El fallecimiento inesperado de Andrés Mateos Parrón el penúltimo día de 2017 ha caído como un jarro de agua fría sobre todos los profesionales que en algún momento hemos tratado con él. Existe un aforismo en las redacciones que reza que los periodistas sólo son noticia cuando mueren. Se ha hecho triste realidad con Mateos, jefe de prensa con el presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra y en la primera etapa del gobierno de Guillermo Fernández Vara. Siempre en segundo plano, él fue ejemplo de virtudes muy necesarias entre los profesionales de la información como son la discreción y la templanza. Todo lo contrario a la actual tendencia a la ‘vedetización’.
También existe otro adagio entre algunos profesionales, que consideran la información de gabinete de prensa como un género menor, separado del fragor y la urgencia de las redacciones de los diarios y acomodaticio con la institución representada. En el caso de Andrés, funcionario y jefe de sección del gabinete de prensa de la Junta, no se cumplía. Tuvo que partir de cero junto a sus compañeros en la puesta en marcha de un gabinete con escasos medios y que en la actualidad es una de nuestras fuentes de información más consultadas.
Recuerdo que en un Salón del Jamón de Jerez de los Caballeros, en 1995, cuando saltó el asunto GAL y se habló de la existencia de un grupo llamado los ‘pata negra’, aproveché para hacerle una pregunta con algo de retranca al presidente Ibarra sobre el tema. Él respondió muy airado que «Jesucristo había sido traicionado por un Judas (se refería al dirigente socialista Damborenea) y que nadie había pedido la dimisión de Jesucristo». Hubo cierto revuelo con el tema y aquello salió en las televisiones nacionales. Ibarra se molestó in situ mucho por la pregunta, acostumbrado en esa época a una prensa muy benévola con él. Andrés Mateos me llevó aparte, me echó la mano al hombro y en vez de echarme la bronca me dijo al oído: «No te preocupes, has hecho tu trabajo». Refrán: Hombre bondadoso, nunca envidioso.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 9 de enero de 2018
martes, 2 de enero de 2018
Las trampas de internet para periodistas
Acabo de leer Tengo a papá, un relato a tres voces de las últimas horas del comandante Che Guevara escrito por J.J. Benítez. Un trabajo de documentación, como siempre, exhaustivo y minucioso, que bebe en varias fuentes informativas para acercarnos un relato lo más fidedigno posible. A través de tres testimonios redactados en primera persona -de un agente de la CIA, otro de la inteligencia boliviana, y de uno de los guerrilleros que acompañaron al Che en su última aventura- Benítez ofrece una visión desmitificadora del revolucionario, a quien se presenta como visionario, alucinado, ególatra y narcisista, al menos en esa última etapa de la lucha guerrillera en Bolivia.
Todo perfecto pero… hay un error grave en las páginas de huecograbado (soy así de antiguo y las llamo así) del libro. Y es una fotografía en la que aparece John Lennon tocando la guitarra con Che Guevara. El pie de foto señala que Lennon había declarado que el guerrillero no tenía oído musical. Curiosamente es de las pocas fotos que no están firmadas en el libro. En realidad, jamás se produjo ese encuentro (que muchos quisieran) entre el músico y el revolucionario. La imagen es un fake, una noticia falsa que hace años se publicó en internet y en la que es fácil caer, quizá por el deseo romántico de que ese encuentro se produjera. La foto se tomó en 1972. Che murió en 1967. El músico de sesión con el que Lennon aparece es Wayne Tex Gabriel, a quien se ha cortado la cabeza y pegado la del guerrillero argentino.
No culpo a J.J. Benítez por el error. Me huele a que esas páginas han sido confeccionadas en la editorial y él no tenga nada que ver. Ni siquiera habla de ese asunto en el texto del libro. Me apena que un trabajo periodístico tan bueno quede ensombrecido por ese desliz. Internet está lleno de trampas, y los periodistas y editores podemos caer con facilidad en estas celadas de la era de la postverdad. Pido que en sucesivas ediciones se elimine la imagen y el pie de foto. Refrán: El revolucionario verdadero está guiado por verdaderos sentimientos de amor (Che).
Todo perfecto pero… hay un error grave en las páginas de huecograbado (soy así de antiguo y las llamo así) del libro. Y es una fotografía en la que aparece John Lennon tocando la guitarra con Che Guevara. El pie de foto señala que Lennon había declarado que el guerrillero no tenía oído musical. Curiosamente es de las pocas fotos que no están firmadas en el libro. En realidad, jamás se produjo ese encuentro (que muchos quisieran) entre el músico y el revolucionario. La imagen es un fake, una noticia falsa que hace años se publicó en internet y en la que es fácil caer, quizá por el deseo romántico de que ese encuentro se produjera. La foto se tomó en 1972. Che murió en 1967. El músico de sesión con el que Lennon aparece es Wayne Tex Gabriel, a quien se ha cortado la cabeza y pegado la del guerrillero argentino.
No culpo a J.J. Benítez por el error. Me huele a que esas páginas han sido confeccionadas en la editorial y él no tenga nada que ver. Ni siquiera habla de ese asunto en el texto del libro. Me apena que un trabajo periodístico tan bueno quede ensombrecido por ese desliz. Internet está lleno de trampas, y los periodistas y editores podemos caer con facilidad en estas celadas de la era de la postverdad. Pido que en sucesivas ediciones se elimine la imagen y el pie de foto. Refrán: El revolucionario verdadero está guiado por verdaderos sentimientos de amor (Che).
miércoles, 27 de diciembre de 2017
El belén, tradición en peligro
La jornada de ayer tiene siempre para mí un especial significado. Como andaluz en la diáspora regreso a Sevilla para pasar la Nochebuena con mis seres queridos. Momento de reencuentros y de felicitaciones que siempre contrasta con el recuerdo de los que ya no están en la mesa junto a nosotros. Las sillas vacías en esas fechas son siempre motivo de desgarro interior. Entre las luces, las felicitaciones, los obsequios y todo lo superfluo las ausencias son como esos pellizcos emocionales que empañan lo que deberían ser momentos de felicidad completa.
En Sevilla, en casa de mis padres ponemos un belén en un largo aparador del vetusto salón. A lo largo de décadas no ha habido grandes novedades en su estructura. Alguna figura que incorporó mi tío, algún pastor de mi hermana y la disposición de las montañas que hizo con cartón, quizá una oveja que repuso mi madre, la fuente de agua eterna a la que el motor a veces se le estropea y que fue la atracción hace unos lustros…
Y como el río de Heráclito el escenario es siempre el mismo, pero siempre diferente. Ese portal es como el crisol de esperanzas de una familia y tiene jirones de la vida de todos sus miembros. Por eso, como si de un árbol-madre se tratara merece mi máximo respeto y veneración aunque no se trate de nada sacro en el sentido estricto de la palabra. Para mí y los míos es importante. En Sevilla los belenes son una tradición que se pasa de padres a hijos y que tiene una gran relevancia. Hay belenes en todas las iglesias, pero también en instituciones, empresas privadas, e incluso los periódicos tienen el suyo propio. Es habitual recorrerlos estos días, en gozosa peregrinación.
Por eso me duele y me parecen absurdos los ataques a esta tradición que supera los límites de lo religioso para convertirse en un sello de la identidad personal y familiar. Parece que la familia es el objetivo de las insidias de muchos colectivos sociales. Será porque funciona. Refrán: La familia te lleva a la peña, pero no te despeña..
En Sevilla, en casa de mis padres ponemos un belén en un largo aparador del vetusto salón. A lo largo de décadas no ha habido grandes novedades en su estructura. Alguna figura que incorporó mi tío, algún pastor de mi hermana y la disposición de las montañas que hizo con cartón, quizá una oveja que repuso mi madre, la fuente de agua eterna a la que el motor a veces se le estropea y que fue la atracción hace unos lustros…
Y como el río de Heráclito el escenario es siempre el mismo, pero siempre diferente. Ese portal es como el crisol de esperanzas de una familia y tiene jirones de la vida de todos sus miembros. Por eso, como si de un árbol-madre se tratara merece mi máximo respeto y veneración aunque no se trate de nada sacro en el sentido estricto de la palabra. Para mí y los míos es importante. En Sevilla los belenes son una tradición que se pasa de padres a hijos y que tiene una gran relevancia. Hay belenes en todas las iglesias, pero también en instituciones, empresas privadas, e incluso los periódicos tienen el suyo propio. Es habitual recorrerlos estos días, en gozosa peregrinación.
Por eso me duele y me parecen absurdos los ataques a esta tradición que supera los límites de lo religioso para convertirse en un sello de la identidad personal y familiar. Parece que la familia es el objetivo de las insidias de muchos colectivos sociales. Será porque funciona. Refrán: La familia te lleva a la peña, pero no te despeña..
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