martes, 16 de abril de 2013

Sorpresas primaverales


Primavera que no llega", dice Pau Donés en una canción. El invierno ha sido casi eterno. La primavera ha llegado, pero no, aquí ha pasado de largo, como otras tantas muchas cosas. Creía que había una cosa que se llamaba 'entretiempo', esos estadios intermedios entre estación y estación en los que no se acierta con lo que se pone uno de ropa. He oído hablar a nuestros padres del 'armario de entretiempo'. Pero eso ya no existe. Un día estamos con los abrigos, la bufanda y el paraguas y al día siguiente nos encontramos asfixiados en el paseo Cánovas. Fue este pasado fin de semana como una explosión de calor. La primavera llegó por sorpresa y con tanto ímpetu que ya es verano. Salimos a la calle dispuestos a empaparnos de sol tras el invierno más largo que recuerdo, más gris, más oscuro en todos los sentidos y no sólo desde el punto de vista climatológico.
Y con la primavera llegaron más sorpresas. Recibí una carta de la compañía del gas diciendo que me cobraban más de 50 'eurakos' por no se qué revisión obligatoria. Que digo yo que si es obligatoria por qué la cobran y por qué no te avisan de que lo van a hacer. Otra sorpresa: me cobran 19 'eurakos' por un raro concepto de 'mantenimiento' de la tarjeta de crédito. Son curiosas estas sorpresas. Quizá antes sucedían pero claro, vivíamos en plena bonanza y ahora miramos el estadillo del banco al milímetro. Uno empieza a estar harto de tanto cobro inesperado por sus proveedores de siempre. De momento, me quedo con esta primavera voluptuosa, que no es primavera, sino un verano 'de facto'. Como estas facturas inesperadas que son atracos suaves y en papel timbrado, pero robos en suma. Refrán: La primavera la sangre altera y también te asalta la cartera.

martes, 9 de abril de 2013

El invierno más frío

No acabamos de salir de este largo invierno. Y parece que no lo haremos nunca con esta vuelta a la guerra fría, que creíamos superada tras la caída del bloque soviético hace ya décadas. Pero esta crisis que padecemos es una vuelta atrás en todos los sentidos. Ahora asistimos atónitos a una crisis de los misiles, con distintos protagonistas pero similar en sus planteamientos, a aquella que puso al mundo al borde del precipicio. La escalada de hostilidades, de momento solo formal y teatral, la protagoniza el dictador norcoreano Kim Jong-un , un líder que parece sacado de una película de James Bond , como un Doctor No del siglo XXI . Si no fuera porque la seguridad del planeta está en sus manos todo sería como un vodevil al estilo de la genial película de Kubrik Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú . La guerra fría comenzó en Corea y se cerró en falso en 1953 con un conflicto que acabó con miles de bajas en los ejércitos chino, coreano y estadounidense. Pero poco parece que calaron los casi dos millones de muertos. Aquella guerra acabó con una península de Corea dividida y fue la única vez que los ejércitos de EEUU y URSS intercambiaron fuego apoyando a sus aliados. Una guerra en blanco y negro. Ahora el joven dictador quiere hacer demostración de fuerza y el mundo está interconectado con televisiones que distribuyen su imagen a color adorada por unos súbditos que se parecen cada vez más a los protagonistas de la novela de Orwell 1984 . Espero que todo se quede aquí, en una bufonada, porque sospecho que muchos poderes en la sombra desean una guerra para reactivar la economía y acabar con la superpoblación del planeta. No es la primera vez que pasa. Refrán: En tiempo de guerra, mentiras por mar y por tierra. .



miércoles, 27 de marzo de 2013

Comer con Pocoyó


A veces me pregunto cómo nos alimentaron nuestros padres cuando fuimos bebés sin la ayuda de Pocoyó , Calamardo , Bob Esponja , Patricio , Dora la Exploradora y unos pingüinos cuyo nombre no recuerdo y que me resultan muy antipáticos. En mi época no había nada de eso. Bueno, cuando nací en casa no había televisión, así que probablemente aprendí a comer sin la ayuda de ningún personaje de dibujo animado que me distrajera para engullir la comida sin berrear, dar golpes en la mesa o tirar de los pelos a mis progenitores. Veo que se avecina una generación que solo come cuando Doraemon lo manda. He visto a padres cayéndosele los lagrimones como pestiños dando gracias a la Factoría Disney, mientras besan el plasma con fruición por proporcionarle unos minutos de tranquilidad a la hora de la comida. Los psicólogos son claros ante esta situación: es un error comer con la tele encendida porque los niños realizan una especie de chantaje emocional y se acostumbran a ese chalaneo con los padres. Pero nada. Conozco a padres que no prestarían su 'blackberry' a su mejor amigo, pero cuando se trata de invocar al osito Winnie de Pooh la ceden gustosamente al niño. Después acaba sumergida en puré de lentejas o en el fondo del acuario. Ahora hay unas 'tablets' con un programa de un gatito que repite lo que le preguntas y puedes acariciarle o darle patadas. Los niños se quedan fascinados con esa magia electrónica y los padres durante unos minutos solo tienen que llevar la cuchara a la boca del infante. A mí me hacían lo del avioncito. Ahora viene una generación que venera a Bob Esponja . Ellos nos sacarán de la crisis. Espero. Refrán: Come niño y crecerás, bebe viejo y vivirás