Durante mi estancia veraniega en Sevilla he descubierto que la ciudad está como loca con el tranvía. He de reconocer que es precioso y que la avenida de la Constitución ha quedado imponente sin coches. El tranvía sevillano tiene sus detractores y defensores, ya que la vibración podría afectar a la Catedral. Además, para evitarla hay que untar las vías con vaselina. Y ya saben; denle a los sevillanos las palabras tranvía , catedral y vaselina y tendrán el chiste y el chascarrillo asegurado. No lo duden.
Por eso me aventuro a imaginar cómo sería Cáceres con un tranvía; y el color de las líneas que habría.
Yo quisiera que hubiera una línea Nuevo Cáceres-Centro, para poder ir cómodamente a la calle Doctor Marañón a trabajar. Otra línea podría ser Aldea Moret-Llopis--Plaza de Italia. Sería la línea gris o la azul, porque ahora hay por allí unos baños famosos.
La línea glamurosa uniría el R-66 con la Sierrilla. Sería la línea dorada o plateada.
Una línea verde de tranvía podría conectar la ciudad con la Montaña. A la que recorriera la ciudad monumental podría tener color marrón piedra.
La delgada línea roja uniría el domicilio de Heras con el de Pavón y el de Vela .
La línea fantasma recorrería La Madrila los sábados por la noche. También habría una línea mortal para aquellos que se meten mierda en el cuerpo en vez de endorfinas. Bueno, habría líneas para todos los gustos, que no son más que la distancia más corta entre dos puntos. Refrán: La tercera vía a veces es un tranvía .
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 31 de julio de 2007
martes, 24 de julio de 2007
EL SÍNDROME DE LA RATITA PRESUMIDA

Una de mis lecturas veraniegas me ha descubierto el síndrome de la Ratita Presumida. De hecho, creo que soy uno de los pocos hombres que lo padecen. El síndrome es esa querencia que nos lleva a emparejarnos con quien acabará sin duda devorándonos o destruyéndonos. Por eso me permito recordar cómo fue aquella historia de la ratita.
La Ratita Presumida era más cursi que una perdiz con ligas, pero entre sus virtudes se encontraba el ser muy hacendosa. Una mañana muy luminosa se puso a limpiar la acera de su casa. Vivía --creo-- que por el R-66, aunque iba al centro de entrenamiento de El Perú de cuando en cuando. Esa mañana mientras barría se topó con una gran moneda de oro. Entonces decidió que iría al Eroski y se compraría un gran lazo azul para su rabo, es decir, para la cola que lucen todos los roedores, incluso las ratitas.
Lo atractivo del lazo la convirtió muy pronto en objeto de deseo de multitud de pretendientes.
Ratita, ratita... ¿Te quieres casar conmigo?, le dijo el ratón.
--¿Y por las noches qué harás?
--Dormir y soñar..., le contestó.
--No, yo quiero algo mejor.
Y vino el topillo y también se le declaró a la ratita.
--¿Te quieres casar conmigo?, le dijo agitando nervioso la trompilla.
--No, yo busco algo más...
Entonces llegó el gato aristogato.
--¿Ratita te quieres casar conmigo? Soy gato salvaje y macarra...
--¡Uy, sí!, le dijo la ratita.
--Te quiero tanto ratita... ¡que te comería!
¡¡¡Y se la comió!!!
Refrán: Tenemos una extraña querencia de amar a quien nos hará firmar de muerte la sentencia.
La Ratita Presumida era más cursi que una perdiz con ligas, pero entre sus virtudes se encontraba el ser muy hacendosa. Una mañana muy luminosa se puso a limpiar la acera de su casa. Vivía --creo-- que por el R-66, aunque iba al centro de entrenamiento de El Perú de cuando en cuando. Esa mañana mientras barría se topó con una gran moneda de oro. Entonces decidió que iría al Eroski y se compraría un gran lazo azul para su rabo, es decir, para la cola que lucen todos los roedores, incluso las ratitas.
Lo atractivo del lazo la convirtió muy pronto en objeto de deseo de multitud de pretendientes.
Ratita, ratita... ¿Te quieres casar conmigo?, le dijo el ratón.
--¿Y por las noches qué harás?
--Dormir y soñar..., le contestó.
--No, yo quiero algo mejor.
Y vino el topillo y también se le declaró a la ratita.
--¿Te quieres casar conmigo?, le dijo agitando nervioso la trompilla.
--No, yo busco algo más...
Entonces llegó el gato aristogato.
--¿Ratita te quieres casar conmigo? Soy gato salvaje y macarra...
--¡Uy, sí!, le dijo la ratita.
--Te quiero tanto ratita... ¡que te comería!
¡¡¡Y se la comió!!!
Refrán: Tenemos una extraña querencia de amar a quien nos hará firmar de muerte la sentencia.
sábado, 21 de julio de 2007
EL DOLOROSO BLUES DE LA DESILUSION

A veces canto blues. Y me vuelvo azul. Otros días siento en mi espalda todo el peso del mundo. En ocasiones contadas aúllo junto a la luna y doy de comer a los lobos. Muchas madrugadas las paso despierto pensando en cómo sería este mundo sin tanto idiota, con menos avariciosos, solo lleno de gente honesta.
Por eso, hay noches que canto el blues de la desesperación y las notas del piano suenan largas como lágrimas moradas. Mi guitarra ya llora al fondo de lo interminable sin tocarla siquiera. Algunos días siento que quiero darle una patada al Planeta para que --de un golpe-- se vayan todos los mediocres, los que extorsionan, los que han basado su vida en una mentira comprada entre el gin-tonic y la niebla.
El blues tiene tres acordes, pero en ellos se agazapa todo el dolor de la humanidad. Machacón, monótono, repetitivo y fieramente humano. Hay días que la sonrisa de mis labios se hace un ejercicio de gimnasia. En algunos momentos me gustaría gritar la verdad de tanta injusticia basada en el dinero, la ambición y la avaricia. Y me gustaría decirle a la cara a las hetairas que no han pecado ellas, sino sus clientes poderosos; que las auténticas rameras son hombres y mujeres que han prostituido su alma por el relumbrón de un plato de diamantes. Es el blues de la desilusión. Es el son de mi silencio cómplice, responsable de este desastre de mundo, incapaz de denunciar a diario a tanto mostrenco prepotente y adorador del oro del Becerro de Oro. Refrán: Nuestro silencio es responsable de este mundo inhabitable .
Por eso, hay noches que canto el blues de la desesperación y las notas del piano suenan largas como lágrimas moradas. Mi guitarra ya llora al fondo de lo interminable sin tocarla siquiera. Algunos días siento que quiero darle una patada al Planeta para que --de un golpe-- se vayan todos los mediocres, los que extorsionan, los que han basado su vida en una mentira comprada entre el gin-tonic y la niebla.
El blues tiene tres acordes, pero en ellos se agazapa todo el dolor de la humanidad. Machacón, monótono, repetitivo y fieramente humano. Hay días que la sonrisa de mis labios se hace un ejercicio de gimnasia. En algunos momentos me gustaría gritar la verdad de tanta injusticia basada en el dinero, la ambición y la avaricia. Y me gustaría decirle a la cara a las hetairas que no han pecado ellas, sino sus clientes poderosos; que las auténticas rameras son hombres y mujeres que han prostituido su alma por el relumbrón de un plato de diamantes. Es el blues de la desilusión. Es el son de mi silencio cómplice, responsable de este desastre de mundo, incapaz de denunciar a diario a tanto mostrenco prepotente y adorador del oro del Becerro de Oro. Refrán: Nuestro silencio es responsable de este mundo inhabitable .
Suscribirse a:
Entradas (Atom)