
Yo recordé las ruedas de prensa de estos días pasados sobre Monfragüe como Destino Starlight. Monroy no está muy lejos, por lo que sin duda la bóveda celeste ofrecería también allí su rostro más fiel. Así fue.
Sin más contaminación lumínica que las débiles luces de un Cáceres muy lejano, el espectáculo era impactante. La Vía Láctea en la noche profunda y helada lucía con sus millones de luces interrogantes. Gracias a nuestra cicerone con conocimientos del espacio, nosotros, paletos de ciudad, pudimos situar estrellas, planetas y constelaciones sin ayuda de telescopio. Y no solo era hermoso el cielo. Otro aliciente eran los diferentes ruidos naturales que nos circundaban, procedentes de los animales de la explotación y la fauna salvaje que poblaba la finca. Si sabemos explotar esto --respetuoso con el medio ambiente-- tenemos turismo para rato, pero ojo, hay que saber hacerlo no al buen tuntún.
Al día siguiente salimos a recorrer la finca bajo el sol del invierno. Curiosamente, volvimos a confirmar nuestro cariz de paletos de ciudad. Aunque acompañados por nuestros anfitriones, nos perdimos, y estuvimos en la agreste dehesa sin cobertura móvil, andando a tontas y a locas, entre limusines, liebres y ciervos al paso. No sé cómo volvimos a encontrar el cortijo. Sí, efectivamente éramos todos unos paletos urbanitas. Tenemos que aprender mucho de los cielos y saber orientarnos por ellos. Refrán: Aunque tengas todo lo que desees en la tierra, nunca dejes de mirar al cielo.