Hay lágrimas de rabia, de dolor, de ira, de pena, pero hay otras, las que más me interesan: las de amor. Son las más difíciles de ver y suelen ser las madres quienes las lloren. Este domingo ha sido el Día de la Madre y conviene siempre recordarlas.
Es lo que sucedió la semana pasada en la entrega de los II Premios Turismo de el Periódico Extremadura. El mago extremeño de los fogones en Reino Unido José Pizarro fue reconocido con el premio a la Gastronomía. El chef trabaja a destajo en sus numerosos establecimientos en el extranjero y le era imposible venir a recoger el galardón, una hermosa y por cierto pesada estatuilla transparente. Por eso envió un vídeo desde sus cocinas londinenses para agradecer el reconocimiento. Su madre, Isabel Cerro Flores, recogió el premio en su nombre, mientras se le saltaban las lágrimas y enviaba besos con la mano a su hijo en la diáspora. Todo ello sucedía en el interior de la iglesia de la Preciosa Sangre ante la mirada de los invitados. Esos son los besos que realmente no se olvidan, los que traspasan el espacio y el tiempo para llegar a sus destinatarios como el suave vuelo de una paloma.
A mí casi se me saltaron también las lágrimas con la interpretación de Gene García de Bye, bye, Blackbird, un tema de Ray Henderson con letra de Mort Dixon. Al piano, Pedro Calero derrochó su virtuosismo y maestría a partes iguales.
Recuerdo una canción de Luis Pastor llamada Mar de lágrimas, en la que explica los diferentes tipos de lágrimas que existen: desamor, desconsuelo, de cocodrilo, de sueño…
Fue una noche llena de encanto y el mundo del turismo de calidad ya tiene en sus agendas marcadas en rojo para no faltar a esta cita anual. La noche --con una temperatura ideal-- fue propicia en todos los sentidos, porque en el gastronómico el Jardín de Ulloa dejó saciado al personal. Refrán: Puedes olvidar / con quien has reído / pero nunca olvidarás /con quien has llorado (Luis Pastor).
Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 9 de mayo de 2017
martes, 2 de mayo de 2017
Distintas percepciones de la realidad
Es curioso como ante un mismo hecho cada ser humano tiene una experiencia diferente. Un ejemplo es el reciente caso de la chica del tranvía de Murcia.
La ciudad del Segura amaneció empapelada hace unas semanas con la emocionante carta de un muchacho de 23 años que buscaba a una chica de la que se había enamorado una noche volviendo de fiesta en el tranvía.
Los medios de comunicación regionales quisieron ver una historia romántica y todos deseaban un final feliz, un reencuentro entre los dos muchachos. Las palabras con las que él describía la escena estaban llenas de pasión y, lo que es más inquietante, de detalles. Nada más lejos de la realidad de ella. En este caso verdad ha estropeado los titulares.
La percepción de la muchacha -que ha distribuido también pasquines con su airada respuesta- era radicalmente distinta.
Se sintió acosada y detalla que ojalá nunca se hubiera subido a aquel transporte, que le hizo al chico gestos ostensibles de hostilidad, que a pesar del rechazo el joven le hizo gestos para que se bajara con ella en una parada, que llamó a sus amigas para tranquilizarlas porque habían pensado que estaba en peligro…
No deja de sorprenderme cómo alguien que piensa que está poseído por el sentimiento más noble y elevado del ser humano, en realidad lo que esté es a punto de cometer un delito. Los resabios machistas no desaparecen a pesar de tanta campaña. Él -que dejó su número de teléfono en los pasquines- no deja de recibir ahora amenazas.
martes, 25 de abril de 2017
‘Simpas’ nada simpáticos
Es curioso cómo la moda de largarse sin pagar de restaurantes despierta la simpatía de muchos ciudadanos de a pie. Sin embargo, esa identificación que nos hace ver a los infractores como auténticos Robin Hood modernos es totalmente torticera y equivocada. Veo que cada vez está más extendida esa moda de huir de un bar a toda prisa una vez que se ha realizado la consumición. Y que eso se hace como una gracieta. Hace poco me lo confirmaba el propietario de un establecimiento en Isabel de Moctezuma. El resultado es que ahora los camareros exigen el abono de las consumiciones una vez que se han depositado en la mesa que están sirviendo. Mal para ellos y para peor para los clientes.
Otro ejemplo. En una gran superficie especializada en la distribución al por mayor y que permite la adquisición de productos a particulares han instalado una suerte de cámaras por todos los pasillos y contratado a trabajadores que literalmente ‘siguen’ a los clientes durante la elección de los bienes. Han colocado un cartel que indica que se han producido tantos robos que se han visto obligados a trabajar así.
Y yo me pregunto si es comparable el ‘simpa’ del que se va de un bar sin pagar por hacer una gracia o el que roba alimentos porque simplemente necesita comer. Evidentemente no. Sin duda el ‘simpa’ no es tampoco agradable para el pequeño empresario que ve cómo se esfuma su esfuerzo y su trabajo. Él también es un ciudadano más, agobiado por impuestos, burocracia y administración. Me parecen fatal estos hurtos a personas que malsoportan la crisis como todos los mortales. Otra cosa es hacerle un buen ‘simpa’ a los que nos están quitando cada día dinero y llevándolo a paraísos fiscales. Pero contra ellos no hay arrestos. Me encantaría que un día los Bárcenas de turno se encontraran con que no pueden trincar más porque les hemos dejado el cajón vacío. Refrán: Más vale poco y bien allegado, que mucho y robado.
Otro ejemplo. En una gran superficie especializada en la distribución al por mayor y que permite la adquisición de productos a particulares han instalado una suerte de cámaras por todos los pasillos y contratado a trabajadores que literalmente ‘siguen’ a los clientes durante la elección de los bienes. Han colocado un cartel que indica que se han producido tantos robos que se han visto obligados a trabajar así.
Y yo me pregunto si es comparable el ‘simpa’ del que se va de un bar sin pagar por hacer una gracia o el que roba alimentos porque simplemente necesita comer. Evidentemente no. Sin duda el ‘simpa’ no es tampoco agradable para el pequeño empresario que ve cómo se esfuma su esfuerzo y su trabajo. Él también es un ciudadano más, agobiado por impuestos, burocracia y administración. Me parecen fatal estos hurtos a personas que malsoportan la crisis como todos los mortales. Otra cosa es hacerle un buen ‘simpa’ a los que nos están quitando cada día dinero y llevándolo a paraísos fiscales. Pero contra ellos no hay arrestos. Me encantaría que un día los Bárcenas de turno se encontraran con que no pueden trincar más porque les hemos dejado el cajón vacío. Refrán: Más vale poco y bien allegado, que mucho y robado.
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