En vísperas del Día de Extremadura, nuestra jornada de afirmación regional, me gustaría poner la lupa sobre la belleza y posibilidades de esta tierra. El pasado sábado decidí conocer algunas de las piscinas naturales del norte de la provincia de Cáceres. Soy urbanita y, hasta ahora, prefería el aséptico y controlado espacio de las piscinas públicas, con sus avispas en manada y penetrante olor a cloro. He de confesar que mi criterio ha cambiado drásticamente este fin de semana. En Descargamaría la piscina natural se ha amoldado al terreno con una suerte de azulejos que recuerdan las construcciones de Gaudí. Hay sombra y una cascada que ríete tú de los spas más exclusivos… Los peces nadan a tu alrededor, lo que dice mucho de la calidad del agua. Es verdad que hay mucho musgo en las piedras y tienes que llevar un calzado especial … pero qué buena temperatura tenía. Después, en este peregrinaje serragatino, subimos a Robledillo de Gata, con menos de cien habitantes, pero de una armonía arquitectónica que satura los sentidos y llena de rincones con bares. Una pareja había elegido el municipio para casarse y se hacían las fotos de rigor con las cascadas del río Árrago al fondo. Aquello parecía un remanso de felicidad con el gorgoteo como banda sonora. Su piscina natural también era fantástica y con pocos usuarios y con un fantástico merendero. Somos agua, como decía el famoso Bruce Lee, aunque sea una minoría la que identifique nuestra región con la abundancia de este recurso. Terminamos la jornada en Torre de Don Miguel, cuya piscina natural nada tiene que envidiar a ninguna. Chiringuito perfecto, normas de seguridad sanitaria cumplidas a rajatabla, y una ruta de los molinos perfecta para estirar las piernas y agitar el corazón. A veces creo que estamos mejor así, sin que nadie nos descubra, porque el día que lo hagan se nos acabará este chollo.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 7 de septiembre de 2021
martes, 31 de agosto de 2021
Perseidas en Malpartida
Cada año el ritual de las estrellas fugaces me lleva a un punto de la geografía extremeña para verlas y fotografiarlas. Este año hace breves fechas decidí ir al Monumento Natural de los Barruecos. Así, si no disfrutaba de la visión azarosa de las Lágrimas de San Lorenzo, al menos tendría ante mis ojos uno de los paisajes nocturnos más sorprendentes de cuantos conozco. Los rastros que dejan en el cielo el polvo y las rocas del cometa Swift-Tuttle al ser alcanzados por la atmosfera terrestre no tardaron en aparecer. Y el espectáculo no defraudó a nadie.
Por la carretera que conduce a Los Barruecos había una especie de romería nocturna de caminantes. Algunos llevaban sacos de dormir y otros que viajaban en coche hasta el colchón. Todo valía con tal de encontrar una posición cómoda para mirar los límpidos cielos extremeños.
Alrededor de la charca, con el Museo Vostell-Malpartida al fondo, el paisaje es muy sugerente, con linternas que se agitan como luciérnagas en medio de la oscuridad. Había un gran silencio, solo roto por el canto de los grillos, las ranas y los aplausos cuando uno de estos ‘minibólidos’ surcaba el firmamento. Frente a ellos todo es cuestión de perspectiva, las estrellas fugaces están muy cerca, se encienden en contacto con nuestra atmósfera. En el cielo percibimos luces de estrellas a millones de años luz. Es un viaje en el tiempo. Preside la bóveda celeste la Vía Láctea, como un espinazo gigantesco de la noche.
A veces me pregunto por qué muchos buscan excitar sus sentidos con viajes, sustancias y emociones artificiales. En Extremadura solo tienes que mirar al cielo para disfrutar de un espectáculo gratuito y especial. Mi deseo fue, claro está, que esta pesadilla en la que estamos inmersos pase pronto de una maldita vez.
martes, 24 de agosto de 2021
Donar sangre en pandemia
Reconozco que desde que apareció la pandemia dejé acudir a los llamamientos para donar sangre que aparecen en mi móvil. Ya saben ustedes que el miedo es libre y que en aquellos momentos tan duros para todos acercarse a un hospital despertaba temores, aunque se tomaran todas las medidas de seguridad, habidas y por haber, tanto desde el Banco de Sangre del SES como desde la Hermandad de Donantes.
La mala conciencia me corroía, especialmente porque soy 0 positivo, un grupo sanguíneo muy codiciado por su capacidad de donar a todos los demás. Sin embargo, el pasado miércoles recibí el SMS que animaba a acercarme al San Pedro de Alcántara y no lo dudé. Quiero contar que estaba todo muy bien organizado y con protocolos hasta para tomarse un botellín de agua. Médicos y voluntarios se preocuparon de que estuviéramos hidratados en todo momento. Teníamos que llevarnos el bolígrafo de casa e ir bien ‘enmascarillados’. Eso sí el hall del hospital y la sala de extracciones eran un auténtico horno en ese día de calor sofocante. Te reciben Pedro Cabezas, un mítico de la automoción local, y Franquete, otro elemento indisoluble del paisaje del Cáceres de Toda la Vida, lo que es muy reconfortante. A su edad podrían estar en escenarios mucho más amables, pero están allí donde se necesita. Donar sangre no duele y estás controlado en todo momento por muchos voluntarios y profesionales.