Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
viernes, 13 de julio de 2018
martes, 3 de julio de 2018
El dinero del fútbol
Tras la derrota el domingo de la Selección Española en el Mundial de Rusia invaden a la ciudadanía sentimientos de rabia, búsqueda inmediata de culpables, frustración… Comienza la caza de brujas entre entrenador, cuerpo técnico y jugadores por una participación mediocre, precedida del escándalo y con una calidad de juego discutible. Sin embargo, no nos paramos a pensar sobre otros aspectos de esta realidad que deberían indignarnos aún más.
El primero es el dinero que mueve el fútbol. Es cierto que el pago a los servicios debe ir en función del talento y la responsabilidad. Por eso creo que los contratos millonarios deberían tenerlos los investigadores, los médicos y personas que se dejan la vida por mejorar nuestras vidas en laboratorios, buscando vacunas o soluciones médicas, sin el reconocimiento de la masa. Ésta parece más preocupada de Messi y Cristiano Ronaldo que por quienes investigan sobre el cáncer o las enfermedades raras. Algunos jugadores ganan 35 millones de euros al año. Es una cifra que me parece inmoral a estas alturas de partido. El caso es que el fútbol genera esos beneficios. Los contratos por los derechos de retransmisión de partidos de liga o del propio campeonato del mundo marearían a cualquiera. Muchos clubes forman a jugadores en sus canteras para después traspasarlos también ganando dinero a mansalva. Hay jugadores que ganan tanto que cuando defraudan a Hacienda se trata de cantidades astronómicas. Ellos en los juicios se limitan a contestar aquello de «No sé, eso lo lleva mi padre o mi mánager. Yo solo me dedico a jugar».
Mientras tanto, en el público, en los hinchas y en los seguidores se sigue cumpliendo aquello del ‘pan y circo’ de los romanos. Nos dan un entretenimiento que al sistema le reporta grandes beneficios, a nosotros nos atontolina y, mientras, unos pocos se lo llevan calentito. Y los equipos modestos siguen sin levantar cabeza. A ver si el Extremadura este año nos da la sorpresa. Refrán: De fútbol y medicina todo el mundo opina.
El primero es el dinero que mueve el fútbol. Es cierto que el pago a los servicios debe ir en función del talento y la responsabilidad. Por eso creo que los contratos millonarios deberían tenerlos los investigadores, los médicos y personas que se dejan la vida por mejorar nuestras vidas en laboratorios, buscando vacunas o soluciones médicas, sin el reconocimiento de la masa. Ésta parece más preocupada de Messi y Cristiano Ronaldo que por quienes investigan sobre el cáncer o las enfermedades raras. Algunos jugadores ganan 35 millones de euros al año. Es una cifra que me parece inmoral a estas alturas de partido. El caso es que el fútbol genera esos beneficios. Los contratos por los derechos de retransmisión de partidos de liga o del propio campeonato del mundo marearían a cualquiera. Muchos clubes forman a jugadores en sus canteras para después traspasarlos también ganando dinero a mansalva. Hay jugadores que ganan tanto que cuando defraudan a Hacienda se trata de cantidades astronómicas. Ellos en los juicios se limitan a contestar aquello de «No sé, eso lo lleva mi padre o mi mánager. Yo solo me dedico a jugar».
Mientras tanto, en el público, en los hinchas y en los seguidores se sigue cumpliendo aquello del ‘pan y circo’ de los romanos. Nos dan un entretenimiento que al sistema le reporta grandes beneficios, a nosotros nos atontolina y, mientras, unos pocos se lo llevan calentito. Y los equipos modestos siguen sin levantar cabeza. A ver si el Extremadura este año nos da la sorpresa. Refrán: De fútbol y medicina todo el mundo opina.
martes, 26 de junio de 2018
Adiós a Koko, la gorila que hablaba
En La Isla del doctor Moreau (1896), obra maestra de H.G.
Wells, se abordan los peligros de jugar con la genética y de las delgadas
distancias que separan los animales de los seres humanos.
En la época en la que se escribió este libro en la mesa del
debate estaba la vivisección de los animales, práctica que ahora se nos antoja
una locura, pero que entonces era común para el estudio de las especies. Por
entonces, algunos científicos se creían tocados por la divinidad y hacían
auténticas salvajadas para alterar la personalidad y el carácter de sus
‘víctimas’, por muy animales que sean. Por cierto, que el doctor Moreau acaba
siendo asesinado por sus bestias a pesar de haberlas ‘humanizado’. El instinto
animal se acabó imponiendo en el texto de ciencia ficción.
Me viene a la cabeza esta novela por el triste fallecimiento
de Koko, la única gorila que se comunicaba con los humanos a través del
lenguaje de signos, en su refugio de las montañas de Santa Cruz, en California
(EEUU). La propia Fundación Gorila ha publicado un comunicado de condolencias
en el que recuerda que Koko quedará en la memoria de todos como ejemplo de
comunicación y empatía entre especies.
Desde muy pequeña Koko se comunicó con los hombres con el
lenguaje de signos, concretamente con la investigadora Francine ‘Penny’
Patterson y la experta en lenguaje de señas June Monroe. La imagen de Koko
mirándose al espejo en la portada del National Geografic en 1978 dio la vuelta
al mundo. Y repitió primera página cuando pidió –por signos- un gato como regalo
de cumpleaños.
No sé qué pasaría si pudiéramos entender lo que nos dicen
los animales. Los toros que estos días han participado en los Sanjuanes ¿qué
nos dirían? ¿Y los de San Fermín? ¿Quiénes demuestran un comportamiento más
animal, más de manada, en ocasiones? Lo dejo ahí. Espero que pronto muchos más
animales hablen como Koko. Refrán: A mono viejo no se le hace monisqueta.
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