martes, 5 de julio de 2022

Pepe Extremadura, adiós a un grande

«¡Hay qué ver cómo te pones cuando tomas Ciripolen!», decía el estribillo de una de sus canciones

La pérdida de un cantautor siempre es un hecho lamentable y mucho más cuando, como es el caso, fue un firme defensor del habla y la cultura extremeñas. Conocí a Pepe Extremadura (José Roncero) en mis primeros tiempos en el Periódico Extremadura. Entonces era un cantautor –nunca ‘cansautor’- que estaba en la cresta de la ola informativa y no era extraño verle en el bar La Giraldilla hablando con los redactores. El de Zarza la Mayor se había pasado media vida cantando en hoteles y Casas de Extremadura de Donostia poniendo música a los poemas de Gabriel y Galán, como recalcitrante defensor de lo extremeño. De padre portugués y madre extremeña, vivió la diáspora en primera persona y tenía unas facciones que le conferían un aspecto fiero. Nada más lejos de su carácter. Había cantado en aquellos momentos en los que hacerlo no era fácil pues había una férrea dictadura que trataba a los cantautores con desconfianza y mano dura. 

Pero poco después la foto de los cantautores se fue difuminando con la llegada de la democracia y fueron buscando nuevos mundos creativos alejados de la canción protesta. 

Pepe Extremadura estaba dotado de muy buena voz e instinto para los asuntos de actualidad. Recuerdo entonces sus temas ‘¡Cerrar Almaraz!’, el ‘Himno de Aldecentenera’ o la famosa canción del Ciripolen –presunto afrodisiaco extremeño procedente de la miel de las abejas- con su pegadizo estribillo: «¡Hay que ver cómo te pones cuando tomas Ciripolen!». Hincha del Athletic, sufrió una extraña agresión en 2008 por parte de tres desconocidos que le llevó al hospital con una clavícula rota. La Medalla de Extremadura en 2017 vino a reconocer merecidamente un trabajo ciclópeo por su tierra y sus gentes. No puedo decir que lo conociera a fondo, pero sí lo suficiente para saber era una excelente persona, un poco buscavidas, y un artista que no dejó de hacer canciones hasta el final de sus días. 

martes, 28 de junio de 2022

Noctógrafos

Las estrellas han sido el lenitivo que necesitaba para desconectar del mundo y reconectarme a mi mismo

No dejaremos huella. Somos polvo de estrellas. Este verso de Jorge Drexler resume lo fútil de la naturaleza humana. Y nunca me siento más insignificante que cuando miro al cielo en una noche estrellada, una de tantas que nos regalan a diario los cielos extremeños. Por eso me he interesado por la fotografía nocturna, ese intento vano de registrar en una imagen no solo la belleza, sino también el misterio que se agazapa tras la bóveda celeste. 

La fotografía es pintar con luz y la fotografía nocturna es atrapar esa escasísima luz que fue generada hace millones de años y que llega suave a este rincón perdido de la galaxia. Cuando contemplo la Vía Láctea me hago la gran pregunta de si estamos solos en el Universo. La respuesta tiene una contestación fácil basada en la estadística: No. Este fin de semana, junto a un grupo de noctógrafos he aprendido a enfocar correctamente a la Vía Láctea y conseguir un resultado óptimo en la cámara. Capitaneados por el gran fotoperiodista extremeño Diego J. Casillas, en el Festival Estelar de Malpartida de Cáceres, hemos posado nuestros ojos a ese hipnótico batolito que conforman Los Barruecos. Tras una semana de trabajo informativo, las estrellas han sido ese lenitivo que necesitaba para desconectar del mundo y para conectarme conmigo mismo, ajustando como un reloj los ritmos de mi cuerpo y de mi alma. 

Los noctógrafos somos una especie de secta que se reúne en lugares de poder como Los Barruecos y que, con una linterna roja sobre la frente, invocamos las fuerzas telúricas y celestes al mismo tiempo para captar una imagen única. Es una suerte de autosanación gracias ese caos organizado que es el Universo. En la soledad de la madrugada junto a un puñado de compañeros noctógrafos tuve la suerte de fotografiar una estrella fugaz. Espero que sea el augurio de que el mundo va a mejorar a partir de hoy. 

martes, 21 de junio de 2022

Empresarios: gente de otra pasta

Veintisiete años, que se dice pronto. Mañana se entregan los Premios Empresario Extremeño del Año y aún me parece ayer cuando estábamos preparando la primera edición. Es una noche de relumbrón y también la culminación del trabajo de muchas personas, que desde hace meses añaden a sus tareas diarias en el Periódico Extremadura las derivadas de este acontecimiento. Estos galardones fueron los primeros y quizá por eso tienen todavía aún más valor. Después vinieron sucedáneos e imitaciones. Los Premios Empresario Extremeño han demostrado también una sorprendente capacidad de resiliencia. Como comprenderán hubo épocas mejores, peores y muy malas, pero estuvieron ahí como ‘termómetro’ del mundo de los negocios.

Conocer a los ganadores de estos casi treinta años de convocatoria me ha permitido hacerme una idea del perfil del empresario extremeño. Normalmente se trata de hombres hechos a sí mismos, que han superado adversidades mayúsculas (crisis, incendios, falta de apoyos, burocracia…) gracias a una voluntad firme de crear riqueza y empleo. El enriquecimiento propio y lícito no es su objetivo. Los empresarios que verdaderamente triunfan van detrás de un sueño. Fíjense en José Noriega, nuestro flamante ganador de este año. Hace treinta años se subió a un camión y ahora su flota de vehículos llega a los mil. Sigue enviando víveres a Ucrania, jugándose el tipo, y cuando hubo que dar la cara en momentos complicados la dio ante los medios de comunicación. Esa es la otra pasta de la que están hechos quienes tienen el reconocimiento en los Premios Empresario. No puedo olvidar que también hay entre los patronos quienes no realizan sus funciones con la ecuanimidad necesaria, pero hoy no toca mirarse en ese espejo, sino en el de quienes cada día construyen Extremadura desde el afán de convertirla en tierra de prosperidad.