martes, 11 de junio de 2019

La gran noticia de ‘Extremadura’, vigente

El auto del Tribunal Supremo sobre la paralización de la exhumación de Francisco Franco ha dejado a todo el mundo atónito, al dar por bueno que el dictador llegó al poder a los tres meses de estallar la guerra civil. Al margen de disquisiciones sobre cuándo tienen validez jurídica los actos de un ejército rebelde, que hay recordar que esas fechas tienen su explicación en un hecho histórico no muy conocido y que tiene como protagonista a este periódico y a su por entonces redactor jefe, Juan Milán Cebrián.
El 28 de septiembre de 1936 el diario ‘Extremadura’ publicó en primicia la proclamación del general rebelde Francisco Franco como «único caudillo de España, jefe del Estado y Generalísimo de los tres Ejércitos de Tierra, Mar y Aire». La noticia, que marcó el devenir de la guerra civil y del régimen totalitario que rigió España durante los cuarenta años posteriores, colocó a Extremadura y a este humilde diario en el mapa internacional.
El 27 de 1936 era domingo y su cumpleaños. Pero Juan Milán Cebrián corría una y otra vez desde el palacio de La Generala al de los Golfines de Arriba en busca de novedades sobre la toma del alcázar de Toledo. La noticia de la victoria se extendió por toda la ciudad y los cacereños se congregaron en las inmediaciones de los Golfines de Arriba y la plaza Mayor en una manifestación que fue, de facto, la proclamación por aclamación, de Francisco Franco como jefe de Estado. Así lo anuncian Yagüe y Millán Astray desde el balcón del palacio. La oficial, la formal, fue en Burgos al día siguiente, y consta en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional (decreto 138). Por eso el Tribunal Supremo entiende que el Franco fue jefe de Estado a partir del 1 de octubre de 1936, al día siguiente de su publicación.

Lo cierto es que este periódico dio ya en 1936 un ejemplo de periodismo moderno. A unos años de ser centenario, sus redactores prometen seguir cumpliendo –ahora con renovadas fuerzas y con la misma abnegación-- sus deberes con los lectores cada día. Refrán: El arte de vencer se aprende en la derrota (Simón Bolivar).

martes, 4 de junio de 2019

Medio siglo de una encamada por la Paz

La semana pasada se cumplió el primer medio siglo de una encamada histórica. Desgraciadamente, los motivos que la originaron siguen vigentes. Desde entonces el ser humano no ha aprendido nada, o muy poco. Me refiero a aquel mítico Give Peace a Chance de John Lennon y Yoko Ono en un hotel de Montreal (Canadá) que sirvió para grabar una canción homónima e himno pacifista por antonomasia.
Creo que merece la pena recordar las circunstancias que rodearon a la grabación de este tema en el hotel Queen Elizabeth. John Lennon y Yoko Ono protagonizaban ruedas de prensa que eran auténticas performances. En Ámsterdam ya habían convocado a los periodistas para hablar del «amor en la cama». Fue en el Hilton y los que creían que iban a asistir a un hecho obsceno se encontraron a una pareja que hablaba de lo hermoso que era el amor y lo hacía tumbada en una cama. Nada más. Pero la de Canadá fue una acción más ambiciosa, días después.
En una modesta suite llena de hare krishna, curiosos y periodistas, se grabó con medios rudimentarios una canción de denuncia contra el imperialismo, contra los poderosos, contracultural y, sobre todo, pacifista. Las condiciones fueron tan precarias que hubo que añadir coros en la mezcla definitiva que salió en disco. El movimiento por la paz mundial tenía por fin su himno. Lennon y Yoko aparecen en unas fotos de leyenda, en la cama, con unos pijamas blancos. Es curioso que una canción con solo dos acordes haya tenido tanto recorrido.
En la actualidad, el hotel Queen Elizabeth ofrece la mítica suite 1742 por unos 2.000 euros la noche, y una réplica del manuscrito original.
El mundo 50 años después sigue girando, y la canción sigue inspirándonos a todos. Lástima que nos sigan separando la avaricia, la soberbia, la política y la mentira a los seres humanos. Refrán: Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz (John Lennon).

martes, 28 de mayo de 2019

Ceremonias de graduación, una horterada

A veces me siento la única persona del mundo a la que le parecen una horterada las ceremonias de graduación, tan en boga ahora. Recuerdo que en mis tiempos -que creo que no son tan lejanos- cuando superábamos un ciclo formativo o nos daban un título simplemente recogíamos las notas y a lo sumo nos tomábamos unas cañas en la cafetería.

Pero ahora nos ha invadido la Prom Night, sin duda influidos por el cine norteamericano. Sí, es esa fiesta a la que hay que ir siempre con pareja y en ella se decide toda tu vida (con quien te vas a casar, la universidad donde estudiarás, tus amigos...). Según el séptimo arte yanqui esa noche bendita tienes que alquilar un horrible esmoquin, una camisa de chorreras e ir a recoger a tu pareja a su casa con un ramo de flores.

En España todavía no estamos llegando a esos niveles de mal gusto pero estamos ya trabajando en ello. Las fiestas de graduación son simplemente una excusa más para sablear los bolsillos de los abnegados padres y una razón más para la ingesta masiva de alcohol en los abrevaderos habituales.

Los niveles llevan incluso a alquilar el Palacio de Concresos. En sus puertas veo desfilar a jóvenes y padres ataviados con las famosas bandas cruzadas de colores que lucen en los trajes largos. También veo a gaznápiros con pajarita, en muchos casos repetidores contumaces que han logrado superar el ciclo formativo de marras más por cagalástimas que por otra cosa. Y lo que más me sorprende es que luzcan el birrete universitario quienes no lo son siquiera.

En mi caso, superar cualquier escollo docente no era premiado ni reconocido, simplemente era mi deber. No se premiaba con coches o con un implante de pechos. Y es que eso de regalar y agasajar por cumplir con tus obligaciones como hijo o como estudiante lleva con el tiempo a minusvalorar el esfuerzo y a banalizar la realidad. Refrán: Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás (Voltaire)