martes, 3 de septiembre de 2019

Aviador Dro, el punk a rajatabla

Otras de mis lecturas veraniegas, que recomiendo, ha sido Aviador Dro. Anarquía Científica. Es la historia, narrada de forma coral pero al detalle, de los 40 años en los escenarios del que es actualmente el único grupo de la movida madrileña que aún se mantiene en activo, aunque algo diezmados, eso sí, están ya sus Obreros Especializados. Aviador Dro es una formación de tecno que siguió los mandamientos del punk a rajatabla: provocación e independencia. Todo se lo guisaban y comían ellos mismos.

Rechazaban el pasado y miraban al futuro con ojos muy diferentes a los de la progresía reinante entonces. Su primer gran éxito fue: ¡Nuclear sí! Lo nuclear despertaba sus más profundos anhelos de que el ser humano mutara para crear un mundo frío, eficiente y automatizado. Ese postureo de superhéroe de la Marvel continúa en la actualidad. Siguen dando conciertos a los que asisten fans incondicionales.

Todo nació en 1979, cuando un grupo de adolescentes en el barrio de Prosperidad de Madrid, a los que les gustaban los videojuegos y el rol, coinciden para jugar. El líder era un muchacho llamado Servando Carballar, pero que en su universo propio era Biovac N. Es el único de los 18 componentes que siempre se mantuvo. Crearon un sello independiente: Discos Radioactivos Organizados (DRO). Pero la discográfica creció desmesuradamente y pronto llegó un cisma que acabó con Servando y su pareja fundando otro sello y una cadena de tiendas llamada Generación X. La crisis de la movida y la baja rentabilidad del indie acabó con ese sello escindido y lograron subsistir gracias a las tiendas de cómics.

Con una discografía irregular, aunque con temas memorables, Aviador Dro y sus Obreros Especializados siguen construyendo un futuro imaginario donde la radioactividad nos ha cambiado para mejor. Su ahora obeso líder sigue poniendo en pie al público mientras entona La televisión es nutritiva. Que sigan en pie tras cuatro décadas es para quitarse el sombrero (o la escafandra). Refrán: Ella es de plexiglás y por eso me gusta más.

martes, 27 de agosto de 2019

‘Hamparte’ en Malpartida

Entre mis lecturas veraniegas quisiera destacar un libro que me ha sorprendido gratamente. Se trata de El arte de no tener talento. Revolución Hamparte, de Antonio García Villarán, un profesor de pintura y escultura, doctorado en Bellas Artes, que destripa los entresijos de cierta clase de arte moderno. Este sevillano denuncia la existencia del ‘hamparte’, término que procede de ‘hampa’ y ‘arte’. Con él designa esa producción artística sin valor, hecha sin talento, pero sobrevalorada por la crítica y los marchantes del ‘mundillo’.

El profesor destripa en el libro distintas épocas y autores que a su juicio se aprovechan de la ingenuidad y prudencia del público. Es algo así como el cuento de El traje nuevo del emperador. Todos lo ven desnudo, pero nadie se atreve a decirlo y le aplauden a su paso. Pues bien. Eso sucede con autores como Picasso, Keith Haring, Basquiat, Miró, Tapies, Lucio Fontana o Bansky. Aunque la que se lleva el premio de honor como ‘hampartista’ es Yoko Ono, según García Villarán. La viuda de John Lennon se limita a dar berridos en una sala de exposiciones o poner una manzana en un pedestal. Y la ‘pandillita’ del arte contemporáneo le aplaude y presiona para que eso tenga un valor exorbitado. No puedo dejar de acordarme de su obra Painting to Hammer a Nail in Cross Version, en el Museo Vostell Malpartida: tres cruces con un cubo de agua a los pies. Ahí es ‘ná’. Y ni siquiera Yoko Ono las hizo, sino un carpintero del pueblo.

Villarán desmitifica todo lo relacionado con exposiciones y concursos. Estos se aprovechan de la candidez y la ilusión de jóvenes artistas con ganas de hacerse un nombre. Y tienen que pasar por el aro económico, cuando no el de los deseos libidinosos de quienes manejan el cotarro. Muy bien por este ‘youtuber ‘y artista que no tiene pelos en la lengua. Más de medio millón de personas siguen sus vídeos de clases de pintura y análisis. Hay que tener muchos redaños para decir que el emperador está desnudo. Necesitamos más como él. Refrán: En materia de color, el que a cada uno le gusta es el mejor.

martes, 9 de julio de 2019

Orgullo

Detrás de la carroza, detrás de los plumeros, detrás de los zapatos imposibles hay algo mucho más serio y trascendente de lo que nos quieren hacer ver. Durante décadas muchos ciudadanos tuvieron que irse de sus ciudades y pueblos por ser personas transexuales, gais o lesbianas. Para muchos intransigentes eran ‘reglones torcidos de Dios’ que había que enderezar con palo largo y mano dura. Sin embargo, ellos resistieron, se manifestaron y fueron encarcelados por vivir acorde con su pensamiento, algo que incluso hoy en día es raro y digno de quitarse el sombrero. Fueron activistas en una época gris, más gris que ahora que solo hay nubarrones, aunque amenazantes. Y eso les llevó a la cárcel, al desprecio, al abandono, a la muerte social y en ocasiones al suicidio. Algunos nombres como Jordi Petit, Carla Antonelli, Federico Armenteros o Kim Joaquina son los abanderados de esta lucha histórica. Las pasaron canutas para salir del armario como aspirantes perennes a ser uno mismo. Y darse a conocer les costó en ocasiones el repudio familiar por considerarlos depravados.

Tras la muerte del dictador Franco las organizaciones de gais y lesbianas se legalizaron en los años ochenta, pero aquella alegría duró muy poco. Llegó el sida, el ‘virus rosa’ que llenó de pánico el colectivo y no solo eso, los señaló como apestados, como enfermos de algo contagioso e invisible.

Hoy la realidad ha cambiado. Se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo, al menos en España. Ahora hay un enaltecimiento del colectivo LGTBIQ+, lo que se llama ‘orgullo’ y que se celebró la semana pasada. Sin duda es merecido, pero creo que con tanto rimmel, con tanta plataforma, serpentina y pandereta se está ahogando intencionadamente la trascendencia de su gran gesta y banalizando una conquista social que está cambiando el devenir de los siglos. El Orgullo es mucho más que una simple y colorida fiesta. Refrán: Confesión con vergüenza, cerca está de la inocencia.H