La delgada línea que separa la obra de arte de la horterada es cada vez más fina. Hace escasas fechas saltaba a los teletipos la última locura del mundo del diseño de zapatillas, las ‘Jesus Shoes’. En un mundo cada vez menos creyente, menos espiritual y más incrédulo, los diseñadores de zapatillas esgrimen como argumento de ventas algo tan surrealista como la fe en Jesucristo, figura que ha quedado arrinconada, especialmente entre la juventud, que ya no tiene más referentes que los personajes que pululan y copulan por Gran Hermano VIP.
Sin embargo, las zapatillas de Jesús se llaman así porque tienen agua bendita del río Jordán en sus suelas. Además, entre sus cordones asoma un crucifijo dorado. También lucen unas plantillas rojas, un sello de inspiración vaticana. En el costado del calzado se hace referencia a la escena bíblica de Cristo caminando sobre las aguas. También hay una gota de sangre en la lengüeta. Han sido diseñadas por un estudio de Nueva York y puestas a la venta por miles de dólares.
Pues han durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio: minutos. Y no solo eso, sino que el comprador las ha revendido a su vez por 3.621 euros. El estudio MSCHF, con sede en Brooklyn, compró un par de zapatillas deportivas del modelo Nike Air Max 97 a precio de mercado, es decir, 160 dólares, y las tuneó. Et voilà! Revalorizó el producto a precios astronómicos. ¿Quién puede desear unas deportivas así? ¿Un marchante de arte? ¿Un deportista ultracatólico? ¿Un macarra del Bronx? Me parece una banalización mercantil, que conecta directamente con todo el tramado actual de ‘influencers’. Es lo absurdo de esta cultura de la colaboración, que deriva hacia el mal gusto, al considerar a Jesucristo como figura para reforzar los valores de una firma.
La escena bíblica echando a los mercaderes del templo, convertido en «cueva de ladrones» viene que ni pintada. Me gustaría que todos los que comercializan con un material tan sensible se dieran cuenta de que están revendiendo su alma al diablo. Refrán: Más vale un pan con Dios que dos con el Diablo.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 22 de octubre de 2019
martes, 15 de octubre de 2019
El 'Veroño'
Ha nacido una nueva estación climatológica: el ‘veroño’. Fruto quizá del cambio climático, tiene su origen en una distorsión cognitiva. Nuestros recuerdos de la infancia en septiembre y octubre están repletos de lluvia, de abrigos, de nubes amenazantes que descargan su ira en el campo. Ahora ya no sucede eso.
¿Cuándo morirá este verano? El otoño parece que no quiere llegar y los ‘veranillos del membrillo’ se multiplican. Lleno de contradicciones, el ‘veroño’ prolonga las temperaturas del estío mezclándolas con la caída de las hojas. La lluvia es un anhelo generalizado y las noches invitan a recorrer la ciudad antigua, con solo una manga, con las estrellas de fondo como testigos mudos de la hazaña. Y las estimaciones de los meteorólogos indican que hay ‘veroño’ para rato.
Los grillos siguen cantando en la ciudad a pesar de estar ya a mediados de octubre. Si os dais un paseo nocturno por los barrios de Nuevo Cáceres o Casa Plata los oiréis. Son los últimos resistentes, gracias al ‘veroño’.
Recuerdo que cuando empecé a ir a la Feria de Zafra, eso era sinónimo de lluvias, de grandes aguaceros que contentaban a los ganaderos. Ahora, se desarrolla siempre en un ‘miniverano’, malo para los profesionales y bueno para los feriantes del mercadillo y para los fiesteros nocturnos.
Este pasado fin de semana la ciudad monumental cacereña era un ir y venir de turistas. Las terrazas estaban llenas y se respiraba esa alegría que solo pueden inyectar el sol y la luz. Cánovas era un ‘sindios’ de hojarasca caída de los árboles y calor, en una especie de eterno retorno, un bucle que nos impedía salir de allí, siempre saludando a diestra y siniestra a las mismas personas.
Y es que el ‘veroño’ ha venido para quedarse. Llegará el invierno y no habrá otoño. He tirado toda mi ropa de ‘entretiempo’, ya no existe. Hemos arruinado el planeta y acabado con las estaciones. Estamos a un paso de que la Tierra sea solo un infierno. Refrán: En octubre, caída de hojas y lumbre.
¿Cuándo morirá este verano? El otoño parece que no quiere llegar y los ‘veranillos del membrillo’ se multiplican. Lleno de contradicciones, el ‘veroño’ prolonga las temperaturas del estío mezclándolas con la caída de las hojas. La lluvia es un anhelo generalizado y las noches invitan a recorrer la ciudad antigua, con solo una manga, con las estrellas de fondo como testigos mudos de la hazaña. Y las estimaciones de los meteorólogos indican que hay ‘veroño’ para rato.
Los grillos siguen cantando en la ciudad a pesar de estar ya a mediados de octubre. Si os dais un paseo nocturno por los barrios de Nuevo Cáceres o Casa Plata los oiréis. Son los últimos resistentes, gracias al ‘veroño’.
Recuerdo que cuando empecé a ir a la Feria de Zafra, eso era sinónimo de lluvias, de grandes aguaceros que contentaban a los ganaderos. Ahora, se desarrolla siempre en un ‘miniverano’, malo para los profesionales y bueno para los feriantes del mercadillo y para los fiesteros nocturnos.
Este pasado fin de semana la ciudad monumental cacereña era un ir y venir de turistas. Las terrazas estaban llenas y se respiraba esa alegría que solo pueden inyectar el sol y la luz. Cánovas era un ‘sindios’ de hojarasca caída de los árboles y calor, en una especie de eterno retorno, un bucle que nos impedía salir de allí, siempre saludando a diestra y siniestra a las mismas personas.
Y es que el ‘veroño’ ha venido para quedarse. Llegará el invierno y no habrá otoño. He tirado toda mi ropa de ‘entretiempo’, ya no existe. Hemos arruinado el planeta y acabado con las estaciones. Estamos a un paso de que la Tierra sea solo un infierno. Refrán: En octubre, caída de hojas y lumbre.
martes, 8 de octubre de 2019
Lapsus, confusión y promesas
Por un instante, el presidente en funciones levantó su cabeza de la lectura del discurso que le habían escrito. Llegó el momento, de la anécdota, de improvisar. Y mira por dónde, hablando de la China, confunde el ibérico de bellota, único en el mundo, con el jamón serrano, de cerdo blanco. Pero no voy a hacer leña del árbol caído.
El problema del estruendo montado ha sido el auditorio, el escenario donde se produce el lapsus y ante quién: los principales profesionales del ibérico en la Feria Internacional Ganadera de Zafra. A ellos no se les podía engañar como al chino de la historia. Parece mentira que después de tanta reunión de la Norma de Calidad del Ibérico, después de tanto sello de ‘Raza 100% autóctona’ todavía haya quien no sepa lo que es el jamón ibérico. Pero lo imperdonable es que el que está en la inopia es el presidente del Gobierno, aunque esté en funciones.
Hay errores y errores. Por ejemplo, en el poema Se equivocó la paloma de Rafael Alberti, la paloma confunde el mar con el cielo. Eso es comprensible. Lo que no es entendible es que confunda la noche con la mañana. Pues con el jamón sucede lo mismo, el ibérico es una cosa y el serrano otra, diametralmente opuesta. Negro frente a blanco. Pedro Sánchez se salió de la linde marcada del texto de sus asesores y nos dejó ojipláticos con su metedura de pata. Aún así, creo que uno de los derechos fundamentales del ser humano debe ser el derecho a equivocarse. Pero no dejo de preguntarme si hay que fiarse de quien va a una feria como quien acude a un caladero de votos y si se puede confiar en sus promesas. Por cierto, que el año pasado una pareja prometió casarse si su toro ganaba el concurso morfológico de charolés. Este año ambos ya lucían su anillo de casados. Y es que hay para quienes una promesa de palabra tiene el mismo valor que un contrato ante notario. Espero que los políticos sigan su ejemplo. Refrán: Cuando el pobre come jamón, uno de los dos está malo.
El problema del estruendo montado ha sido el auditorio, el escenario donde se produce el lapsus y ante quién: los principales profesionales del ibérico en la Feria Internacional Ganadera de Zafra. A ellos no se les podía engañar como al chino de la historia. Parece mentira que después de tanta reunión de la Norma de Calidad del Ibérico, después de tanto sello de ‘Raza 100% autóctona’ todavía haya quien no sepa lo que es el jamón ibérico. Pero lo imperdonable es que el que está en la inopia es el presidente del Gobierno, aunque esté en funciones.
Hay errores y errores. Por ejemplo, en el poema Se equivocó la paloma de Rafael Alberti, la paloma confunde el mar con el cielo. Eso es comprensible. Lo que no es entendible es que confunda la noche con la mañana. Pues con el jamón sucede lo mismo, el ibérico es una cosa y el serrano otra, diametralmente opuesta. Negro frente a blanco. Pedro Sánchez se salió de la linde marcada del texto de sus asesores y nos dejó ojipláticos con su metedura de pata. Aún así, creo que uno de los derechos fundamentales del ser humano debe ser el derecho a equivocarse. Pero no dejo de preguntarme si hay que fiarse de quien va a una feria como quien acude a un caladero de votos y si se puede confiar en sus promesas. Por cierto, que el año pasado una pareja prometió casarse si su toro ganaba el concurso morfológico de charolés. Este año ambos ya lucían su anillo de casados. Y es que hay para quienes una promesa de palabra tiene el mismo valor que un contrato ante notario. Espero que los políticos sigan su ejemplo. Refrán: Cuando el pobre come jamón, uno de los dos está malo.
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