martes, 6 de octubre de 2020

Hidroalcohólicos anónimos

Acabo de incorporarme al creciente grupo de los hidroalcohólicos anónimos. Sigo todas las directrices de higiene que nos marcan para evitar el contagio del covid, pero con la llegada de la segunda ola se ha apoderado de mí una angustia existencial que me lleva a extremarlas hasta la obsesión. Creo que me doy gel hidroalcohólico cada vez que me levanto de la mesa y me lavo las manos con agua y jabón frotando hasta producirme leves lesiones.

La preocupación por no contagiarme se ha apoderado de mí. Me tomo la temperatura constantemente y vigilo mis constantes vitales para ver si tengo síntomas. Como Woody Allen en cualquiera de sus primeras películas, en cuanto noto cierta destemplanza me pongo sudoroso y ya creo que cumplo por completo el cuadro clínico de la pandemia. No quiero ni pensar qué sucederá cuando pille el primer catarro del año.

A veces siento como mareos, me falta el aire y repaso mentalmente mis contactos sociales o les llamo para preguntar sibilinamente cómo se encuentran de salud. Busco a cada rato en internet noticias sobre las vacunas, que veo como algo muy lejano e incierto. Y mi preocupación aumenta, como imagino que la de todo el mundo. Ni que decir tiene que no es lo correcto ni lo recomendable, pero instintivamente lo hago.

Solo me conforta esa sensación pegajosa del hidroalcohol sobre la piel, con ese extraño olor a orujo caducado. En mi mesa de trabajo tengo un bote que gasto por arrobas. Esa tranquilidad momentánea es un espejismo y en cuanto cruzo la puerta de la calle me asaltan pensamientos funestos y compulsivos. Esperemos que esta pesadilla tenga pronto un fin. Lo necesitamos. Refrán: Hasta que el hombre muere, de su salud no desespere.


martes, 29 de septiembre de 2020

Tras el cristal: tan lejos, tan cerca

La escena se repite en muchas residencias de ancianos. Yo he podido contemplarla en Cánovas, frente al hogar de las Hermanitas de los Pobres. Unos familiares se tratan de comunicar con sus mayores, que gesticulan tras los cristales, en medio de grandes aspavientos. Al final, optan por llamarse por teléfono y la escena me recuerda al Expreso de Medianoche de Alan Parker. Es el ‘sindios’ al que nos tiene acostumbrado la pandemia. Tras el ventanal está la generación generosa que puso fin al conflicto entre españoles, la que hizo posible transición y democracia, la que luchó por esos derechos sociales que ahora se caen como un castillo de naipes.

La situación del país es la de la tormenta perfecta: crisis sanitaria, crisis económica y crisis política. ¿Cómo le explicamos a ese abuelo o abuela que gran parte de lo que sucede es porque no se ponen de acuerdo sus representantes? Me da mucha pena lo que veo en los parlamentos de nuestro país: políticos enzarzados en grandes broncas solo para conseguir gestos de cara a su parroquia o a la galería, profesionales del acuerdo, incapaces de llegar a ninguno enfrascados en el «y tú más». Y lo peor: nuestras instituciones vapuleadas y arrastradas por los lodos más ignominiosos, con eméritos a la fuga. Nuestros mayores no se merecen esto, después de una posguerra cruel y una lucha social interminable.

Ahora están tras el cristal, incomunicados, abocados a una muerte en soledad, dentro de esas residencias que se han convertido en focos de infección. Mientras tanto, los políticos solo buscan un pobre rédito electoral para seguir manteniéndose en poltronas y comisiones. Este país va a la deriva, en medio de la tormenta perfecta. Como a Miguel de Unamuno, «me duele España», pero como esto siga así nos va a doler algo más que el alma. Desconfía del tigre más que del león, y de un burro tonto más que del tigre. (Proverbio Chino).


martes, 22 de septiembre de 2020

25 años de Premios Empresario

Pasado mañana se entregarán los Premios Empresario Extremeño del Año en su vigésimo quinta edición. Los periodistas tenemos mucha manía con las fechas y nos gusta todo lo que sea una efeméride. En este caso, se trata de una alegría doble, pues que el galardón económico más antiguo de la región celebre sus bodas de plata es todo un acontecimiento, y que sea El Periódico Extremadura el que lo convoque nos llena de satisfacción a todos los que lo hacemos posible cada día. Todavía recuerdo cómo se gestó aquella primera edición en la sede de Camino Llano y las ilusiones que despertó en los trabajadores de la casa. Fuimos los primeros en crear premios de este tipo y quien da primero golpea dos veces. Después han venido imitadores, sucedáneos y otras zarandajas. Pero los fetén son los nuestros, de eso no hay duda.

Al margen de cómo soplaran los vientos económicos, El Periódico Extremadura y sus galardones han estado ahí, impulsando la creación de riqueza, animando a quienes crean empleo. Este año no podía ser menos. Incluso creo que se hacen más necesarios que nunca. El empresariado, ya machacado por crisis y burocracias, se ve ahora zarandeado por la zozobra de la ‘pandemia económica’. Los amargores de los hombres y mujeres de negocios son enormes estos días. Si les reconocemos el trabajo sin duda redundará en renovar ilusiones y ganas de superar una situación que nos desborda a todos.

Me parece mentira que ya hayan pasado 25 años de aquella primera velada. Anécdotas ha habido muchas en esa gala de las empresas. Este jueves El Periódico Extremadura vuelve a sacar músculo y a mostrar su poder de convocatoria con el mundo empresarial. Lo seguiremos haciendo, palabra. Refrán: Perseverancia todo lo alcanza.