martes, 19 de enero de 2021

Sensación de bochorno frío

Voy de casa al trabajo y del trabajo a casa. No he querido ir a visitar a mis familiares en Sevilla durante las navidades. El círculo de personas con el que me relaciono puede contarse con los dedos de una mano y siempre bajo litros de gel hidroalcohólico, mascarillas y distancia social. Los pésimos resultados de la pandemia me hacen sentir abochornado y agotado. Mientras unos ciudadanos hemos seguido a rajatabla los consejos sanitarios, otros se han dedicado a transgredirlos sin miramientos so pretexto de que es algo que solo compete a ellos. Como he dicho en otra ocasión se trata de un cierre perimetral del corazón, de una falta de empatía brutal. Decía Sartre que el «infierno son los otros», pero en este caso no puede aplicarse. Estamos todos subidos a esta bola redonda que surca los espacios siderales y lo que hagamos en ella nos afecta a todos por igual. No me extraña que esta pandemia sea una forma en la que Gaia, la Tierra, nos avisa del poco cuidado que tenemos con este gran regalo que es el planeta donde vivimos.

El mundo está inmerso en la anomia, una falta de referencias alimentada por nuestros propios mandatarios. No nos pueden decir que hay que ser responsables y autoconfinarse, para seguidamente animar a reactivar la economía yendo a los bares y tiendas, para después cerrarlos. Esto es un ‘sindios’. Espero que todos los patinazos que los políticos están dando pasen la factura debida ante las urnas. Esta pandemia se va a llevar a miles de personas, la generación que trajo la democracia, y a gran parte de la clase política. Espero que para bien y los que vengan tras ellos sean más empáticos con los ciudadanos, más diligentes en sus actuaciones y más sinceros en sus planteamientos. Desgraciadamente este virus está sacando lo peor de nosotros: el egoísmo y la ineptitud más recalcitrantes. Refrán: Bochorno frío, aumenta el río. 

martes, 12 de enero de 2021

Ángel del Cid, que nunca se jubiló

En ocasiones la agenda de la actualidad y de las circunstancias manda en el continuum informativo. Es lo que ha pasado de alguna manera con el fallecimiento, casi de puntillas, de Ángel del Cid (84 años) a principios de 2021. Del Cid fue conocido como el ‘rey del jamón ibérico’ cuando su empresa, Mafresa, se encontraba en pleno auge. Como otros grandes de los negocios en esta bendita tierra fue Premio Empresario Extremeño del Año 2006, cuando puso en marcha una línea de precocinados de jamón, la famosa quinta gama. En aquella ocasión, dijo que el secreto del éxito es el «entusiasmo, voluntad y mucha lucha». No le faltaba razón a este frexnense de adopción que llegó con apenas diez años a Fregenal de la Sierra junto a su padre, maestro y que estudió Profesor Mercantil.

Siempre de espíritu emprendedor, Del Cid fundó en 1960 Agrofico, de productos para el campo, a la que siguió Minolta España. Con todo el capital conseguido tras la venta de esta última, puso en marcha Mafresa, que contó siempre con una excelente relación con el mundo de la política, gracias a la cual multiplicó la capacidad de la firma, tanto en procesado de producto como en metros y número de trabajadores. Llegó a producir 100.000 cerdos ibéricos al año. Supo de la importancia de tener buenos contactos en la capital. Pasaba en Madrid largas temporadas y la publicidad de sus exquisiteces llegó a aparecer en el metro. Desgraciadamente, perdió hace una década el control de Mafresa, que en la actualidad ostenta el Grupo Jorge. Sin embargo, seguía al frente del hotel Cristina en Fregenal de la Sierra. No se rindió, luchó hasta el final con una larga enfermedad, imbuido siempre de ese espíritu incansable que siempre le caracterizó. Otro grande que nos deja. Refrán: Las personas no dejan de jugar porque crecen, crecen porque dejan de jugar. 

martes, 29 de diciembre de 2020

La vida es un trampantojo

En esta Navidad de ausencias y síndrome de la silla vacía del que muy pocos han podido escapar, las fiestas tienen ese sabor mineral que no borra el dulzor del mazapán y el turrón.

Con la que tenemos encima, con este mirarnos sin tocarnos, el conjugar la ilusión con la añoranza de los que se han ido es un juego de malabares. Ellos estaban aquí, llenando el espacio con sus palabras, con sus obras y también con sus defectos y miserias. Ahora la Navidad, nos pone cara a cara frente a la pérdida con su ausencia. Están ahí sus pertenencias, su espíritu, pero ellos no, aunque parezca que van a entrar por la puerta de un momento a otro. La vida se convierte es un gran trampantojo, una ilusión óptica por momentos, en la que, cuando cambiamos de ángulo, nos devuelve a un inmenso dolor y conflicto emocional.

Son muchos los extremeños que la semana pasada lucharon en sus casas contra este espejismo hiriente. No conozco año con más pérdidas personales, de familiares y gente cercana, por una u otra causa. El remate fue el día de Nochebuena, cuando me enteré del fallecimiento de Rosario Cordero, presidenta de la Diputación de Cáceres.

Tras tantas entrevistas, aunque no a fondo, pude conocer a la persona que hay tras el personaje público. Al margen de colores políticos, Cordero simboliza la larga lucha del municipalismo extremeño desde la llegada de la democracia y representa esa forma de hacer las cosas en las que el ciudadano estaba el primero. Su pueblo, Romangordo, está ornamentado con trampantojos, trasunto de esa gran ilusión óptica que es la vida y homenaje de los que se fueron. Con sus virtudes y defectos, Charo simboliza la desaparición de muchos extremeños este año, que lucharon hasta el final como decía Ché Guevara: «¡Hasta la victoria, siempre!»