martes, 5 de septiembre de 2023

Gala, en la tarde infinita




Gala, estoy persuadido de que nos ves por un diminuto pliegue del espacio-tiempo. Y que con tu eterna curiosidad felina contemplas a los viandantes de la calle Oaxaca ajenos al tráfago, a las urracas graznando mientras construyen sus nidos y cómo el último sol del atardecer parece que incendia las ventanas de los edificios. Ahora, Gala, estás en la tarde eterna, en la que el sol no se llega a poner nunca. Sospecho que echas de menos a tu inseparable y molesto Dalí, robándote el pienso del cuenco mientras huye veloz hacia la cocina con una sonrisa mezcla de delectación y pillería. Sí, Gala, tú nos ves desde un aleph borgiano, en el otro lado de este plano de la existencia. Desde allí contemplas el podio desde el que señoreabas el barrio y veías a los niños señalándote camino de la escuela gritando: «¡Mira, mamá, la terraza de los gatos!».

Siento que nos espías tendiendo la ropa allí donde en tu vida terrenal te pasaste los días dormitando y escudriñando horizontes. Como ves, Ana me sigue riñendo por no saber poner las pinzas en el pliegue en el que no deja marca. Dalí te busca con la mirada y no comprende tu ausencia en el rascador, al que no se atreve a subir. Allí está la pelota de los moños que has conservado durante 12 años en los que nunca bufaste a nadie. Ay, Gala, me dijeron que los gatos eran seres psicopompos. Es verdad. Has guiado nuestras almas sobre caminos de comprensión infinita al mundo animal, sobre el respeto a la vida, por pequeña que sea. Tú me has inspirado mucho más que textos literarios o periodísticos. Me has enseñado que es posible vivir en máxima armonía con el mundo, solo contemplando las flores, las nubes que se nos escapan, los ciclos de la tierra, en definitiva, las cosas que verdaderamente tienen importancia. 

martes, 22 de agosto de 2023

Pechos al aire

 Pechos al aire

Hay que normalizar los pechos a ojos vista e incluso liberarlos del martirio de los sujetadores


Hace escasas fechas, al abrir la puerta de mi ascensor, me topé con una mujer joven con un seno al aire. En ese mismo momento su bebé se había destetado, dejando su busto al descubierto. Mi reacción fue de sonrisa cómplice y de buenos deseos para el pequeño. Todo fue normal y sencillo. Yo diría que hasta agradable. Sin embargo, últimamente eso de ir a pecho descubierto causa revuelo e incomodo. Bueno, lo de ‘últimamente’ no es cierto, porque la involución en la que vivimos nos hace percibir los senos a la vista (normalmente una parte muy hermosa del cuerpo) como una amenaza. Dan miedo y no lo entiendo. Quizá porque sea zona hipersexualizada.  


Al parecer todo empezó con un concierto de la cantante Rocío Saiz en Murcia, en el que se quedó desnuda de cintura para arriba interpretando el ‘Cómo yo te amo’ de Manuel Alejandro. Un policía se extralimitó y la detuvo en el escenario en un sindios propio de una película de Berlanga. Le ha seguido la estela Eva Amaral, de quien recuerdo sus vínculos con Cáceres, pues era sobrina de ‘El Nano’, personaje icónico de la ciudad. Con un cuarto de siglo de experiencia a sus espaldas, Amaral reivindica el cuerpo femenino en una imagen que me recuerda a La Libertad guiando al pueblo, el cuadro de Delacroix. Solo pide libertad para el cuerpo femenino, excesivamente encorsetado por la moda y los prejuicios. Deberíamos normalizar los pechos a ojos vista, e incluso liberarlos del martirio de los sujetadores, percibiéndose por encima de la ropa. ¿Por qué ese miedo al pezón nutricio? Nunca lo entenderé. Tenemos que dejar de etiquetarlo todo. Ni la que lleva el pecho desnudo incita al sexo, ni si fuera así sería malo en sí mismo. Ojalá pudiéramos normalizar el desnudo. Nos ahorraríamos muchas sesiones de psiquiatría. Ya lo dijo Rigoberta Bandini en aquella canción.

martes, 11 de julio de 2023

UAPs, antes llamados ovnis

 UAPs, antes llamados ovnis

Recuerdo la época dorada de la radio en la que las ‘Alertas Ovni’ congregaban a millones de personas mirando los cielos en las noches de verano

Uno se empieza a dar cuenta de que se vuelve viejo cuando palabras que creía eternas son sustituidas por otras, generalmente por horrendos anglicismos. Es el caso del acrónimo ‘ovni’, los traídos y llegados objetos voladores no identificados. Desde hace un año esta palabra ha empezado a ser sustituida por UAP, otro acrónimo, en este caso de ‘unidentified aerial phenomena’, que es como quiere la NASA que denominemos a cualquier acontecimiento en los cielos del que no sepamos su origen. Cambiar el nombre de las cosas no deja de ser una forma de irlas diluyendo en la niebla del tiempo.

En estos días de verano recuerdo con gran nostalgia aquellos periódicos de los años 70 en los que no era raro ver en sus portadas titulares sobre ‘platillos volantes’, con fotos que eran auténticos manchurrones. Y sobre todo, recuerdo la dorada época de la radio en la que programas como ‘Medianoche’ (SER) de Antonio José Alés, movilizaban a millones de personas en las llamadas ‘Alertas Ovni’. Los Barruecos se llenaban de ávidos cazadores de ovnis, quienes durante una noche entera escudriñaban los cielos y reportaban las luces que veían, en algunos casos sin explicación. En la actualidad, el programa de radio ‘El último peldaño’ (Onda Regional de Murcia) es el que ha recogido el testigo y sigue convocando en todo el país a mirar el firmamento, en este caso el próximo viernes 21 de julio a partir de las diez de la noche y hasta entrada la madrugada del 22. Extremadura ha sido un espacio bastante frecuentado por los no identificados. Basta recordar casos como el humanoide de la base de Talavera la Real, los muchos habidos la comarca de Las Hurdes, o aquel «fuego que cayó del cielo» en Torrejoncillo, amén de otros muchos. Estos días de descanso veraniego propongo mirar al cielo y hacerse preguntas como la si estamos solos en el Universo. Personalmente, creo que no, por una simple cuestión de probabilidad.