La inauguración del Centro Comercial Ruta de la Plata fue uno de mis primeros trabajos periodísticos en El Periódico Extremadura. Recuerdo una excelente fotografía de nuestros reporteros gráficos que reflejaba la ‘locura’ que desataba esa gran superficie entre los cacereños, quienes entraban como locos corriendo en pos del supermercado Eroski.
Entonces a Eroski le llamaban la ‘locomotora comercial’ del centro. Ahora que ese tren parece que va camino de vía muerta, viene a mi mente su primer gerente. Se llamaba Chus Condón. Su secretaria antes de que yo entrara a su despacho a entrevistarle me pidió por favor que no le preguntara su apellido. Un tipo singular, sin duda, este Condón, que se especializó en el reparto de folletos de ofertas. Normal, con esa filiación. A Chus, calvo y de mirada algo inquietante, le sucedió Pedro Calderón. Junto a Antonio de Salesanz, un experto en márketing llegado de Jerez de los Caballeros, se propusieron convertir a Eroski en la piedra angular de la ciudad. Y, en cierto modo, lo consiguieron. Calderón era un señor regordete y excesivo que parecía salido de una película española sobre el pelotazo urbanístico. Las cuñas en radio eran constantes y machaconas: «Eroski, Eroski, Eroski… ¡El rrrrrrrompepreciosssss!». Un día en plena fiebre’ eroskiana’ fui a entrevistar a Pedro Calderón y me dijo que «Eroski ya era más famoso en Cáceres que la Virgen de la Montaña». La frase, puro márketing, era un trasunto de la famosa de John Lennon: «Ahora Los Beatles somos más famosos que Jesucristo».
Me apena mucho que desaparezca Eroski de la ciudad, pues durante años ha sido el paisaje habitual de muchos cacereños de la provincia los fines de semana. Es muy triste que la desidia y el abandono hayan relegado al olvido a Eroski. Y lo peor son los puestos de trabajo que se pierden, síntoma de que algo va muy mal en esa ciudad. Refrán: La conciencia es un estorbo en el comercio.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 2 de octubre de 2018
martes, 25 de septiembre de 2018
Elisa Serna se nos fue tras levantar la voz
En esta España en la que parece que solo importan los ‘copieteos’ de tesis y los títulos dados a dedo, el fallecimiento de Elisa Serna ha pasado de puntillas por los medios de comunicación. De haber nacido en Francia, habría habido un día de luto nacional, pero aquí, enfrascados en nuestras luchas cainitas nos importa un comino que se haya muerto la primera mujer que reivindicó el feminismo y que pasó por la cárcel simplemente por cantar. Por cierto, murió de un infarto tras haber pisado un escenario días antes.
Formada musicalmente en la admiración a Agapito Marazuela y Paco Ibáñez, Elisa Gil (como realmente se llamaba) fue una gran luchadora contra la injusticia, además de antifascista, republicana convencida y con un universo poético musical como nadie tuvo en este país, ahora sumido en la cutrez. De un vigor en el escenario inusitado, son muy conocidas sus interpretaciones de A desalambrar, de Daniel Viglietti o de ¡A galopar!, de Paco Ibáñez. Fábricas y universidades fueron sus principales escenarios, conocedora de la importancia que tiene llegar a todos los niveles sociales. Ello le granjeó no pocos enemigos en la Brigada Político Social de Franco. Pasó por la cárcel de Alcalá de Henares por negarse a cumplir con las exigencias de la censura y pagó importantes multas. Junto a Hilario Camacho, Adolfo Celdrán y Manuel Toharia (sí, el meteorólogo fue músico en su juventud) fundó el grupo Canción del Pueblo, clave para entender la música de autor en España en los setenta.
En el homenaje tras la muerte de Hilario Camacho, que fue su pareja un tiempo, interpretó una emocionante nana acompañada simplemente por una silla. No le hacían falta guitarras ni grandes equipos de sonido. De belleza arrebatadora y de técnica depurada, cuando escucho sus discos y veo a los chicos y chicas de la Academia de Operación Triunfo me pregunto qué nos hemos dejado en el camino y pienso en lo mal que va este país. Refrán: Oídos que bien oyen, consejos encierran.
Formada musicalmente en la admiración a Agapito Marazuela y Paco Ibáñez, Elisa Gil (como realmente se llamaba) fue una gran luchadora contra la injusticia, además de antifascista, republicana convencida y con un universo poético musical como nadie tuvo en este país, ahora sumido en la cutrez. De un vigor en el escenario inusitado, son muy conocidas sus interpretaciones de A desalambrar, de Daniel Viglietti o de ¡A galopar!, de Paco Ibáñez. Fábricas y universidades fueron sus principales escenarios, conocedora de la importancia que tiene llegar a todos los niveles sociales. Ello le granjeó no pocos enemigos en la Brigada Político Social de Franco. Pasó por la cárcel de Alcalá de Henares por negarse a cumplir con las exigencias de la censura y pagó importantes multas. Junto a Hilario Camacho, Adolfo Celdrán y Manuel Toharia (sí, el meteorólogo fue músico en su juventud) fundó el grupo Canción del Pueblo, clave para entender la música de autor en España en los setenta.
En el homenaje tras la muerte de Hilario Camacho, que fue su pareja un tiempo, interpretó una emocionante nana acompañada simplemente por una silla. No le hacían falta guitarras ni grandes equipos de sonido. De belleza arrebatadora y de técnica depurada, cuando escucho sus discos y veo a los chicos y chicas de la Academia de Operación Triunfo me pregunto qué nos hemos dejado en el camino y pienso en lo mal que va este país. Refrán: Oídos que bien oyen, consejos encierran.
martes, 18 de septiembre de 2018
Tiempo de escopeta y perro
Ahora que se acerca la época de caza y que los aficionados desempolvan escopetas y cartuchos recuerdo a mi padre volviendo del campo, con la ropa de camuflaje, la canana vacía y el cinto lleno de pajarillos (cuando aún se podían cazarlos) y algún conejo. Estábamos en una fonda de cazadores en El Pedroso, pueblo de la Sierra Norte sevillana, cercano a Azuaga.
Mi pasión por la caza se quedó interrumpida ahí, en la infancia. Me gustaba ir al campo con él, visitando hitos en el camino, como la alberca o algunos restos de cuevas donde se decía que habían vivido maquis. A mí lo que me llamaba la atención era la naturaleza, sentarse bajo la sombra de los eucaliptos, saludar a otros cazadores y pastores. Pero lo de los tiros con aquella escopeta de cartuchos del calibre 28, los más pequeños, siempre lo vi como algo que no iba conmigo. Ni siquiera cuando le acompañé con la ‘pajarera’ (de balines Gamo) disfrutaba. Lo mío era ‘cabrear’ por el campo.
A mí me gustaría, aunque sé que es imposible, una caza sin muerte, sin depredación. Con la actividad cinegética me pasa lo mismo que con los toros, que no encuentro una solución satisfactoria al dilema que plantea. Yo me quedo con los paseos por el campo, con el contacto entre padres e hijos transmitiendo conocimientos sobre naturaleza.
Me dejó impresionado en la última Feciex, el testimonio de Joâo, un niño luso, que practicaba la caza con cimbel, un difícil arte con señuelo vivo, en el que era un maestro. Cuando recogió el premio que le otorgó Juvenex, explicó con una madurez impropia de su edad que en el campo era donde estaba su hogar y era feliz. Esperemos que los cazadores sepan transmitir en las redes sociales sus positivas emociones en el campo y no la ‘montonera’ de animales muertos. Ese selfi final estropea todo lo hermoso que ha venido antes: el paseo por el campo, el lance, la destreza del cazador… Ojalá logremos una caza más sostenible y ultrarespetuosa con la fauna. Refrán: Si cazares no te alabes; si no cazares, no te enfades.
Mi pasión por la caza se quedó interrumpida ahí, en la infancia. Me gustaba ir al campo con él, visitando hitos en el camino, como la alberca o algunos restos de cuevas donde se decía que habían vivido maquis. A mí lo que me llamaba la atención era la naturaleza, sentarse bajo la sombra de los eucaliptos, saludar a otros cazadores y pastores. Pero lo de los tiros con aquella escopeta de cartuchos del calibre 28, los más pequeños, siempre lo vi como algo que no iba conmigo. Ni siquiera cuando le acompañé con la ‘pajarera’ (de balines Gamo) disfrutaba. Lo mío era ‘cabrear’ por el campo.
A mí me gustaría, aunque sé que es imposible, una caza sin muerte, sin depredación. Con la actividad cinegética me pasa lo mismo que con los toros, que no encuentro una solución satisfactoria al dilema que plantea. Yo me quedo con los paseos por el campo, con el contacto entre padres e hijos transmitiendo conocimientos sobre naturaleza.
Me dejó impresionado en la última Feciex, el testimonio de Joâo, un niño luso, que practicaba la caza con cimbel, un difícil arte con señuelo vivo, en el que era un maestro. Cuando recogió el premio que le otorgó Juvenex, explicó con una madurez impropia de su edad que en el campo era donde estaba su hogar y era feliz. Esperemos que los cazadores sepan transmitir en las redes sociales sus positivas emociones en el campo y no la ‘montonera’ de animales muertos. Ese selfi final estropea todo lo hermoso que ha venido antes: el paseo por el campo, el lance, la destreza del cazador… Ojalá logremos una caza más sostenible y ultrarespetuosa con la fauna. Refrán: Si cazares no te alabes; si no cazares, no te enfades.
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