Entrevisté a José María Íñigo en el 2005 durante una Ifenor en Plasencia. Él pronunció una conferencia muy elogiosa sobre las bonanzas turísticas de la ‘perla del Jerte’ y le pregunté si en todos los sitios donde le llamaban para hablar (pagando por supuesto) hacía los mismos elogios. Él, que ya era un simpático cascarrabias, me contestó muy airado que no, que esos piropos que lanzaba eran de corazón y no correspondían a ninguna contraprestación económica.
Gracias a esta bendita profesión he podido conocer a ídolos de mi infancia y él era uno de ellos. Sin duda, José María Íñigo comprendió como nadie la importancia de saber idiomas y que lo que se cocía musicalmente en Londres era lo que más tarde iba a sonar en España.
A Íñigo también lo vi muchas veces en la Feria Internacional del Turismo, en Madrid. Durante un tiempo en el que no estaba en primera línea del foco mediático el comunicador y periodista comprendió el auge que experimentaban nuevas formas de ocio, como viajar a otros países. Como director de la revista Viajes y vacaciones visitaba el estand de Extremadura en Fitur y la foto con el consejero de turno en aquellos años era obligada.
Pero no se queda ahí mi ‘relación’ con Íñigo. De pequeño lo recuerdo en el circo. Sí, hace cuarenta años las estrellas de la televisión, de la única que había, hacían giras por los circos. Él junto a Miguel de la Cuadra Salcedo domaba elefantes en el espectáculo de Ángel Cristo. Ahora eso nos puede parecer una boutade, pero entonces era lo más normal del mundo.
Últimamente, lo escuchaba mucho en el programa de RNE No es un día cualquiera con Pepa Fernández. Poner la radio este sábado y enterarme de su fallecimiento ha sido conmovedor. No voy a abundar sobre sus virtudes como comunicador, que ya conocemos todos, sólo puedo decir que su voz y su trabajo incansable hasta el último día de su vida nos acompañarán siempre. Refrán: A la muerte ni temerla ni buscarla, hay que esperarla.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 8 de mayo de 2018
martes, 24 de abril de 2018
El milagro del indulto a ‘Orgullito’
Pocas veces sucede el milagro, pero pasa. Muy de tarde en tarde --y cada vez menos-- un toro es indultado en la plaza. Sucedió en la pasada Feria de Abril de Sevilla con ‘Orgullito’, de Garcigrande, al que El Juli lidió con maestría en la Maestranza. Con la fiesta nacional mantengo una relación de amor-odio. Pero en los indultos a los morlacos es cuando afloran mis sentimientos más comprensivos con la liturgia de la muerte al astado, precisamente por eso, porque no hay muerte, sino una protección de su vida a ultranza.
Justo Hernández, ganadero propietario de ‘Orgullito’, asegura que los toros indultados cuando vuelven al campo tienen una actitud especialmente arrogante «porque ellos mismos se saben héroes». No me extraña.
‘Orgullito’ tiene fiebre y puyazos profundos, pero todo apunta a que saldrá de ésta. Dicen que los toros indultados pueden llegar a vivir diez años convertidos ya en sementales. Cada temporada se suele indultar una veintena de ejemplares, aunque la cifra se va reduciendo lentamente. Los entendidos hablan mucho de la falta ‘de trapío’, de que la fiesta se está perdiendo por falta de toros realmente bravos.
El toro indultado es el animal que en el imaginario de lo que debe ser un toro-toro cumple todas las exigencias, especialmente en lo que se refiere a la entrega en la lidia. ‘Orgullito’ destacó por «su manera de empujar la muleta», asegura su propietario.
La verdad es que cuando veo en la plaza animal tan noble, hermoso y fuerte, no quiero que muera. Nadie en este encuentro hombre-toro debería hacerlo nunca. Por eso un indulto es una gran noticia, que ojalá se repitiera tanto que dejara de serlo.
Me gustaría que todos los toros de lidia fueran indultados y que la fiesta acabara con alegría para todos sus intervinientes. Pero los que ‘saben de toros’ aseguran que eso es imposible. Una pena. Refrán: Herido está de muerte, quien con sangre se divierte.
Justo Hernández, ganadero propietario de ‘Orgullito’, asegura que los toros indultados cuando vuelven al campo tienen una actitud especialmente arrogante «porque ellos mismos se saben héroes». No me extraña.
‘Orgullito’ tiene fiebre y puyazos profundos, pero todo apunta a que saldrá de ésta. Dicen que los toros indultados pueden llegar a vivir diez años convertidos ya en sementales. Cada temporada se suele indultar una veintena de ejemplares, aunque la cifra se va reduciendo lentamente. Los entendidos hablan mucho de la falta ‘de trapío’, de que la fiesta se está perdiendo por falta de toros realmente bravos.
El toro indultado es el animal que en el imaginario de lo que debe ser un toro-toro cumple todas las exigencias, especialmente en lo que se refiere a la entrega en la lidia. ‘Orgullito’ destacó por «su manera de empujar la muleta», asegura su propietario.
La verdad es que cuando veo en la plaza animal tan noble, hermoso y fuerte, no quiero que muera. Nadie en este encuentro hombre-toro debería hacerlo nunca. Por eso un indulto es una gran noticia, que ojalá se repitiera tanto que dejara de serlo.
Me gustaría que todos los toros de lidia fueran indultados y que la fiesta acabara con alegría para todos sus intervinientes. Pero los que ‘saben de toros’ aseguran que eso es imposible. Una pena. Refrán: Herido está de muerte, quien con sangre se divierte.
martes, 17 de abril de 2018
Bendita locura la de ‘Noni’
Bendita locura la de los empresarios que un día prefirieron crear riqueza donde antes no había nada. Bendita locura porque decidieron que fuera en Extremadura y no escucharon cantos de sirenas. Locos maravillosos que no se dieron por vencidos cuando les surgieron todas las trabas imaginables. Subidos en su colina vieron con nitidez que para ganar había que arriesgar. Y eso que podían perder.
Bendita locura la de los autónomos que levantan cada día el cierre de sus negocios o se echan a las carreteras en busca de sus clientes. Quijotes de la vida que no le tienen miedo al ‘no’ y que ven siempre oportunidades para vender sus productos y servicios. Maravilla de desquiciados que cuando llega una inspección de Hacienda o una auditoría lo tienen todo en regla, tras noches de insomnio y trabajo. Insensatos que, además de crear de trabajo, se preocupan de que las condiciones de sus empleados sean las mejores. No importa que ya falleciera aquel bizarro fantasma que a lomos de Rocinante cabalgaba en el desierto.
Amigos míos: Los locos le están ganando la batalla a los cuerdos, a los que solo buscan el calorcillo del subsidio y los panes prestados. El cerebro, el culpable de los miedos, del ‘no me arriesgo’, manda en los prudentes, en casi todos. Pero algunos pocos se lían la manta a la cabeza y deciden hipotecar su vida por un sueño.
Estas reflexiones las hago tras escuchar el discurso que Darío Martínez de Azcona, le dedicó a su padre, Antonio Martínez Buzo, ‘Noni’, en la entrega de Premios Turismo de El Periódico Extremadura. El hijo le llamaba ‘loco’ reiteradamente por haber puesto en marcha una red de hoteles. Él, que tenía una farmacia y podría haber vivido sin quebraderos de cabeza, decidió que había que darles a nuestros visitantes alojamientos dignos. Convirtió espacios en ruinas en soberbios alcázares del descanso. Obra, sin duda, de un tarado. Bendita locura la de ‘Noni’. Refrán: Ya no hay locos. Todo el mundo está cuerdo, terrible, horriblemente cuerdo. (León Felipe).
Bendita locura la de los autónomos que levantan cada día el cierre de sus negocios o se echan a las carreteras en busca de sus clientes. Quijotes de la vida que no le tienen miedo al ‘no’ y que ven siempre oportunidades para vender sus productos y servicios. Maravilla de desquiciados que cuando llega una inspección de Hacienda o una auditoría lo tienen todo en regla, tras noches de insomnio y trabajo. Insensatos que, además de crear de trabajo, se preocupan de que las condiciones de sus empleados sean las mejores. No importa que ya falleciera aquel bizarro fantasma que a lomos de Rocinante cabalgaba en el desierto.
Amigos míos: Los locos le están ganando la batalla a los cuerdos, a los que solo buscan el calorcillo del subsidio y los panes prestados. El cerebro, el culpable de los miedos, del ‘no me arriesgo’, manda en los prudentes, en casi todos. Pero algunos pocos se lían la manta a la cabeza y deciden hipotecar su vida por un sueño.
Estas reflexiones las hago tras escuchar el discurso que Darío Martínez de Azcona, le dedicó a su padre, Antonio Martínez Buzo, ‘Noni’, en la entrega de Premios Turismo de El Periódico Extremadura. El hijo le llamaba ‘loco’ reiteradamente por haber puesto en marcha una red de hoteles. Él, que tenía una farmacia y podría haber vivido sin quebraderos de cabeza, decidió que había que darles a nuestros visitantes alojamientos dignos. Convirtió espacios en ruinas en soberbios alcázares del descanso. Obra, sin duda, de un tarado. Bendita locura la de ‘Noni’. Refrán: Ya no hay locos. Todo el mundo está cuerdo, terrible, horriblemente cuerdo. (León Felipe).
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