Hace unos días, mientras disfrutaba de las vacaciones, escuché una conversación que me dejó perplejo. Una muchacha que nos acompañaba en una excursión aseguraba estar on fire porque su último selfi acaparaba ya los 300 likes en solo un día. De entrada, los anglicismos y los latiguillos en espanglish me repelen. Pero lo que más me preocupaba es esa dependencia casi enfermiza de la aprobación de los semejantes. Y el problema no es la tendencia a la ‘vedetización’ o al narcisismo, sino la imposibilidad de ser feliz sin consultar móviles, tabletas u ordenadores. Todo ello ha desembocado en una nueva patología psicológica: la nomofobia. Estamos siendo bombardeados por armas de adicción masiva.
Es verdad, si alguna vez salgo de casa sin el teléfono me siento desnudo, desamparado y desasistido. Incluso he llegado a darme la vuelta a por el terminal aunque no estuviera esperando una llamada urgente. La adicción al móvil se extiende. Hemos perdido el gusto por la tertulia, por mirarse cara a cara, por la conversación enriquecedora y pausada. Cuando tenemos más posibilidades para comunicarnos es cuando más incomunicados estamos.
Algunos expertos explican que la dependencia de un entorno virtual irrumpe cuando el real, generalmente el afectivo o el familiar, es deficitario. La adicción a la pantalla es tal que muchos han perdido su trabajo. El abuso es nefasto, aunque peor es el mal uso por parte de los adolescentes y niños, que tienen en los móviles unas puertas abiertas a todo lo bueno y todo lo malo del mundo. Muchos patrones del heteropatriarcado se difunden como la pólvora en sus redes sociales, cuando no la violencia o el maltrato. El móvil se ha convertido en el ‘opio del pueblo’ en su más puro sentido marxista. Narcotizados por los colores de la pantalla táctil nos sumimos en ella y buscamos el escorzo más arriesgado. Nos subimos a la cima del campanario y dejamos nuestra vida a merced de un ‘me gusta’ definitivo que puede llevarnos a la tumba. Refrán: Dos ladrones tienes en casa tú, el teléfono y la luz.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 10 de septiembre de 2019
martes, 3 de septiembre de 2019
Aviador Dro, el punk a rajatabla
Otras de mis lecturas veraniegas, que recomiendo, ha sido Aviador Dro. Anarquía Científica. Es la historia, narrada de forma coral pero al detalle, de los 40 años en los escenarios del que es actualmente el único grupo de la movida madrileña que aún se mantiene en activo, aunque algo diezmados, eso sí, están ya sus Obreros Especializados. Aviador Dro es una formación de tecno que siguió los mandamientos del punk a rajatabla: provocación e independencia. Todo se lo guisaban y comían ellos mismos.
Rechazaban el pasado y miraban al futuro con ojos muy diferentes a los de la progresía reinante entonces. Su primer gran éxito fue: ¡Nuclear sí! Lo nuclear despertaba sus más profundos anhelos de que el ser humano mutara para crear un mundo frío, eficiente y automatizado. Ese postureo de superhéroe de la Marvel continúa en la actualidad. Siguen dando conciertos a los que asisten fans incondicionales.
Todo nació en 1979, cuando un grupo de adolescentes en el barrio de Prosperidad de Madrid, a los que les gustaban los videojuegos y el rol, coinciden para jugar. El líder era un muchacho llamado Servando Carballar, pero que en su universo propio era Biovac N. Es el único de los 18 componentes que siempre se mantuvo. Crearon un sello independiente: Discos Radioactivos Organizados (DRO). Pero la discográfica creció desmesuradamente y pronto llegó un cisma que acabó con Servando y su pareja fundando otro sello y una cadena de tiendas llamada Generación X. La crisis de la movida y la baja rentabilidad del indie acabó con ese sello escindido y lograron subsistir gracias a las tiendas de cómics.
Con una discografía irregular, aunque con temas memorables, Aviador Dro y sus Obreros Especializados siguen construyendo un futuro imaginario donde la radioactividad nos ha cambiado para mejor. Su ahora obeso líder sigue poniendo en pie al público mientras entona La televisión es nutritiva. Que sigan en pie tras cuatro décadas es para quitarse el sombrero (o la escafandra). Refrán: Ella es de plexiglás y por eso me gusta más.
Rechazaban el pasado y miraban al futuro con ojos muy diferentes a los de la progresía reinante entonces. Su primer gran éxito fue: ¡Nuclear sí! Lo nuclear despertaba sus más profundos anhelos de que el ser humano mutara para crear un mundo frío, eficiente y automatizado. Ese postureo de superhéroe de la Marvel continúa en la actualidad. Siguen dando conciertos a los que asisten fans incondicionales.
Todo nació en 1979, cuando un grupo de adolescentes en el barrio de Prosperidad de Madrid, a los que les gustaban los videojuegos y el rol, coinciden para jugar. El líder era un muchacho llamado Servando Carballar, pero que en su universo propio era Biovac N. Es el único de los 18 componentes que siempre se mantuvo. Crearon un sello independiente: Discos Radioactivos Organizados (DRO). Pero la discográfica creció desmesuradamente y pronto llegó un cisma que acabó con Servando y su pareja fundando otro sello y una cadena de tiendas llamada Generación X. La crisis de la movida y la baja rentabilidad del indie acabó con ese sello escindido y lograron subsistir gracias a las tiendas de cómics.
Con una discografía irregular, aunque con temas memorables, Aviador Dro y sus Obreros Especializados siguen construyendo un futuro imaginario donde la radioactividad nos ha cambiado para mejor. Su ahora obeso líder sigue poniendo en pie al público mientras entona La televisión es nutritiva. Que sigan en pie tras cuatro décadas es para quitarse el sombrero (o la escafandra). Refrán: Ella es de plexiglás y por eso me gusta más.
martes, 27 de agosto de 2019
‘Hamparte’ en Malpartida
Entre mis lecturas veraniegas quisiera destacar un libro que
me ha sorprendido gratamente. Se trata de El arte de no tener talento.
Revolución Hamparte, de Antonio García Villarán, un profesor de pintura y
escultura, doctorado en Bellas Artes, que destripa los entresijos de cierta
clase de arte moderno. Este sevillano denuncia la existencia del ‘hamparte’,
término que procede de ‘hampa’ y ‘arte’. Con él designa esa producción
artística sin valor, hecha sin talento, pero sobrevalorada por la crítica y los
marchantes del ‘mundillo’.
El profesor destripa en el libro distintas épocas y autores
que a su juicio se aprovechan de la ingenuidad y prudencia del público. Es algo
así como el cuento de El traje nuevo del emperador. Todos lo ven desnudo, pero
nadie se atreve a decirlo y le aplauden a su paso. Pues bien. Eso sucede con
autores como Picasso, Keith Haring, Basquiat, Miró, Tapies, Lucio Fontana o
Bansky. Aunque la que se lleva el premio de honor como ‘hampartista’ es Yoko
Ono, según García Villarán. La viuda de John Lennon se limita a dar berridos en
una sala de exposiciones o poner una manzana en un pedestal. Y la ‘pandillita’
del arte contemporáneo le aplaude y presiona para que eso tenga un valor
exorbitado. No puedo dejar de acordarme de su obra Painting to Hammer a Nail in
Cross Version, en el Museo Vostell Malpartida: tres cruces con un cubo de agua
a los pies. Ahí es ‘ná’. Y ni siquiera Yoko Ono las hizo, sino un carpintero
del pueblo.
Villarán desmitifica todo lo relacionado con exposiciones y
concursos. Estos se aprovechan de la candidez y la ilusión de jóvenes artistas
con ganas de hacerse un nombre. Y tienen que pasar por el aro económico, cuando
no el de los deseos libidinosos de quienes manejan el cotarro. Muy bien por
este ‘youtuber ‘y artista que no tiene pelos en la lengua. Más de medio millón
de personas siguen sus vídeos de clases de pintura y análisis. Hay que tener
muchos redaños para decir que el emperador está desnudo. Necesitamos más como
él. Refrán: En materia de color, el que a cada uno le gusta es el mejor.
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