martes, 11 de noviembre de 2014

Recuerdos de un viaje a Galicia

Recuerdo mi primera gran experiencia turística por Galicia, con apenas 8 años y junto a mis padres, montado en un autobús en el que la guía comentaba megáfono en mano un paisaje verde y lleno de hórreos a los excursionistas. Eran otros tiempos --más grises en todos los sentidos-- en los que se visitaban únicamente iglesias y apenas pude chupar la cabeza de una gamba. Era en temporada baja y llovía mucho. Una de aquellas paradas del viaje fue en A Rúa, y aunque mi memoria de humo no es capaz de poner en pie aquella visita en concreto, sí me alegra saber que con el tiempo esta localidad orensana se ha vuelto más cercana a nuestras vidas tras su hermanamiento con Almendralejo. Cuando sales de la ciudad 'del Vino y la Concordia' encuentras una rotonda con la leyenda "A Rúa 565 kilómetros". Artífice de esta cercanía en el corazón a pesar de la lejanía física es su embajador y experiodista de esta casa Juan Francisco Sánchez , así como el alcalde de la localidad gallega, Avelino García , que la semana pasada visitó el Salón del Vino. Los tiempos han cambiado y ahora en vez de hórreos los atractivos son más lúdicos: la 'Baco Festa', la Fiesta del Codillo (que se hace con grelos, patatas y chorizo), el Magosto (parecida al Magosto de Carbajo con las castañas de protagonistas), o la Fiesta de la Empanada de Costrelas. Por supuesto, todo ello se celebra con unos vinos de Valdeorras seductores y acreditados. El turismo ya no es lo que era y ahora ya no vale cambiar 'sol por dinero'. Afortunadamente lo sabemos muy bien, tanto en Galicia como en Extremadura. Refrán: Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas.

martes, 28 de octubre de 2014

Urbanidad, también al volante

Recuerdo a un profesor de Bachillerato que nos daba clase de Urbanidad. Dedicaba siempre una hora a la semana a enseñaros cómo debíamos de comportarnos en sociedad. Con el paso del BUP, la ESO, la Lomce y demás reformas educativas el saber conducirse en público ya no se enseña. Y empleo el verbo 'conducir' con intención. Hace tres meses, regresando a casa de noche con mi coche recibí un golpe en el retrovisor en la calle Reyes Huertas. El coche que me rozó se paró en el semáforo y cuando salí de mi vehículo a pedirle los datos del seguro el semáforo se puso en verde y éste desapareció a gran velocidad. La cosa no pasaría de la anécdota si no fuera porque la semana pasada me sucedió lo mismo en la misma vía urbana, con la particularidad de que el conductor se dio por aludido, puso las luces de emergencia, y se orilló a la izquierda. Cuando salí del vehículo, estando situado detrás de él, el semáforo volvió a ponerse en verde y el conductor "se arrepintió" otra vez de golpe y se dio a la fuga igual. El cierto que los daños son muy leves --un poco de pintura en el retrovisor y ya está-- pero creo que lo educado, lo correcto y lo más civilizado es parar e interesarse, ponerse en lugar del otro. Sé que lo papeleos de los seguros son un engorro, pero si todos hacemos de nuestra capa un sayo mal nos va en esta sociedad. Entiendo que es un incidente sin importancia, pero cuando yo he rozado a algún vehículo me he interesado siempre por los desperfectos, aunque fueran imperceptibles. Y comprendo que con la que está cayendo de corrupción lo que cuento es una completa nimiedad. Refrán: Deja de pitar, que no me vas a pasar.

martes, 21 de octubre de 2014

Un hombre y una mujer se aman

Una conocida anécdota literaria asegura que un joven escritor le pidió a Cela un argumento bueno para hacer una novela. El nobel gallego le contestó: "Un hombre y una mujer se aman. Con suerte a lo mejor le sale a usted 'La Cartuja de Parma'". Estamos acostumbrados a fijarnos en lo negativo, en los divorcios, en las separaciones, el maltrato y la violencia de género, pero a nuestro lado conviven grandes historias de amor que pasan desapercibidas, en ocasiones hasta para quienes las viven. Hombres y mujeres --y todas las combinaciones posibles entre personas del mismo género-- se han amado desde el principio de los tiempos bajo distintas fórmulas. Teresa Romero , la enfermera gallega afectada por el ébola le envió recientemente un mensaje a su marido desde su aislamiento mutuo: "Díganle que le quiero con locura". Es lo bueno del amor, no distingue de clases sociales, de privilegios o de escalafón. El amor es como un mar que no sabes que te ahoga hasta que la persona amada está en peligro o sufre algún contratiempo. Entonces es cuando la entrega desinteresada y absoluta al otro tiene más sentido. Ahora mismo millones de seres humanos se aman, se entregan uno al otro y eso --que debería estar en las portadas de los periódicos u ocupar el 'prime time' de las parrillas televisivas-- no parece tener importancia. A veces el amor es solo coordinación. Cuando me cambio de orientación en la cama de madrugada, mi pareja hace lo mismo al unísono en mi mismo sentido, aunque esté dormida. Y su mano se posa en mi espalda como una suave sombra. Y ya sé que todo está en su sitio. El amor hace posible este milagro cotidiano. Refrán: De enamorado a loco va muy poco.