miércoles, 24 de septiembre de 2008

Todos tenemos la tripa de Miguel Bosé

No sé por qué la tripa que lució Miguel Bosé en el concierto de Cáceres ha causado tantos comentarios en la ciudad. Unos que si un artista de su talla no puede permitirse ese cuerpo fofo... Otros que si a ver si está embarazado... Yo creo que un tipo que tiene una fábrica de embutidos en Montánchez tiene derecho a tener tripita, aunque el diminutivo en esta ocasión sea un eufemismo.

Ahora que calienta motores la Feria de Zafra recuerdo a un Bosé en la zona de subastas levantando la tarjeta cuando el mayoral le indicaba. Compró unos sementales de retinto que a los pocos años ya obtenían algún galardón. Al menos parece que se moja personalmente en lo tocante a sus negocios.

¿Se va a privar un artista tan completo de los placeres de la buena mesa? Para cuatro días que vamos a vivir pienso que tenemos derecho a meternos entre pecho y espalda lo que nuestros bolsillos nos permitan y ser todo lo ambiguos o anfibios que nos apetezca ser. Hombre, seguro que Miguel Bosé se puede permitir tener un gimnasio en su casa y ponerse dura la chocolatina.

Los demás ya podemos decir que nuestro abdomen depresible (vientre con lorzas) es más pequeño que el del hombre perfecto. Las caminatas por la Ronda Norte y Nuevo Cáceres adquieren ahora un nuevo sentido y ya no me encuentro tan culpable cuando me tomo una parrillada mirando a la ciudad vieja en el restaurante de Obispo Galarza. En fin, Miguel, muchas gracias. Eres un tipo sin complejos, artista y con barriga. ¡Pues como todos! Refrán: Si el Bosé tiene tripa plebeya es que la lorza es muy bella.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Las tristes historias de Ciconia-Cáceres

Desde que llegué a Cáceres hace ya 18 años siempre eché en falta una gran novela sobre la ciudad. Este es uno de los grandes aciertos de Francisco Rodríguez Criado , habitante y superviviente desde sus orígenes de esta columna de papel. Historias de Ciconia es su último trabajo, una novela coral, en la que la vida de cientos de personajes van tejiendo la realidad de la ciudad de Cáceres. Están todos. No falta ni Leopoldo el de la bicicleta. El mismo Francisco Rodríguez Criado es uno de los personajes. Tan solo una semana de vidas entremezcladas sirve para plasmar este óleo impresionista de una ciudad de provincias en el año 2006. Un cuadro con muchos tonos grises y cierta tristeza. Pero es que esta ciudad es así. El libro tiene el morbo de que sientes que a cada página el siguiente personaje eres tú. Máxime en mi caso, porque las referencias al periódico local y sus trabajadores son constantes. La verdad, lamento no haber sido incluido con un papelito.
Una torre de Babel llena de pequeñas miserias, anhelos, vecinos latosos, ´progres´ que no pueden serlo, jándalos inofensivos, honrados padres de familia que no lo son tanto... Las Historias de Ciconia son plenamente recomendables y en ellas Criado demuestra que domina todos los registros de la creación literaria.
Lo cierto es que siento cierta envidia del autor: Historias de Ciconia es la novela que quisiera escribir antes de morirme. El ya se me ha adelantado. Qué rabia. Tendré que conformarme con mis cuentos esperpénticos y disparatados. Refrán: Por fin esta ciudad es literaria veleidad .

Vida y muerte de tío Fausto, el de los toros

Tío Fausto había perdido la virginidad en Talaván, la vergüenza en Coria y media pierna en los toros de Serradilla hace ya tres veranos. Renegrido y más seco que la mojama, a tío Fausto no se le podía encasillar en una edad concreta. Demasiado viejo para tirarse al ruedo, pero muy joven como para pedirle que se retirase de su afición. Cuando nació ya tenía barba y el médico le dijo a su madre que había tenido un soltero para toda la vida. Ahora arrastraba su pierna ortopédica por todas las fiestas taurinas de la región. Aquello le daba la vida, y mucho más ahora que como último esquilador de burros de la provincia apenas tenía trabajo.
--"Pocos burros en el campo y muchos en Mérida", decía el sabio tío Fausto mientras enseñaba una boca llena de mellas, muelas picadas y zonas oscuras de claro origen infeccioso.
Tío Fausto se fajaba un pantalón atado con una guita o con un cuero de talabartero y se lanzaba a la lidia tradicional entre los vítores de la gente. Por la noche, en las fiestas de san Roque, se dice que era frecuente verle en bares de alterne en las carreteras, donde llegó a tener cuenta abierta. Desayunaba tostadas con aguardiente y por la tarde, tomaba un buen solysombra , mientras echaba la partida con los amigos. Usaba una gorra de mayoral tan raída y sucia por los revolcones que parecía un mendigo. Hablaba poco. No le hacía falta. Un día de borrachera se despertó en el campo rodeado de toros que le lamían las llagas. Entonces supo que había muerto y que estaba en el cielo. Refrán: Dame un capote de oro para que no me pille el toro .