lunes, 11 de septiembre de 2023

Aplausos al cielo

El 8-S me acordé de los muchísimos trabajadores que a lo largo de un siglo han pasado por El Periódico Extremadura, muchos de ellos con una labor discreta, prudente y callada



He asistido a lo largo de estos 32 años de ejercicio profesional a muchos Días de Extremadura. Claro está, nunca con tanta emoción ni orgullo como en este último. Quisiera resaltar que no había escuchado tantos aplausos improvisados a los reconocidos con los galardones del 8-S. En las gradas del Teatro Romano de Mérida se aplaudió a rabiar y se hizo de corazón, especialmente cuando salía en la pantalla alguna imagen de El Periódico Extremadura o se le citaba. No era una clap orquestada artificialmente la que daba palmas. Ni siquiera los aplausos correspondían solo a los trabajadores que nos habíamos desplazado allí. El hemiciclo lo hacía por completo, con fuerza, agradecimiento, sinceridad y orientaba sus manos hacia donde estábamos los curritos, algunos por cierto, trabajando in situ. En esos momentos me acordé de los muchísimos trabajadores que a lo largo de un siglo han pasado por la casa, aportando, cada uno en su momento, el esfuerzo para llegar a estos cien años que no son meta, sino solo un hito en una carrera que apunta más lejos. Ojalá esos aplausos se hayan oído en el cielo donde ahora tantos profesionales de la casa descansan del trajín informativo.

Eso sí, si hubiera habido un ‘aplausómetro’, la palma se la hubiera llevado la Unidad de Oncohematología del Materno de Badajoz. Entre el público no solo había padres de niños que han superado la enfermedad, sino también aquellos que no pudieron hacerlo. Fíjense qué nivel de agradecimiento. El pasado viernes sentimos el calor de toda una región. Después vendrá el día a día. Los medios de comunicación debemos ser «incómodos», como dijo la presidenta María Guardiola y seguiremos siendo molestos para el poder como el tábano de Sócrates y criticados como él. Aún así, ahora sabemos que el esfuerzo merece la pena con creces.

martes, 5 de septiembre de 2023

Gala, en la tarde infinita




Gala, estoy persuadido de que nos ves por un diminuto pliegue del espacio-tiempo. Y que con tu eterna curiosidad felina contemplas a los viandantes de la calle Oaxaca ajenos al tráfago, a las urracas graznando mientras construyen sus nidos y cómo el último sol del atardecer parece que incendia las ventanas de los edificios. Ahora, Gala, estás en la tarde eterna, en la que el sol no se llega a poner nunca. Sospecho que echas de menos a tu inseparable y molesto Dalí, robándote el pienso del cuenco mientras huye veloz hacia la cocina con una sonrisa mezcla de delectación y pillería. Sí, Gala, tú nos ves desde un aleph borgiano, en el otro lado de este plano de la existencia. Desde allí contemplas el podio desde el que señoreabas el barrio y veías a los niños señalándote camino de la escuela gritando: «¡Mira, mamá, la terraza de los gatos!».

Siento que nos espías tendiendo la ropa allí donde en tu vida terrenal te pasaste los días dormitando y escudriñando horizontes. Como ves, Ana me sigue riñendo por no saber poner las pinzas en el pliegue en el que no deja marca. Dalí te busca con la mirada y no comprende tu ausencia en el rascador, al que no se atreve a subir. Allí está la pelota de los moños que has conservado durante 12 años en los que nunca bufaste a nadie. Ay, Gala, me dijeron que los gatos eran seres psicopompos. Es verdad. Has guiado nuestras almas sobre caminos de comprensión infinita al mundo animal, sobre el respeto a la vida, por pequeña que sea. Tú me has inspirado mucho más que textos literarios o periodísticos. Me has enseñado que es posible vivir en máxima armonía con el mundo, solo contemplando las flores, las nubes que se nos escapan, los ciclos de la tierra, en definitiva, las cosas que verdaderamente tienen importancia. 

martes, 22 de agosto de 2023

Pechos al aire

 Pechos al aire

Hay que normalizar los pechos a ojos vista e incluso liberarlos del martirio de los sujetadores


Hace escasas fechas, al abrir la puerta de mi ascensor, me topé con una mujer joven con un seno al aire. En ese mismo momento su bebé se había destetado, dejando su busto al descubierto. Mi reacción fue de sonrisa cómplice y de buenos deseos para el pequeño. Todo fue normal y sencillo. Yo diría que hasta agradable. Sin embargo, últimamente eso de ir a pecho descubierto causa revuelo e incomodo. Bueno, lo de ‘últimamente’ no es cierto, porque la involución en la que vivimos nos hace percibir los senos a la vista (normalmente una parte muy hermosa del cuerpo) como una amenaza. Dan miedo y no lo entiendo. Quizá porque sea zona hipersexualizada.  


Al parecer todo empezó con un concierto de la cantante Rocío Saiz en Murcia, en el que se quedó desnuda de cintura para arriba interpretando el ‘Cómo yo te amo’ de Manuel Alejandro. Un policía se extralimitó y la detuvo en el escenario en un sindios propio de una película de Berlanga. Le ha seguido la estela Eva Amaral, de quien recuerdo sus vínculos con Cáceres, pues era sobrina de ‘El Nano’, personaje icónico de la ciudad. Con un cuarto de siglo de experiencia a sus espaldas, Amaral reivindica el cuerpo femenino en una imagen que me recuerda a La Libertad guiando al pueblo, el cuadro de Delacroix. Solo pide libertad para el cuerpo femenino, excesivamente encorsetado por la moda y los prejuicios. Deberíamos normalizar los pechos a ojos vista, e incluso liberarlos del martirio de los sujetadores, percibiéndose por encima de la ropa. ¿Por qué ese miedo al pezón nutricio? Nunca lo entenderé. Tenemos que dejar de etiquetarlo todo. Ni la que lleva el pecho desnudo incita al sexo, ni si fuera así sería malo en sí mismo. Ojalá pudiéramos normalizar el desnudo. Nos ahorraríamos muchas sesiones de psiquiatría. Ya lo dijo Rigoberta Bandini en aquella canción.