martes, 12 de junio de 2007

VARIOS MISTERIOSOS PROBLEMAS DOMÉSTICOS

Por qué siempre duermen en el baño los botes de champú vacíos durante meses? ¿Por qué dejo la afeitadora eléctrica sobre la cisterna cuando lo más probable es que se caiga? ¿Por qué uso a veces el albornoz de mi tía que está hecho jirones? ¿Por qué prefiero usar el desinfectante de siempre en vez del que se anuncia en la televisión? ¿Por qué cada vez que limpio la cocina dejo una cuchara sucia en el fregadero? ¿Por qué escondo el licor en la trampilla de debajo si casi nunca bebo? ¿Por qué mezclo los botes de desinfectante con el vinagre en el mismo compartimento? ¿Por qué cuando limpio el apartamento dejo siempre la fregona y el cubo en una de las habitaciones y no los oculto en el cuarto de los trastos? ¿Por qué me cuesta tanto hacer la cama nada más levantarme? ¿Por qué tengo la manía de fregar los platos en cuanto acabo de comer? ¿Por qué todos los sábados me gusta hacer una sopa de caldo criollo con pasta? ¿Por qué me sale tan bien el pastel de pescado? ¿Por qué se me olvida regar las plantas del salón y sólo lo hago cuando ya veo que empiezan a morirse? ¿Por qué apuro al límite los tubos de pasta de dientes? ¿Por qué cuando plancho la primera camisa me queda siempre mejor que la última? ¿Por qué los calcetines se me acaban estropeando tras los primeros lavados? ¿Por qué nunca estoy satisfecho con la limpieza de la mesa del salón? ¿Por qué mi casa se ha llenado de misterios domésticos? ¿Por qué hay tanta incertidumbre en tan poco espacio vital? Refrán: Cada día es una aventura, hasta cuando tiras la basura .

martes, 5 de junio de 2007

UNA POSADA ENTRE BRUMAS INGLESAS


Cuando lord Jim llegó a la posada la niebla se había extendido por el valle y no se distinguía nada a menos de un palmo. Aunque era temprano, ya había oscurecido en el duro invierno inglés. Estaba citado con lord Sinclair , que ya le esperaba tomando una espumosa pinta de cerveza. Con una señal, le hizo entender al posadero que cenarían en el reservado de siempre y que no querían que nadie les molestara.
--Ya sabes por qué estamos aquí-- dijo Jim mirándole a los ojos y esbozando una sonrisa.
Sinclair se fue a matar al cabrito como habían hecho otras veces y dibujaron en el mugriento suelo del hostal un pentáculo con su sangre. Dentro de él harían la invocación habitual. El ritual se acompañaba con la ingesta de unos brebajes que el propio Jim preparaba con ayuda de las brujas de la comarca. El líquido tenía un efecto euforizante. Y ellos habían llenado sus pipas con opio para toda la noche. Invocaron a la luna, a los espíritus, a los dioses paganos, al Diablo, a Fausto, a Mefistófeles, a Belcebú, al Grandísimo Cabrón de los Bosques... Cuando se despertaron, al mediodía del día siguiente, estaban en la cama juntos y sudorosos. Habían pedido al Maligno prosperidad en sus negocios, alcanzar una posición social elevada y poder en la vida política. Décadas después volvieron a verse las caras en la misma posada. Nunca lograron la influencia deseada. Por contra, se habían quedado atrapados como espectros para siempre entre los muros del hostal y se distraían asustando a los viajeros. Refrán: Quien juega con el diablo acaba matando moscas con el rabo.

martes, 29 de mayo de 2007

PARÁFRASIS DE UN POEMA CLÁSICO

Es aún temprano para nuestro pequeño mundo, pero, escúchame, ha llegado la hora. No te miento. Realmente ahora empieza la vida y, escúchame, se han acabado las lágrimas. Sí, soy yo el que abre cada día los pestillos de la noche y deja entrar todas esas estrellas pequeñas y azules en el dormitorio. Escúchame bien, porque lo que te voy a decir no te lo ha dicho nadie hasta el momento. Abre de una vez esos ojos cansados. ¿No te acuerdas? Un día empezaste a andar, en aquella playa primera de tu vida. Un paso tras otro y --escúchame-- llenos de titubeos. Y te diste cuenta de que el sol te quemaba la piel desnuda, tan desnuda como mi alma ahora. Y parecía que nunca aprenderías a andar como los demás. Pero, escúchame, tus pies hoy van más ligeros que nunca. Y las alas han crecido, escúchame, de tu propio cuerpo. Yo solo he puesto el escenario, algunas palabras, algún beso, pero, escúchame, que lo que comienza ahora es tan difícil como lo era al principio del mundo. ¿Me escuchas? Soy yo el que ama y tiene miedo, el que teme --escúchame-- que el firmamento se le venga encima y le parta la cabeza un día. Pero tienes que oírme, porque si no me entiendes mañana no habrá pan, ni sol, ni música que compartir, ni amor. Escúchame, porque soy yo quien grita en lo interminable. Escúchame, porque de lo contrario no habrá más que un estremecedor silencio. Escúchame porque soy yo quien dice escúchame frente a este precipicio en el que ni tú ni yo vamos a caer. Refrán: Cuando dos se entienden, los corazones se encienden. .