martes, 17 de mayo de 2022

Geopolítica y 'chanelazo'

 Geopolítica y ‘chanelazo’


Eurovisión es un concurso de canciones en el que lo menos importante son los temas e intérpretes. Además, es la pesadilla para cualquier realizador. El programa parece un día sin pan, hay decenas de conexiones por satélite, infografías en directo, cada participante requiere de un concreto seguimiento de cámara y efectos, hay hasta fuegos de artificio reales… Sin embargo, el megaespectáculo se ha convertido, a mi juicio, en un ejercicio de geopolítica ante una audiencia planetaria.

Las votaciones de los países participantes no son en realidad fruto de un juicio sincero, sino que se mueven por oscuros intereses. Uno de ellos es la proximidad, los países cercanos se votan entre ellos. También hay una política de bloques, pues está claro que los países del Este tienen una especie de entente. Después hay un grupo que podríamos llamar el ‘top five’ (Italia, Francia, España, Alemania y Reino Unido), algo así como los ‘mírame y no me toques’ del certamen. Finalmente, hay un nuevo criterio, que ha sido el vencedor este año, el de la compasión, que ha dado el triunfo a Ucrania.

Es indudable la excelente interpretación de Chanel, con un show propio de Beyoncé o de Jennifer López, y su bronce más que merecido. Eso es indiscutible. La letra, personalmente, me parece un pestiño en jerga pandillera y creo que no aguanta un mínimo análisis. Siento que tengamos que ser abducidos por la música yanqui y lamento el tufo a amaño del Benidorm Fest que justificó la elección de la artista.

Hoy hay sombras de duda también sobre la votación internacional del pasado sábado. Y es que el voto telefónico, a 2 euros más IVA, significa muchísimo dinero a la organización. Lo dicho, la música es lo menos importante, lo que vale es el parné. Dinero y solo dinero. Nada de fraternidad, ni de naciones unidas por la cultura, aquí la pasta es la que manda. 

martes, 10 de mayo de 2022

La ciudad recobrada

Cada ciudad tiene su ritmo particular, un pulso propio, fruto de los afanes, trabajos y anhelos de sus moradores y sus visitantes. Cáceres tiene el suyo, del que cada principio de mayo forma parte un torrente de música, tolerancia, comercio y fraternidad que llena las calles de su núcleo histórico. Tras una travesía del desierto que ha durado dos años largos, en la que ha habido un invierno perpetuo y en la que muchos fenecieron, la ciudad, amada y amante a partes iguales, fue recobrada este fin de semana gracias a Womad. Cáceres ha sido recuperada para quienes la sienten dentro. Sus espacios, al ser empleados para el noble oficio de los artistas, renacieron para la vida y se reconocen para lo más noble del ser humano: la fraternidad.

Cáceres ha sido recuperada para quienes la sienten dentro. Sus espacios, al ser empleados para el noble oficio de los artistas, renacieron para la vida y se reconocen para lo más noble del ser humano: la fraternidad.

No quiere decir que en esta recuperación no haya quien se extralimite. He sufrido al ver cómo energúmenos y energúmenas mingitaban en lo más recóndito y bello de la urbe. He visto destapes de teta y trota en el barrio de Santiago que se me han clavado en el corazón. He confirmado que una gran parte de los asistentes a los conciertos les importa más la ingesta de alcohol que el sonido que salía de darbukas y panderos en la lejanía. Pero también cómo Cáceres se transustancia en ese destino perfecto para el beso de los amantes en medio del sarpullido delicado que es la primavera vívida y vivida en la ciudad, perfectamente limpia cada amanecer gracias al esfuerzo de sus trabajadores públicos.

Me quedo sin duda con la música de Lizraz en la plaza de San Jorge, con el buen rollo de Canzioniere Grecánico Salentino, con la animación improvisada de Los Pirulfos de Barbaño… Con tantas cosas que han vuelto y que nunca debieron irse, y que ahora son patrimonio no solo de la humanidad, sino de nuestros corazones. Y eso es la poesía. Refrán: ¿Cómo estaba la plaza? Abarrotáaaaaaaa (Dúo Sacapuntas).

martes, 26 de abril de 2022

Cuenta atrás para el centenario

 Cuenta atrás para el centenario

La prensa regional de este país es la que hace el periodismo más auténtico, el de las historias humanas y próximas

El pasado 1 de abril El Periódico Extremadura cumplió 99 años y la cuenta atrás hacia el centenario ha comenzado. Que cualquier empresa llegue a esa edad es motivo de alegría, pero que lo consiga un medio de comunicación escrito es una hazaña épica. No se hacen ustedes cargo de lo difícil y heroico que es el día a día de una empresa informativa. Estoy convencido de que la prensa regional de este país es la que hace el periodismo más auténtico, el de las historias humanas, próximas, el que se puede dar relevancia a lo «pequeño», que, a la postre, siempre resulta enorme bajo la lupa de nuestros redactores, siempre pegados al palpitar de nuestra tierra. Yo leo cada día periódicos «de provincias» con mucho más interés que los nacionales, abducidos por la política y el negocio deportivo.

Recuerdo que cuando llegué a El Periódico Extremadura reproducir un logotipo con calidad e insertarlo en un anuncio requería de un rudimentario proceso fotomecánico. El diario en estos últimos treinta años ha dado un salto de gigante que es achacable en exclusiva al esfuerzo de sus trabajadores y no solo desde el punto de vista tecnológico. La semana pasada lo comprobé en las mesas redondas de Futuribles, el encuentro de innovación. El Periódico Extremadura se convirtió en un generador propio de actualidad, en el altavoz donde empresarios y políticos acudían para radiografiar el mundo de las energías renovables, anunciar proyectos y defender sus ideas.

Y este diario volverá a ser protagonista esta semana con los VI Premios Turismo que se entregan en Guadalupe el jueves. Hace unos días uno de los galardonados me comentó que para él era un doble reconocimiento, porque detrás de esa decisión estaba el respaldo de los expertos de una empresa centenaria. En medio de este 2022 del fin de la pandemia y de la incierta guerra de Putin, El Periódico Extremadura sigue, gracias a sus gentes, con ganas de contárselo todo a sus lectores. Un milagro cotidiano.

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