martes, 8 de marzo de 2022

Otra vez el campo inginado

Una pandemia y varias ediciones virtuales después volvieron los pasillos de Agroexpo a llenarse por fin de profesionales del campo. Y también, como en la última edición de 2019 se suceden las manifestaciones, los pitidos, los petardos y las protestas. Nada nuevo bajo el sol. Afortunadamente, no se han repetido las imágenes de violencia de aquella vez, con los manifestantes rompiendo las verjas de Feval en una batalla campal inédita hasta entonces en la historia del recinto.

Otra vez el campo. No es de extrañar: costes de producción que superan los ingresos, sequía, precios de los insumos desorbitados, incertidumbre por la nueva PAC… Desde que llegué a Extremadura periódicamente el agro ha estado en pie de guerra, de forma cíclica, como las estaciones, de forma que apenas recuerdo una campaña sin problemas. 

El campo parece que siempre está en crisis e indignado y la mayoría de las veces con razón. Siempre tengo la impresión que desde las altas esferas se utiliza la ‘estrategia del avestruz’, al más puro estilo Rajoy, de esperar a que llueva, o de difuminar los problemas con otros. Lo cierto es que los profesionales de la agricultura en la inauguración de Agroexpo demostraron que se puede reivindicar sin un ápice de violencia. Eso sí, también se puso negro sobre blanco la falta de unidad, pues no estaban todas las organizaciones agrarias al unísono. Quizá lo único reprochable es que creo que yerran el tiro dando la matraca en uno de los más importantes escaparates del sector primario del país, ahuyentando de la inauguración a autoridades y profesionales que prefirieron ir el segundo día de feria. El horizonte que se abre ahora es más incierto aún con un conflicto bélico a cuatro horas en avión que tendrá consecuencias en los mercados. Parece que los cuatro jinetes del apocalipsis van a pasar uno detrás del otro: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte. 

martes, 1 de marzo de 2022

Seguimos tocando el fondo

Seguimos tocando el fondo

Mientras que Paco Ibáñez (87 años) cantaba en el Gran Teatro de Cáceres aquello de «Estamos tocando el fondo», último verso de La poesía es un arma cargada de futuro (Gabriel Celaya) caían las bombas sobre Ucrania. Ya me pasó lo mismo, en Madrid, cuando la Guerra del Golfo y se acompañaba de Rafael Alberti como recitador. 

Pasan los años, las décadas, sigue el cantor, y no aprendemos de la poesía ni de los avisos que los dictadores nos envían, por más que los periodistas alertemos. ¿Se acuerda alguien de Anna Politkovskaya periodista que fue asesinada cuando investigaba torturas en Chechenia? ¿Alguien ha reparado en Aleksandr Válterovich Litvinenko, oficial fugitivo del servicio secreto ruso, que se especializó en la investigación del crimen organizado y asesinado con Polonio? Y así una larga lista de ciudadanos silenciados con las más abyectas estratagemas.

¿Quieren saber quiénes son los héroes de esta guerra? Pues los miles de rusos que han sido encarcelados estos días por manifestarse contra el sátrapa del Kremlin de Moscú y los escasos periodistas que desde medios independientes se juegan el cuello literalmente en cada artículo. No se engañen, esta guerra no es de Rusia con Ucrania. Es la guerra de Putin y sus veleidades de antiguos imperios. No está loco. Tiene un plan para recobrar esplendores pasados y quiere pasar a la historia. Lo está consiguiendo como solo se consiguen estas cosas: con una dictadura en la que él decide quién puede ser millonario y quién no, sin libertades públicas, con toda la prensa subyugada y con un aparato de propaganda sucia en las redes sociales.

Veo las imágenes de los ciudadanos aterrorizados, los niños ateridos en el metro y vuelvo a ver el rostro de las guerras de los Balcanes. La única diferencia es que el mundo está ahora hiperconectado. La locura es la misma y nos ponemos de perfil. Seguimos tocando el fondo como decía el poeta. 

martes, 22 de febrero de 2022

El francotirador del lenguaje

 El francotirador del lenguaje

No puedo ser objetivo cuando hablo de Eugenio Fuentes, por eso estas líneas no suponen un análisis, ni una crítica de su último trabajo, sino unos apuntes rápidos de un lector sobre Perros mirando al cielo (Tusquets). Y mi falta de perspectiva con él se debe a que sé de su bonhomía, de su tenacidad cuando se pone ante el folio en blanco, de lo buen conversador que es y de cómo me ha convertido con el paso de los libros en fan de Ricardo Cupido, su celebérrimo detective.

No es Fuentes un escritor ‘noir’ al uso. No recurre a la casquería, ni a los detalles macabros para despertar el hambre de continuar leyendo. Es un experto dosificador de la información y un verdadero selector de las palabras adecuadas. Si el lenguaje es un arma para atrapar la realidad, Eugenio Fuentes lo maneja con la precisión de un francotirador.

Cuando abro una novela del escritor de Montehermoso lo hago con un folio en blanco donde apunto adjetivos y sustantivos de los desconozco su significado. Leer uno de sus libros es como hacer un Enriquezca su vocabulario de los que publicaba el Selecciones del Reader’s Digest y con los que en mi infancia me divertía.

Pero creo que su mayor virtud es la actualidad de sus trabajos y los temas que aborda. No voy a destripar el desenlace. Ricardo Cupido se enfrenta al asesinato de un médico en el momento de máxima efervescencia de la pandemia de la que aún no hemos salido. Por alguna razón está conectado con la muerte de una mujer cuya pareja trabaja en los molinos de Mistralia y que el detective no pudo esclarecer. Lo demás son hojas de buena literatura en la que, si no se es muy torpe, se pueden reconocer paisajes muy cercanos y pasar momentos excelentes. No este un artículo objetivo, pero tenemos en Extremadura a un escritor con mayúsculas que ya quisieran en otras latitudes. Como especie en extinción deberíamos protegerle y declarar sus textos Fiesta de Interés Literario.