martes, 13 de junio de 2023

Las desgracias de 'El Millonario'

Un ‘sintecho’ de paso por Cáceres me refiere un periplo vital increíble de subida y bajada a los infiernos

Por las calles de nuestras ciudades deambulan historias que merecen, al menos, ser escuchadas y que te dejan siempre la sombra de la duda sobre su certidumbre. Es lo que me pasó el sábado, en la plaza Mayor de Cáceres, cuando un ‘sintecho’ se me acercó para pedirme un euro. Hasta ahí nada que no se salga de lo habitual. Sin embargo, el hombre comenzó a contarme su periplo vital, una existencia marcada por la desgracia que le había llevado a pedir por las calles. La limosna iba destinada, según su relato, a comprarse un capote. Dijo llamarse Jorge ‘El Millonario’ y que era hermano de Roberto Antolín ‘El Millonario’, nombre artístico del novillero Óscar Roberto Yangüez González. Con la adquisición de esa herramienta taurina quería triunfar en un difícil mundo donde su hermano tuvo relativo éxito. Repito que la veracidad del relato es muy compleja de comprobar, aunque bien es cierto que era coherente y sólido.

Tuvo una vida complicada en la que el consumo de drogas lo había arrastrado hasta los estratos más bajos de la realidad. Incluso llega a referir cómo fue a casa del actor porno Nacho Vidal a realizar el rito del ‘sapo bufo’, que costó la vida a uno de sus practicantes. Habló de lo que había pagado por la experiencia y describió el chalé del realizador de películas para adultos, que fue exonerado de toda culpa en aquel luctuoso suceso. ‘El Millonario’ llevaba todas sus pertenencias en una bolsa y me pidió que le indicase dónde estaba la estación de autobuses, porque le habían dicho que allí se podía dormir. Su padre, fallecido recientemente, era poseedor de miles de olivos y vides. En su testamento había dejado establecido que su hijo se casaba perdería todo derecho a la herencia. Decía que quería tomar un bus hacía Ciudad Real. ¿Verdad o fabulación? ¿Veleidad de un ‘sintecho’ o triste realidad? Nunca lo sabremos. Sin embargo, ‘El millonario’ vaga de ciudad en ciudad en busca de un sueño imposible. Y pasó por Cáceres.

martes, 6 de junio de 2023

Vuelva usted mañana... digital

Hace algo más de un mes realicé ante la administración un trámite que habitualmente hago de forma presencial. Los amables funcionarios locales que me suelen atender me habían recomendado hacerlo por internet. Me explican que las competencias las tiene asumidas ya el Estado y que en la comunidad autónoma ya solo se realiza el examen formal de las solicitudes. Añaden que se evitan desplazamientos y colas. Me convencen.

Acabo dándome de alta en el sistema de firma digital, que no es moco de pavo. Pago las tasas correspondientes. En eso nunca hay problemas y todo está clarísimo. Cuando entro en la web del ministerio es un galimatías del quince. Hay hasta unas instrucciones en PDF que son más largas que un día sin pan. Me tiro toda la mañana haciendo los trámites. Al final recibo un email automático diciendo que todo está correcto. Pero cuando entro en el expediente on line me aparece un mensaje inescrutable. Escribo a un correo del ministerio y me derivan de un departamento a otro. Al final recibo un mensaje en el que se me ruega con cierto tonillo sarcástico «que la próxima solicitud siga las indicaciones», ya que había indexado un pdf donde no correspondía y el expediente estaba por revisar. ¿No es normal que no sepa hacer un trabajo que no es el mío? ¿Qué hacen entonces los sin duda eficientes funcionarios?

Recibo otros correos electrónicos que no entiendo. Me han dado de alta en unas plataformas de nombres extrañísimos. Al final me indican que escriba al organismo regional para me lo aclaren todo, con quienes hacía el trámite presencial. Vuelta a la casilla de salida. Me explican que ahora la administración tiene 6 meses para resolver el expediente. Esta es una nueva versión del ‘vuelva usted mañana’ que ya describiera Larra en el siglo XIX. No dudo de la diligencia de los trabajadores públicos, pero esto de internet para todo y para todos se está convirtiendo en un problema morrocotudo. 

martes, 30 de mayo de 2023

Racistas... o algo peor

 Racistas… o algo peor

La violencia -el gran problema subyacente- se está enseñando a los niños como solución ante la adversidad

Los insultos al jugador del Real Madrid Vinicius se han convertido en un asunto de estado, con repercusiones internacionales. Quizá llego tarde al debate, pero creo que es una pena que tenga que ser el fútbol el que nos coloque ante un espejo en el que no nos gusta reconocernos. Hace años fui a un partido de escasa relevancia. No era un derbi, no se jugaban nada los equipos. Sin embargo, puede escuchar a honrados padres de familia, trabajadores intachables y prohombres de la patria volcar todas sus frustraciones vitales en forma de gritos y palabras malsonantes a los que vestían el calzón corto en el campo. Al día siguiente seguro que volvían a sus afanes y labores como ciudadanos ejemplares... Sí, al día siguiente... Durante los 90 minutos del encuentro son verdaderos energúmenos. Sí, claro está, no todos, pero subsumidos en la masa se vertían los peores sentimientos humanos. Ah, la masa, ahí está el secreto. A ‘la peña’ se le va la olla. Pero ‘la peña’ somos todos y cada uno de nosotros.


Esos mismos padres de familia son los que cuando sus hijos e hijas juegan en categorías infantiles los jalean y les recriminan a gritos que no han empleado la fuerza necesaria ante el adversario o que el resultado no ha colmado las expectativas que tenían depositadas en ellos. La violencia –el gran problema que subyace en todo eso- se está enseñando desde muy pequeños a los niños como forma de solución de cualquier adversidad. Es un problema generalizado. No se trata de un señor o señora que en la grada haya vociferado algo inapropiado. Seamos sinceros: no somos racistas, somos algo peor. Por supuesto, me sumo a la condena de estos comportamientos inclasificables con Vinicius y con cualquier jugador en los terrenos de juego. Son racistas sin paliativos, pero también hay microrracismos en nuestro día a día, con vecinos y ciudadanos a los que prejuzgamos sin piedad. También eso tenemos que hacérnoslo mirar.