Cuando me enteré de que había tocado la lotería en Cáceres aquel invierno frío pensé que era una broma. Ahora no recuerdo el número, pero sí lo evoco rodeado de espumillón rojo, en la penumbra de aquel bar donde todos los viernes iba a tomarme un bocadillo. Mi pereza por cocinar y la proximidad del fin de semana me llevaba a la plaza donde vivía, en Isabel de Moctezuma, a un bar de montaditos rápidos. El número estaba allí, centelleante. Fue un segundo o tercer premio. El caso es que en alguna ocasión había pensado en comprarlo, después de tomarme el emparedado, normalmente de atún con pimiento morrón. El número estaba bien grande e incluso un despistado crónico como yo lo veía. Dicen que hay números bonitos y feos. Este debía ser de los neutros. ¡Pero bueno, si yo nunca juego a la lotería! Eso sí, era Navidad, y en esta época se hacen cosas estrafalarias como desearse el bien a todos y regalar perfumes y corbatas. El número de alguna forma me llamaba, pero yo no escuché su canto de sirenas. Después, desde mi ventana, empecé a ver a la gente bailando en la calle, con las botellas de champán. Siempre he pensado que lo de la lotería era mentira, que en realidad no toca a nadie y que todo es un gran montaje del Estado para recaudar dinero. Estaba equivocado, la lotería toca, siempre a otros, pero toca. Hay refranes que dicen que la mala suerte en la lotería se compensa con una gran suerte en la vida sentimental. Todo es una gran mentira, amigos míos. Refrán: Desgraciado en el juego, afortunado en amores.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
jueves, 28 de diciembre de 2006
UNA MARBELLA DE SAINETE
Hoy no voy a contar un cuento, como en días pasados. Pero hablaré de una realidad que supera con creces la ficción. Cuando era pequeño me gustaba leer la cartelera de cine en el Abc. Los títulos, en aquel momento de inicio de la democracia, me hacían gracia: El fontanero, su mujer y otras cosas de meter , El fascista, la criada y su hija desvirgada , Caray con el mayordomo ¡qué grande tiene el maromo! ...
De ahí, sin duda, procede mi querencia por el pareado fácil. Aquellas películas eran una especie de sainete burdo (las vi después, con mayoría de edad ¿eh?). Parecían un vodevil en el que los personajes eran un topicazo detrás de otro. Nunca pensé que en la vida real se daban estas situaciones, pero en Marbella, en la Andalucía de mis pecados y recuerdos, se están desarrollando.
Analicemos: Un camarero se convierte en el amo del cotarro tras derrocar a un minidictador local. Es un títere, además, de un cerebro en la sombra con una casa de los horrores decorada a base de talonario. Su mujer --la del camarero-alcalde-- despechada por sus amoríos con una folclórica empieza a hablar en las televisiones de bolsas de basura llenas de dinero. A la folclórica le salen trapos sucios por todas partes: desde una relación con una periodista para trincar dinero hasta un hijo al que filman en la casa de Madame Claude . Lo cierto es que los escritores ya no necesitan irse a la montaña a inspirarse. Sólo tienen que poner la televisión. La avaricia de la alta sociedad es un montón de detritus donde se revuelcan los señoritos. Refrán: ¡Ay, Marbella, tan corrupta y tan bella!
LAS ANDANZAS DE MEDIOHOMBRE
Mediohombre se tomó su café cortado sobre la mesa de la cocina, pero no se acabó la taza. Había empezado un cigarrillo, aunque lo tiró al suelo a la mitad. Salió a la calle, pero cuando estaba ya camino del trabajo se desvió a una esquina a mitad del trayecto. Mediohombre nunca acababa lo que se proponía. Era así. No había nadie que pudiera cambiarlo. Te dejaba a medias. En la oficina, sus compañeros nunca le encargaban trabajos. Jamás remataba ninguno. Cuando llegaba la hora del almuerzo apenas se terminaba el bocadillo que su mujer amorosamente le había preparado envuelto en plástico transparente. Nadie le quería, por extravagante. Aparecía siempre en los actos oficiales con media etiqueta cuando lo que pedían era frac. Tenía aficiones muy extrañas. Comenzaba libros, pero nunca pasaba de la página 200 si tenía 400 páginas, por ejemplo.
--¿Eres incapaz de acabar nada?, le gritaba su jefe mientras exhibía un informe perfectamente comenzado por Mediohombre, pero sin las conclusiones que tendría que llevar.
No había acabado la carrera. Se quedó en tercero de Económicas. Esbozaba siempre una media sonrisa y nunca sabías si daba su consentimiento o desaprobaba tus argumentos cuando te escuchaba. Aquella noche volvió a casa después de ver el partido en el bar hasta el intermedio. Había dejado el pitarra a la mitad. Una vez en el dormitorio, se metió en la cama y abrazó a su mujer hasta formar un sólo cuerpo. Refrán: A veces encuentras tu mitad en la intimidad.
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