martes, 21 de abril de 2009

El nazareno

Aquel nazareno del Cristo del Amparo llevaba todo el año pensando en la salida de la cofradía. Todos los segundos miércoles de cada mes iba a la ermita, hiciera el tiempo que hiciera. Tenía muchas ganas de salir esa madrugada porque otros años la lluvia y las enfermedades se lo habían impedido. Ahora, a pesar de la crisis, las cosas iban algo mejor. Bueno, su padre siempre había estaba pachucho desde que se quedó viudo. Andaba delicado del estómago. El lunes ya le habían dicho que iba mal. Había vomitado y llevaba unos días sin comer. El habló con los médicos y después se puso a planchar en silencio la capa de la túnica morada --con cuidado en la parte de la cruz de Santiago-- el antifaz negro y el cíngulo blanco, que era un incordio.

--Oye, que tu padre está peor, le dijeron al otro lado del teléfono. Entonces ya empezó a preocuparse y se quedó sin decir nada, ausente, en su mundo, aislado por el dolor.

El nazareno no dijo nada a su mujer y la noche de la salida de la procesión se fue a la clínica San Francisco, a cuidar de su padre. Sobrepasado por la fiebre, le dijo: "Tengo sed". Y él, en silencio, le dio de beber. A la mañana siguiente, después de una noche horrible en el hospital, el padre se despertó sin fiebre. Cuando llegó a casa, su mujer le preguntó por qué había salido de nazareno. "¿Cómo?", dijo él. Ella aseguraba haberlo visto entre los cofrades. Era alguien con la túnica, la capa y el escudo, tal y como los había planchado. Las ropas no estaban en casa. Habían aparecido en la iglesia de San Mateo, en la sacristía. Y es que aquella noche, en el hospital, él fue el mejor nazareno del Cristo del Amparo. Refrán: Salir en una cofradía no es sólo cosa de un día

lunes, 13 de abril de 2009

Reivindicación de la República española

Todavía existen ciertos pudores inconfesables en la sociedad española, después de tantos años de democracia. Y creo que es hora de desnudarse. La República se demonizó en exceso por parte de la dictadura. Después, la monarquía parlamentaria se convirtió en la mejor solución posible para salir de cuarenta años de espantosa represión en todos los órdenes sociales. Todo el mundo habla de Juan Carlos I como garante de que todo esto no se vaya al traste y destacan su papel aquel 23 de febrero en el que el ruido de sables llegó a las casas de todos los españoles a través de la radio y la televisión. Ultimamente, ésta se ha llenado de biotopics que parecen un publirreportaje diseñado por la propia Casa Real.

Excelente. No voy a negar ese papel representativo y ese trabajo realizado por el rey Juan Carlos. Pero lo cierto es que hoy, 14 de abril, conmemoración de la República Española, quisiera reivindicar una sociedad en la que la cúspide de la representación de todos no esté ocupada por alguien por derechos de sangre y otros cuentos. La república, simplemente, es otro sistema de organizar las cosas en el que al frente está alguien elegido por todos. No es ni mejor ni peor, pero yo lo prefiero. Recuerdo cuando el rey vino a la exposición de los 100 años de Caja de Extremadura y casi le di dos veces la mano en el encuentro informal con la prensa, de lo nervioso que estaba. Algún otro se bebió, por despiste, la copa de vino que le traían al monarca. Y es que lo de la monarquía nos nubla la razón a todos, hasta a los republicanos. Refrán: Un republicano educado hasta al rey le da la mano.

martes, 7 de abril de 2009

El doctor Jiménez del Oso, profeta vital

El doctor Fernando Jiménez del Oso está entre mis referentes vitales. Todos saben que era un "enamorado del misterio" y un maestro para la actual generación de informadores de ese cajón de sastre que algunos llaman parapsicología o ciencias ocultas. Pero pocos conocen su dimensión como ser humano o que realmente se ganaba la vida como psiquiatra y que lo del misterio era tan solo una afición para él.

Hace como diez años que vino a Cáceres a presentar un libro llamado Brujas, las amantes del diablo en el colegio mayor Torre de Sande. Tras la charla le pregunté por un libro de un desconocido entonces Iker Jiménez sobre las Hurdes. Entonces me comentó que el chico prometía y que iba a ser uno de los grandes de esto de la divulgación de lo esotérico.

También recuerdo que era una persona que creía en las corazonadas y que no había acudido a dar una conferencia meses antes a Cáceres porque tuvo un pálpito segundos antes de montar en el tren. El era así.

Tampoco sabe el gran público lo creyente que era y la fe que tenía en la oración. De hecho, en uno de sus últimos escritos a unas monjas que rezaban por él afirmaba que Dios era su "mejor amigo". Sus compañeros de equipo le recuerdan por lo bromista (dibujaba cómics) a pesar de las distancias y lo complejo de algunos rodajes.

Solo lamento que en aquella ocasión no hacerme una foto junto a él. No soy mitómano, pero en este mundo de tanto fariseo y tanto conocimiento superficial se echa de menos a este sabio sereno. Refrán: Faltan sabios.