Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 5 de mayo de 2015
'El patio', 40 años de un disco mítico
Existen unos pocos discos que han marcado mi vida. De uno de ellos, 'El patio', de Triana, se acaban de cumplir los 40 años de su publicación ha reeditado. Curiosamente, 'El patio' es el nombre que el público le dio a un disco que no tiene en su carátula ningún título. El país estaba en los últimos estertores franquistas y la Movida aún quedaba lejos. El rock surge con fuerza en Andalucía y el grupo Triana (Jesús de la Rosa , teclista y cantante, el guitarrista Eduardo Rodríguez , el batería Juan José Palacios 'Tele' e incluso Lole y Manué en una primitiva versión de la formación) nos dejan a todos boquiabiertos con su rock progresivo, que algunos denominaron con poco acierto 'rock sinfónico'. Lo cierto es que crearon una fusión de estilos auténtica: el rock andaluz. Tanto fue así que el disco en un principio pasó desapercibido hasta que el boca a boca lo convirtió en éxito al año y medio después. Algo parecido sucedió con 'La leyenda del tiempo' de Camarón . El productor de este disco fue Gonzalo García-Pelayo , a través del sello Gong, sí, ese señor que después se hizo famoso por lograr un método para ganar en la ruleta y tiene en el póker una de sus más celebradas fuentes de ingresos. Sea como fuere, siguiendo la estela de este disco y esta forma de hacer música llegaron después Cai, Alameda, Medina Azahara y otros tantos grupos.
El alma de Triana, Jesús de la Rosa, falleció en un accidente de tráfico absurdo y aplastado por sus propios teclados cuando volvía de un festival benéfico. Su último trabajo, profético, se tituló 'Llegó el día'. Y empezó el mito. Refrán: De los chispazos de amor, la música es el mayor.
martes, 28 de abril de 2015
Bombones con la forma de tu ano
Lo increible no es que haya una empresa que se dedique a fabricar bombones con la forma de tu ano. Lo indicativo de lo enferma que está la sociedad es que eso tiene relativo éxito. Desde hace años una compañía británica se dedica a elaborar bombones de delicioso chocolate belga que son un relieve de tu esfínter anal exterior. La verdad es que esta cuestión me plantea varios dilemas acuciantes.
He visto cómo hacen el molde. Un señor que va vestido de médico --pero que en realidad es un 'artista plástico'-- te toma la horma en una posición indecorosa, humillante y que recuerda una visita al ginecólogo o al proctólogo. Tanto hombres como mujeres se someten al ritual con tal de tener estos originales bombones.
Y yo me pregunto: ¿Hay que hacerse el depilado perianal con láser para tomarse las medidas? Creo que sí, porque de lo contrario te debe salir un churro de bombón. E ir bien limpio a la prueba, claro. Otra pregunta. ¿Qué le dices a los invitados a los que obsequias con estas 'delicatesen'? "Toma un bombón y... ¡Adivina cómo lo hice!".
Pero aún hay más. Estos 'artistas' --no creo que pueda llamárseles maestros chocolateros-- han creado una línea de 'merchandising' con camisetas, tazas y anillos donde los pliegues de los esfínteres son protagonistas. Por cierto que cinco cajas con tres unidades de estos especialísimos bombones valen unos 20 euros. Si quieres el recuerdo en bronce 200 y si lo quieres en plata más de 300. Yo creo que como tengo colon irritable me decantaré por el de plata. Hay cosas que solo deben conservarse en metales preciosos. Refrán: Al niño y al mulo, en el culo.
lunes, 20 de abril de 2015
Vuelven los trompos a las calles de Cáceres
Las peonzas han vuelto a las calles de Cáceres. Eso sí, mejoradas sus cualidades y características. Los trompos --como así los llamábamos en el colegio-- habían casi desaparecido del paisaje actual de la infancia, como los yoyós, el diávolo, los aros, las estampas de los futbolistas, las chapas, los bolindres o los cromos. Desgraciadamente, siempre hay un trasfondo comercial en todo esto, pero prefiero estos juegos tradicionales a las consabidas consolas de videojuegos en las que la participación del niño es nula y se limita a ser un mero espectador de la máquina. Además, aunque los trompos se han disparado de precio --algunos valen 20 euros-- proporcionan mucha más diversión que el célebre 'Call of Duty'.
Recuerdo que en mi infancia los trompos eran de madera y que las cuerdas para enroscarlos acababan en una moneda de veinticinco reales, esa que tenía un agujero. Decorábamos estas peonzas de madera con rotuladores para que, al girar, la mezcla de colores fuera más original. También recuerdo que al barrio llegaba un señor haciendo una demostración de trompos y yoyós, con una furgoneta al lado para venderlos después.
Aunque pueda parecer una involución, el regreso de los trompos me resulta simpático, porque es una vuelta a la inocencia, en un mundo en el que la infancia --territorio bendito-- dura cada vez menos a golpe de televisión, tablets y tecnología en la que los padres delegan la educación de los hijos. La verdad es que lo daría todo por quitarme la vergüenza y echarme una partida de trompos ahora mismo en la calle. Refrán: Al niño llorón, boca abajo y bofetón.
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