martes, 14 de noviembre de 2023

'Now and then', cadáver exquisito

 'Now and then', cadáver exquisito

Por una vez la inteligencia artificial se ha empleado en hacer feliz a millones de beatlemaníacos

El mundo esperaba con fruición Now and then, oficialmente la última canción de The Beatles. Con la ayuda de las redes sociales este postrero trabajo de los cuatro fabulosos de Liverpool se ha convertido en una necesidad de consumo que ha llegado al último rincón del planeta. Siempre hay hambre de algo nuevo de este cuarteto único en la historia de la música, y más cuando ya ha pasado más de medio siglo desde que se separaron los añorados John, Paul, George y Ringo.


Lennon es el autor de este tema que la inteligencia artificial ha logrado resucitar como si se tratara de un cadáver exquisito. Al parecer, estaba grabado precariamente en una cinta de casete con un piano que en ocasiones ahogaba la voz del pacifista asesinado. Si la IA puede rescatar eso bienvenida sea. Es cierto que la restauración arroja una interpretación algo zombie, pero es su estilo, su forma de cantar y de componer, aunque suena artificiosa en algún fragmento. La guitarra de Harrison se ha añadido tras ser rescatada de un intento en los años noventa de grabar el tema.


¡Levántate y canta, John! Parece que eso es lo que han conseguido hacer Peter Jackson y Paul McCartney. Estoy imaginando a miles de productores buscando entre las miles de demos y maquetas de sus artistas fallecidos material similar para resucitar. No deja de ser un poco extraño después de tantos años oír la voz de este genio universal entonar unos versos tristes que tienen un indiscutible aire a despedida. Lo curioso es que cada trabajo de cada uno de ellos sea de facto una auténtica máquina de hacer dinero.


Al menos, por una vez, la IA se ha empleado en algo útil, que ha hecho feliz a millones de beatlemaníacos. Bienvenida sea, al menos, en este caso.

martes, 7 de noviembre de 2023

Cáceres ciudad sonora

Las ciudades tienen su propia música, ese ritmo interior que marcan los metrónomos hundidos en sus aljibes

Las ciudades antiguas sueñan con el mar y piden a los viajeros ofrendas de conchas, estrellas y gelatinosas algas verdes para restañar los siglos de silencio que erosionan sus adarves. Parece que sus piedras palpitan acompañando el rasgueo de una guitarra en la mañana luminosa, el melismático quejido del cantaor espontáneo, o los doce compases del blues que llegó desde un lamento azul nacido en el Misisipi profundo. Las ciudades -y Cáceres no es una excepción- tienen su propia música, ese ritmo interior que marcan los metrónomos sumergidos en sus aljibes, las lápidas de astronautas del pasado en los museos, o las desvencijadas gárgolas que son trasunto de las hazañas de quienes cruzaron ese añorado mar primigenio.

Allí, sobre los tejados del corazón de la ciudad, maullidos quejumbrosos y crotoreos de apareamiento acompañan a los transeúntes, ajenos al tráfago y a las exigencias urbanitas. Cáceres, ciudad sonora, acompasa al caminante con la cadencia de un arrullo materno, y le guía entre las plazas de Santa María y San Jorge, buscando el ritmo seguro de sus fósiles atrapados en las canterías milenarias.

Sí, Cáceres es un vals, con sus dos tiempos suaves y uno fuerte y asincopado, que hay que bailar mirando a sus ojos de agua antigua, consciente de que está tan hecha a la medida del hombre que la lluvia, las procesiones, la música o el teatro siempre la desbordan. Sin ese swing, sin ese tempo medio y rápido tan adictivo, los moradores de la ciudad caminaríamos desnortados, desprovistos de nuestro reloj interno, de esa deliciosa y atávica condena que nos devuelve al centro tonal de su canción medieval, atrapados en una melodía encadenada, que nos tiene in aeternum embelesados por una belleza que nos es imposible de comprender o de atrapar solo con la mermada red de nuestras pobres palabras.


martes, 31 de octubre de 2023

Halloween todo el año

'Truco o trato’ dice el aforismo de esta fiesta importada que nos quieren imponer bajo el horrible nombre de Halloween. Discúlpenme los adeptos a esta celebración yanqui con la que quieren subsumir la de Todos los Santos, que es mañana, y la de Todos los Fieles Difuntos, el miércoles. Entiendo que los niños pequeños se quieran disfrazar de mamarracho y que les guste que les den caramelos, pero donde esté un buen calbote que castañas asadas y un Don Juan Tenorio de José Zorrilla con toda su tragedia y su convidado de piedra que se quite toda esa patraña invasora que se nos cuela por televisores y redes sociales.

Además, tengo la impresión de que Halloween es todo el año. Últimamente, no sucede nada bueno ni hermoso en el mundo. Estamos con el pellizco en el estómago cogido cada vez que nos exponemos a las pantallas digitales. Que si China está a punto de entrar en guerra, que si en Ucrania los soldados fallecidos son legión, o que si el odio eterno entre Palestina e Israel se ha cobrado más vidas y de la forma más cruel imaginable. ¿Han calculado ustedes cuántos muertos salen por telediario? ¿Han pensado a cuántas imágenes horribles se exponen cada vez que entran en una red social? Eso sí que son muertos vivientes, de verdad, sin filtro, en un Halloween que dura todo el año. Y a veces la violencia la tenemos muy cercana como los sucesos recientes que hemos vivido en Cáceres. Si vas a un supermercado a comprar una botella de aceite te la encuentras con alarma, aunque el atraco sucede cuando pasas por la caja registradora… Me pregunto si habrá noticias buenas en este maremágnum de dolor en el que vivimos. Solo me queda recomendar no ver los telediarios ni exponerse a las redes sociales. Si acaso leer el Periódico Extremadura, que los periódicos son bálsamo para la mente y lenitivo para las heridas del corazón. Palabra.