Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 5 de noviembre de 2013
El hermano calmado
Todo sucedió en Yanji, una ciudad china de la provincia de Jilin. La imagen ha circulado como la pólvora por internet, pero no se trata de un 'fake', sino de una muestra más de que la calma es la mejor herramienta para afrontar los problemas. Un ciudadano aguarda su turno con tranquilidad en una sala de espera de un hospital del noreste de China. Todo sería normal si no fuera porque tiene un cuchillo clavado en la cabeza. Permanece callado a la espera de consulta, con los brazos cruzados, como si fuera a pedir un jarabe para el resfriado. Un comportamiento, sin duda ejemplar, que sólo puede darse en un régimen como el chino.
No me imagino esta misma escena en las urgencias de ningún hospital español, ni siquiera occidental. Aquí el paciente en esas circunstancias es impaciente y ya se habría subido a la espalda del celador en medio de gritos y señalándose el cuchillo en la cabeza como un poseso, exigiendo sus derechos y pidiendo asistencia médica urgente con los ojos desorbitados. Creo que desgraciadamente se abusa de las urgencias en muchas ocasiones y nos consideramos en esa circunstancia cuando no lo estamos. Lo cierto es que este ciudadano chino ejemplar no sentía dolor cuando llegó al hospital y el cuchillo de cocina no traspasó el cráneo, por lo que no causó daños y fue retirado fácilmente. Se lo clavó un amigo mientras bromeaban y no le ha puesto ninguna denuncia. Otro gesto noble. En su país le han bautizado como el 'hermano calmado', aquí en España desgraciadamente muchos descerebrados se reirían de él. Tenemos mucho que aprender de la cultura oriental. Refrán: Para estar en calma, estáte en paz con tu alma.
miércoles, 30 de octubre de 2013
Lencería fina, fina
El pasado jueves una tienda de lencería fina de Turquía fue obligada a cerrar momentáneamente. ¿El motivo? El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan iba a pasar por delante de ella para inaugurar un centro comercial y dada su ideología conservadora e islamista a algún lumbreras pelotillero se le ocurrió que era lo mejor. Lo curioso es que ni siquiera habían traído el género a la tienda, sino que sólo tenían productos de cosmética, aunque eso sí las paredes estaban decoradas con fotografías de modelos de una famosa marca de ropa interior 'sexy'. La verdad es que esto de poner el esparadrapo antes de que salga el grano es muy peligroso. Es lo que comúnmente se llama prejuicio. ¿Y si al primer ministro le 'molan' las braguitas de encaje? ¿O los camisones transparentes? ¿Existe la lencería gruesa o no tan fina?
Siempre he pensado que los cuerpos desnudos son muy tristes y que la incorporación de ropajes que tapen nuestras zonas sensibles los hacen más bellos y atractivos. No hay nada malo en la desnudez, ni en ver a una madre dando el pecho a su hijo; sin embargo las religiones han encontrado en los 'cueros vivos' un tabú que inculcan, todavía no sé con qué fin. Aunque lo peor son los que se creen más papistas que el Papa, en este caso, los talibanes. Hay que ser lametraserillo y agitaplumeros para adelantarse a la opinión del prócer de forma tan rastrera. Desgraciadamente, este mundo en crisis de estos hay muchos, que no nos dejan alegrarnos la pestaña ni siquiera con las elucubraciones de nuestra propia imaginación. Refrán: Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
martes, 22 de octubre de 2013
Entregar la escopeta
Cuando el veterano cazador fue a entregar su escopeta al puesto de la guardia civil porque ya era demasiado mayor se acordó de su padre limpiando los cañones con varilla en el patio de la casa del pueblo. El, aún niño, jugaba con los cartuchos, entonces de cartón, y le gustaba su olor a pólvora quemada. Creció un poco más y se entretuvo las tardes de invierno en casa rellenando los cartuchos con la máquina que prensaba los perdigones. Después fue secretario --o al menos eso le decía su padre-- muchos años, oteando palomas, moviendo el cimbel, perdices, conociendo el rastro de conejos y liebres y recorriendo el monte y los ríos cercanos. Y fue creciendo. Y su padre le regaló cuando tuvo edad la primera 'pajarera' con la que pasó muchas tardes de verano, disparando a latas y cartuchos vacíos. A los 18 años su padre le tenía ya comprada una del 11, para que fuera empezando. Cuando mató su primera liebre volvió corriendo a casa, dando voces entre los olivos con una alegría insospechada en él. Después, su madre le quitó la pellica y la hicieron con arroz. El sabor de aquel plato nunca se le olvidó, ni el diente que casi se le parte tras morder uno de los perdigones. Fueron muchos lances en el monte, madrugadas de aguardo y espera al cochino, de conocer la naturaleza, y muchos días en los que no disparó un cartucho. Pero ahora, un hombre mayor, ya no se sentía con fuerzas para esas largas caminatas ni los rigores del frío en la mañana. Cuando en el puesto de los guardias entregó la escopeta y agujerearon sus cañones sintió cómo si le traspasaran a él su propio corazón. Refrán: Perro de buena raza, hasta la muerte caza.
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