Es tiempo de sillas vacías. Una silla vacía recibió hace poco el premio Sajarov a la Libertad de Conciencia. Su destinatario, Guillermo Fariñas , no podía ir a la ceremonia porque las autoridades cubanas le denegaban el permiso a salir de la isla caribeña. El arriesgó su vida y su salud para conseguir cambios en el régimen de Fidel Castro . Otra silla vacía recogió el premio Nobel de la Paz. Debía haberla ocupado Liu Xiaobo , disidente chino encarcelado también por denunciar las violaciones de derechos humanos en China. Tampoco su mujer pudo salir de las fronteras del gigante asiático.
Estos dos luchadores por la libertad están haciendo un esfuerzo sobrehumano para que sus ciudadanos puedan disfrutar en el futuro de derechos básicos que ahora son una utopía. Probablemente se convertirán en mártires de la libertad de expresión y acabarán sus días en la cárcel. Liu Xiaobo, desde luego, va camino de ello. Detrás de ellos está la gente. Estamos todos, ciudadanos cobardes y aburguesados que nos beneficiaremos de los resultados de su lucha y seguro que no repararemos ni un segundo en recordarles. En España ha habido muchos mártires por la libertad durante la represión franquista. Uno de ellos fue Salvador Puig Antic , ejecutado vilmente. Otros como Marcelino Camacho estuvieron la mitad de su vida en la cárcel y cuando salieron, lejos de llevar una vida de lujo, fueron consecuentes con su ideología. Vivieron como obreros, en el anonimato, mientras muchos ciudadanos entraban de cabeza en la España ´del pelotazo´. Qué sociedad tan olvidadiza. Refrán: Haz lo que yo te digo pero no hagas lo que yo hago.
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 4 de enero de 2011
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Santos Inocentes
Hoy es el día de los Santos Inocentes. Amén de las consabidas bromas y noticias falsas que a veces pueblan periódicos y noticieros este día, me pregunto quiénes son los auténticos Santos Inocentes hoy en día. No es difícil toparse con ellos. Mientras para unos el principal problema de estas fiestas es encontrar un digestivo con el que curarse de los atracones, otros no tienen con qué llenar sus estómagos vacíos a diario. Estamos en una sociedad de contrastes extremos que no nos prepara para la frustración. Tras el paso de Papá Noel, los Reyes Magos caminan inexorables a los domicilios de miles de niños donde dejarán regalos carísimos y espectaculares. La tecnología ha reemplazado al juguete de siempre. Obsequios en los que el niño es un mero espectador, pasivo ante la pirotecnia visual y violencia que se despliega ante sus ojos. Frente a ellos miles de niños que ni siquiera tendrán carbón de azúcar que llevarse a la boca, que son explotados realizando trabajos impropios de su edad, o que son soldados en guerrillas.
En este tercer año triunfal de la crisis económica creo que los auténticos Santos Inocentes somos todos los ciudadanos que hemos creído en el estado del bienestar y que ahora hacemos encajes de bolillos para llegar a fin de mes. Confíamos en la clase política y ésta no ha sabido encajar los zarpazos de la adversidad económica. Estamos inmersos en una completa anomia. Hemos sido unos ingenuos por confiar en una tranquilidad y estabilidad completamente ficticias. Ahora el desastre es irreparable. Refrán: Por los Santos inocentes, todos mienten.
En este tercer año triunfal de la crisis económica creo que los auténticos Santos Inocentes somos todos los ciudadanos que hemos creído en el estado del bienestar y que ahora hacemos encajes de bolillos para llegar a fin de mes. Confíamos en la clase política y ésta no ha sabido encajar los zarpazos de la adversidad económica. Estamos inmersos en una completa anomia. Hemos sido unos ingenuos por confiar en una tranquilidad y estabilidad completamente ficticias. Ahora el desastre es irreparable. Refrán: Por los Santos inocentes, todos mienten.
martes, 21 de diciembre de 2010
Cáceres, ciudad perdida
Me resulta difícil abordar el tema de esta columna. Llevo varias semanas con él en la cabeza y es complicado para mí convertirlo en palabras sin tener algo de mala conciencia. Pero creo que es necesario plantearlo sobre la mesa. La ciudad de Cáceres los domingos está muerta. Es un desierto. Paseo por las calles del centro y sólo veo locales comerciales cerrados. No está abierto prácticamente nada. El pulso comercial es casi cero. Encontrar un bar donde tomar una cerveza que no sea el de siempre se convierte en casi una odisea. La plaza Mayor está como está, inmersa en una obra faraónica e interminable. Muy poca gente pasea por sus calles. No creo que la resaca del sábado haya sido tan monumental como para que nadie tenga fuerzas o ganas de andar. Veo algunos ciclistas por la avenida de Alemania y me animo a sacar la bicicleta y dar una vuelta por Nuevo Cáceres y Casa Plata. Paseo solo y sin coches durante cerca de una hora.
¿Es la crisis la responsable de esta desbandada? ¿No hay oferta lúdica o cultural para los fines de semana? ¿Todo tienen que ser mercadillos y ferias conventuales o medievales? No me extraña que cada vez que se convocan estos eventos las calles se llenen. Hay hambre de actividad en esta ciudad que ahora se me antoja perdida, anclada y sin vida. No sé si el responsable es el invierno, la desgana del empresariado local, la falta de ideas o de liquidez. Lo que tengo claro es que algo sucede (o no sucede en Cáceres) que, tras el varapalo del 2016 aún anda atónita, como dando bandazos. Cacereños: hay que ponerle remedio a tanta indolencia. Refrán: Alerta a los cacereños; no dejemos la ciudad como un palacio sin dueño.
¿Es la crisis la responsable de esta desbandada? ¿No hay oferta lúdica o cultural para los fines de semana? ¿Todo tienen que ser mercadillos y ferias conventuales o medievales? No me extraña que cada vez que se convocan estos eventos las calles se llenen. Hay hambre de actividad en esta ciudad que ahora se me antoja perdida, anclada y sin vida. No sé si el responsable es el invierno, la desgana del empresariado local, la falta de ideas o de liquidez. Lo que tengo claro es que algo sucede (o no sucede en Cáceres) que, tras el varapalo del 2016 aún anda atónita, como dando bandazos. Cacereños: hay que ponerle remedio a tanta indolencia. Refrán: Alerta a los cacereños; no dejemos la ciudad como un palacio sin dueño.
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