martes, 11 de octubre de 2022

Alaridos machistas

Las imágenes del Colegio Mayor Elías Ahuja tienen un indudable poder hipnótico, pero ello no debe impedir que deban ser calificadas como verdadera exhibición de la naturaleza humana más cavernaria. Me recuerdan mucho a las películas de la serie de El Planeta de los Simios donde el primate alfa lanza sus exabruptos en medio de la aprobación general de la masa a través de gritos guturales y movimientos espasmódicos. Es un triste trasunto de nuestra sociedad y nuestra política, plagada de machos alfa a los que todos jalean con expresiones borreguiles sin sentido crítico ninguno, en medio de la complacencia general.

Creía que este tipo de comportamientos ya había desaparecido bajo las múltiples campañas contra la violencia machista. Me equivocaba, crasamente. En esos reductos donde se forman las élites de nuestro país se maceran a fuego lento comportamientos machistas inaceptables a todas luces y, lo que es más grave, se perpetúan en nuestros jóvenes y futuros dirigentes. Sigo sin saber en qué parte del sistema educativo hemos fallado, no solo para que los muchachos tengan esa visión exclusivamente genital de la existencia. También es sorprendente que algunas de las chicas a las que iban dirigidas esos insultos y actitudes amenazantes las consideren una «tradición» o parte de un cortejo sexual.

Recuerdo que cuando estudiaba la carrera, mientras yo pasaba penurias , un compañero que vivía en uno de esos colegios mayores de élite no pegaba ni chapa. Solo venía a clase los viernes a fotocopiar los apuntes de la semana. Sabía que tendría trabajo a por enchufe familiar al acabar la carrera. Cuando le pregunté por qué no venía a clase me respondió que su colegio mayor era un hotel de cinco estrellas y que cómo iba a salir de allí con lo bien que estaba. Pues nada, ahora es un triunfador con un gran poder decisorio sobre nuestra sociedad. Refrán: Triste y sola, sola se queda Fonseca...

martes, 13 de septiembre de 2022

Manolo Sanlúcar, el filósofo

Su dedicación profesional a la guitarra y a aprender era de 24 horas al día y solo en esa entrega encontró la felicidad


La reciente desaparición de Manolo Sanlúcar (Manuel Muñoz Alcón) deja huérfanos a todos los que amamos con pasión la guitarra. En sus memorias este artista sanluqueño afirma: «De lo que pesa la guitarra, pesa muchísimo más un azadón del diez», refiriéndose a su condición de verdadero obrero de la composición. En el libro El alma compartida aseguraba haber tenido una vida casi perfecta, dedicándose por entero a este instrumento que a tantos nos cautiva y que tocamos a diario. Para Manolo Sanlúcar la dedicación profesional era de 24 horas al día y solo en esa entrega generosa encontró la felicidad.


No solo de flamenco vive el hombre. En julio de 2013 el Ballet Nacional de España abrió el Festival de Mérida con la reposición de Medea, con música de Manolo Sanlúcar, que también fue el autor de la sintonía de Canal Plus. Y no solo fue un guitarrista, pues su figura trasciende además como un verdadero filósofo. En la película documental Manolo Sanlúcar, el legado, se profundiza sobre éste y otros aspectos que dibujan al guitarrista como una persona consecuente con su arte y trabajador incansable, con un estilo de vida monacal y de consagración al instrumento. Efectivamente, Dios le dio un don maravilloso, pero supo aprovecharlo al máximo. Manolo Sanlúcar era una persona cultísima que se esforzó por equiparar al flamenco a cualquier otra disciplina científica. No lo entendió solo desde el ‘pellizco’ o los ‘sonidos negros’ lorquianos, sino que estudió tanto que llegó a publicar –autofinanciada- una enciclopedia sobre la guitarra flamenca. Fue docente y no ejerció el magisterio desde la autoridad, sino que trabajaba con sus alumnos en su propia casa en una suerte de ósmosis creativa en el que el aprendiz descubría y potenciaba un camino musical propio. Solo los verdaderamente grandes son así. Además, Paco de Lucía, la otra gran guitarra universal, fue su amigo. Lejos de los habituales celos del artisteo español, fue el padrino de su hijo. Se va un grande, pero queda la música, como decía Aute.

martes, 6 de septiembre de 2022

Lágrimas de sabio

 Lágrimas de sabio

Los seres humanos verdaderamente grandes no piensan en laureles en los grandes momentos, sino en sus seres queridos


Este jueves es el Día de Extremadura, la jornada de afirmación identitaria de los extremeños. Repasando las trayectorias de las Medallas de Extremadura que se entregarán mañana uno se da cuenta del gran salto que ha dado la región en los últimos años. He hablado con los receptores de este alto reconocimiento regional y el resultado de estas entrevistas se publicará el 8 de septiembre en un completo suplemento de el Periódico Extremadura. Pienso en Guadalupe Sabio, una pacense que se encuentra en el top ten de la investigación internacional, y rememoro su emoción cuando recordó a su madre durante la conversación. Solo los verdaderamente grandes son así. No pensaba en su gran responsabilidad, ni en las publicaciones científicas, ni en laureles investigadores, sólo en que ese gran día sus ojos buscarían entre las gradas del Teatro Romano a un ser querido que no estará.


En el suplemento también hay espacio para Eva González, que siendo niña emigró a Holanda, y se convirtió en una abogada de prestigio internacional. Me confiesa que habla la fala de San Martín de Trevejo en su círculo más íntimo. Eso es preservar las raíces. En un mundo globalizado ella ha podido tumbar, con paciencia infinita, una situación injusta que sufría un colectivo vulnerable, el de los emigrantes . También es para quitarse el sombrero es la trayectoria de Marco Antonio Sánchez Becerra que, lejos de arredrarse ante una enfermedad mortal, hizo de su testimonio un estandarte vital. Ya en el plano institucional están los reconocimientos a la ciudadanía de Don Benito-Villanueva por su impulso al proyecto de una nueva ciudad en común o el de la Federación Extremeña de Caza, que ha dado un vuelco total a la imagen del cazador. En conjunto estas medallas son para sentirnos orgullosos del rumbo por el que camina la región. Eso sí, sin olvidar las enormes carencias que persisten, pero la jornada del 8-S no es para lamentos. Para reivindicar está el resto del año.