Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 15 de enero de 2013
Víctor Jara, justicia 40 años después
Este año se cumplen 40 de la detención ilegal, tortura y posterior asesinato del cantautor chileno Víctor Jara . Y han tenido que pasar cuatro décadas para que la justicia se ponga en marcha. Ocho exoficiales el ejército chileno están procesados por la muerte del autor de 'El derecho de vivir en paz'. Algunos de ellos se han presentado ya ante el Tribunal de Apelaciones. Dos de ellos, el coronel Hugo Sánchez Marmonti y el teniente Pedro Barrientos están procesados por delito de homicidio. Por supuesto, ya han negado siquiera conocerse. Muchas especulaciones y mitos revolotean sobre lo que pasó aquel 11 de septiembre de 1973. Lo cierto es que ese día las tropas del ejército chileno sitiaron la Universidad Técnica del Estado. Allí detuvieron a alumnos, profesores y personal de la institución, entre ellos el malogrado cantautor, que era profesor de teatro y folclore. Tal fue el número de detenidos que hubo que emplear el Estadio de Chile como campo de concentración. Desde 2003 se conoce como Estadio 'Víctor Jara'. Está probado que fue torturado y finalmente ejecutado el 16 de septiembre tras seis días de agonía. Recibió 44 impactos de bala y arrojado a las calles como un perro. Su mujer reconoció el cuerpo en un tanatorio y huyó del país. Víctor Jara era simplemente un hombre que denunciaba las injusticias humanas, como la guerra del Vietnam y el abismo entre terratenientes y jornaleros. Si hoy viviera seguro que abanderaba las críticas a este desastre crisis moral y económica que vivimos. Refrán: Una vida dedicada a la música es una existencia bien empleada.
martes, 8 de enero de 2013
Familia
Estos días me he dado cuenta de la importancia de la familia. Más allá de las bolsas de regalos, más allá de las reuniones inacabables y a riesgo de que algunos me consideren reaccionario, lo cierto es que la familia es el cemento social que logra, de momento, que no se caiga este chamizo tambaleante que es la realidad española actual. Es cierto que hay cuñados muy pesados, tíos que cuentan la misma anécdota todos los años, y sobrinitos a los que mandarías empalar vivos para no oírles chillar. Pero gracias a esos abuelos, suegros, hermanos y amigos muchas familias están resistiendo la crisis en una suerte de trinchera que por ahora aguanta. Son los auténticos superhéroes de barrio que con su pensión o su ridícula paga están ayudando a hijos, sobrinos o nietos en peligro de extinción, machacados por el paro o las deudas. Porque cuando acaba la cena o el almuerzo en familia siempre hay una mirada cómplice de la hija a su madre que lo dice todo sin palabras. Y la madre se rasca el bolsillo para que esa hija cuyo yerno engorda las listas del Sexpe desde hace años no pase hambre. Y también hablo de la familia en aspecto amplio. Hay amigos que me hacen sentirme familia de ellos porque sé que siempre estarán para echarme un cable, porque en su casa siempre habrá una botella que descorchar y un sofá donde apoyar la cabeza. Porque los españoles tenemos muchos defectos pero si existe una virtud es que a los amigos de verdad se les trata como auténticos familiares. La familia es denostada por muchos como una institución atávica y atrasada, pero lo cierto es que logra cada día que no salgamos a las calles a hacer barricadas. De momento. Refrán: Nada mejor en la vida de una familia unida.
martes, 18 de diciembre de 2012
La profecía maya
Cada día que pasaba la luz de su mala estrella se hacía más grande. Acuciado por la enfermedad, por las deudas y por el desánimo se prometió a sí mismo que no volvería a pasar hambre y ese gesto le recordó a una vieja película, lo que le hizo sentirse aún más desgraciado: tenía el cenizo y además era poco original. Sin trabajo, sin amigos y sin ningún aliciente pasaba las horas dando paseos, buscando ofertas en los supermercados, dando vueltas como un perro desabrido y fúnebre, perfectamente hecho a los pliegues de su gabardina. Ni siquiera la televisión le proporcionaba esa dosis de dopante irrealidad que a algunos atonta para afrontar el día a día. Dejó de afeitarse. Dejó de comer. Dejó a su mujer y a sus hijos. Dejó su casa. Dejó de creer en nada o casi nada. Solo tenía en la cabeza la profecía del Fin del Mundo Maya. A medida que se acercaba la fatídica fecha, su corazón y sus funciones vitales se iban apagando, deshaciéndose como la nieve al sol. A menudo se escondía entre los árboles de los parques, queriéndose hacer un ovillo, en posición fetal, como si la muerte que presentía le hiciera nacer de nuevo. El 20 de diciembre, cuando anochecía entre los edificios de la ciudad, eligió un banco vacío de la plaza. Compró un cartón de vino López Morenas y fue bebiéndoselo a sorbos, directamente del envase, ante la mirada de los que pasaban. Cerró los ojos como si nunca más fuera abrirlos y creyó oír una antigua nana que le cantaba su madre. Cuando amaneció se sintió el ser más afortunado del mundo y volvió a su casa silbando. En el portal, un vecino le dijo que se alegraba mucho de volver a verle. Una vez dentro del piso buscó como loco su escopeta de caza y la cargó con dos cartuchos rojos del 22. Refrán: Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.
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