Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 4 de junio de 2013
La plaga
Siempre me he preguntado por qué para que unos se diviertan otros tienen que pasarlo mal. Por eso cuando voy a la feria siento remordimientos, mala conciencia por disfrutar mientras otros seres humanos las pasan canutas a mi lado. El viernes vi como una 'cholita' le lavaba la cara a su hijo con un tazón de agua, una escena que me enterneció y a la vez me llenó de desazón paseando por el ferial cacereño. A su lado miles de polillas revoloteaban como una gigantesca plaga. Es cierto que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Tenían una oportunidad de ganar algo de dinero pero la crisis y las polillas a muchos feriantes les reventaron el asunto. También contemplé a un hombre vendía unos artilugios que se lanzaban al aire y volvían con una luz encendida, un juguete que apenas valía unos céntimos pero que costaba unos euros. Quizá a muchos el precio les parecería excesivo, pero mientras aquel feriante vendía el juguete estaba cuidando de su hijo en una sillita, al relente de la noche. ¿Qué es más abusivo? ¿El precio de aquella nadería o que un ser humano tenga trabajar en esas condiciones junto a un menor, sin casa, sin techo como un canto rodado? Lo curioso que tienen estas crisis es que los cimientos de la clase media se tambalean y la acercan al lumpen, presa de sus propias contradicciones. Y en medio de ese desastre, la plaga, las polillas que se pegaban a las luces de las casetas por millares, queriendo también ellas aprovechar el derroche de luz de los focos. Una buena metáfora para explicar esta crisis en la que cada día descubrimos a alguien para quien es un tesoro lo que a los demás parece que nos sobra. Refrán: Quien va a la feria, lo cuenta a su manera
martes, 28 de mayo de 2013
Salvado por la poesía
Un acto de generosidad ha propiciado que en mis manos caigan dos poemarios de sendos autores extremeños: José Antonio Zambrano y Santiago Castelo . En esta época incierta mis lecturas se circunscriben a prensa diaria y libros más o menos de consumo rápido. Pero Tonás de los espejos y Esta luz sin contorno me han hecho recordar lo importante que es un verso en estos tiempos de podredumbre. Zambrano ha sabido desnudar esa hojarasca retórica que acompaña muchas veces a los poemas y en sus sentencias rimadas esconde la sabiduría de quien se queda con lo esencial. Sus tonás hablan del hombre solo, rodeado por sus miedos más profundos. Es el temor del solitario ante las verdades agazapadas en su propio corazón. Hondura flamenca que bien podría ser la letra de cualquier soleá. Ambos autores tienen en común el amor por sus amigos, a los que dedican casi todas sus creaciones. Y tener tan buenos amigos es una suerte, a pesar del esplín que ambos comparten. Esta luz sin contorno es una gran añoranza de la juventud y la necesidad de que sobreviva la esperanza. La infancia perdida se evoca como territorio de versos ingenuos y el autor siente que se está reduciendo hasta convertirse solo en memoria, mientras en el espejo hay unos ojos implacables y testigos del paso del tiempo. Afortunadamente hay también su espacio para la guitarra y la admiración por Luis Landero como intérprete. Qué alegría volver a leer poemas, en este tiempo de golfos y aprovechados. Qué satisfacción saber que aún hay quien llega a su casa y escribe versos con tanta profundidad como estos dos paisanos. Mientras haya poesía no todo estará perdido. Refrán: De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco
martes, 21 de mayo de 2013
Salvador Parra, el Niño de Cáceres
El periodista tiene muchas veces que dejarse en el cajón historias interesantes. Con el tiempo uno las recuerda con cierto resquemor y se pregunta por qué no se le dio su espacio de gloria a algunos personajes. Es lo que me pasó a mí con Salvador Parra, El Niño de Cáceres . Se presentó en junio de 2010 en la sede de EL PERIODICO, muy temprano.
--Tienen que hacerme una entrevista, soy Salvador Parra, el Niño de Cáceres, cantaor flamenco.
Yo le pregunté que por qué consideraba él que era noticia. Entonces me enseñó una serie de singles de vinilo de los años 60-70, cassettes de esas que solo se venden en gasolineras e incluso un antiguo CD con sus 'grandes éxitos'. Le volví a cuestionar por qué había que hacerle una entrevista. Me contó su historia, la de un cacereño que tuvo que emigrar a Barcelona como tantos. Allí grabó hasta 15 trabajos relacionados con el flamenco y la copla. Compartió escenario con los grandes de su época. Sin embargo, el destino hizo que tuviera un accidente con su moto y al intubarle perdió sus facultades líricas. Había quedado muy afectado y venía a agradecerle a la Virgen de la Montaña el seguir con vida. El relato era incoherente y deslavazado. Sí, un niño perdido, casi un fantasma de sí mismo. Le pedí un teléfono y no tenía. Le pregunté dónde se alojaba y tampoco pudo darme una respuesta precisa. No había noticia. Se volvía a Barcelona inmediatamente. Ahora indago sobre su vida y en internet solo aparece una ajada carátula de un disco suyo de 6 canciones, ya vendido, en una web de coleccionistas de flamenco. Su recuerdo me quema, quizá por mala conciencia. ¿Qué fue de 'El Niño de Cáceres'? ¿Alguien lo sabe? Refrán: No cantes gloria hasta el fin de la victoria.
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