martes, 2 de octubre de 2007

¿EL MATRIMONIO ES UN MANICOMIO?

Contemplo con estupor que la comedia de situación Escenas de matrimonio está triunfando en la televisión. Como un amigo me la recomienda, la veo, sobre todo, porque me dice que se ríe uno mucho y eso nunca viene mal.

Pero el argumento parece salido de la mente de algún primate en periodo de incubación de un virus diarreico: diálogos de tres parejas en distintos momentos de su vida. Lo que podía ser una comedia hilarante se convierte en una sucesión de insultos, uno tras otro, entre los cónyuges. Al parecer resulta muy divertido ver como dos personas que deberían amarse emplean la violencia verbal entre ellos de forma contumaz e hiriente.

Nadie parece darse cuenta del mensaje subliminal de esta casposa serie producida por el ventrílocuo José Luis Moreno . El insulto, el engaño, la desconfianza, la falta de comunicación y la prepotencia no son --no deben ser-- el paisaje diario de una pareja. Pero algunos lo ven normal.

La verdad, estoy pasmao con la penetración de este bodrio de sainete. Topicazos se suceden sin fin entre los personajes: el joven es un vago que le tiene repelús al compromiso y su pareja es medio lela. El matrimonio de edad media es un espanto de frigidez y aburrimiento. Pero el que más me preocupa es el los señores en edad provecta. Al parecer, con el tiempo en la pareja todo se convierte en descalificaciones continuas. Lamento profundamente vivir en una sociedad en la que la pareja se concibe como una pelea de púgiles. Refrán: ¿Son escenas de matrimonio o de manicomio?

martes, 25 de septiembre de 2007

NOCHE EN VELA EN LA ESTACIÓN DEL BUS

Como tenía sequía de ideas para contar en la columna me decidí a ir a la estación de autobuses a ver qué es eso del cruising . "Vamos a vivir una noticia en carnes propias", me dije. No se preocupen. No he adquirido un nuevo hábito, ni he cambiado mi orientación sexual, si es que alguna vez he estado orientado en ese aspecto. Para quien no sepa qué es el cruising les diré que es sexo ocasional, con desconocidos, rápido e inconsciente en un lugar público determinado. Debe ser una nueva moda importada, pero a mí me recuerda a los mirones y exhibicionistas de urinario de toda la vida. Pero, ala, dale un nombre en inglés y ya parece que es algo que solo practica gente muy selecta y muy fina.
Pues bien, a la salida del periódico, en vez de irme a casa, decidí pasarme por la estación de autobuses. Estuve una media hora observando a quienes usaban el baño de caballeros. Pero no pasaba nada, ni entraba nadie.
Entonces entré y --oh, sorpresa-- había alguien que debía estar evacuando su vejiga desde hacía media hora. El hombre, calvo y de camiseta ajustada, me miró como esperando algún guiñoteo. Yo me metí en los baños que cierran la puerta, asustadillo. Leí las inscripciones anónimas durante un buen rato. Son imposibles de reproducir en esta columna y hacían referencia a encuentros por esos lares e invitaciones varias a no sé qué prados cercanos.
A mi salida, el muchacho rasuradete seguía por allí, pululando sin parar. Me dejó preocupado. ¡Tan joven y con problemas de próstata! Refrán: Yo que tú consultaba al doctor López Ibor.