martes, 6 de junio de 2023

Vuelva usted mañana... digital

Hace algo más de un mes realicé ante la administración un trámite que habitualmente hago de forma presencial. Los amables funcionarios locales que me suelen atender me habían recomendado hacerlo por internet. Me explican que las competencias las tiene asumidas ya el Estado y que en la comunidad autónoma ya solo se realiza el examen formal de las solicitudes. Añaden que se evitan desplazamientos y colas. Me convencen.

Acabo dándome de alta en el sistema de firma digital, que no es moco de pavo. Pago las tasas correspondientes. En eso nunca hay problemas y todo está clarísimo. Cuando entro en la web del ministerio es un galimatías del quince. Hay hasta unas instrucciones en PDF que son más largas que un día sin pan. Me tiro toda la mañana haciendo los trámites. Al final recibo un email automático diciendo que todo está correcto. Pero cuando entro en el expediente on line me aparece un mensaje inescrutable. Escribo a un correo del ministerio y me derivan de un departamento a otro. Al final recibo un mensaje en el que se me ruega con cierto tonillo sarcástico «que la próxima solicitud siga las indicaciones», ya que había indexado un pdf donde no correspondía y el expediente estaba por revisar. ¿No es normal que no sepa hacer un trabajo que no es el mío? ¿Qué hacen entonces los sin duda eficientes funcionarios?

Recibo otros correos electrónicos que no entiendo. Me han dado de alta en unas plataformas de nombres extrañísimos. Al final me indican que escriba al organismo regional para me lo aclaren todo, con quienes hacía el trámite presencial. Vuelta a la casilla de salida. Me explican que ahora la administración tiene 6 meses para resolver el expediente. Esta es una nueva versión del ‘vuelva usted mañana’ que ya describiera Larra en el siglo XIX. No dudo de la diligencia de los trabajadores públicos, pero esto de internet para todo y para todos se está convirtiendo en un problema morrocotudo. 

martes, 30 de mayo de 2023

Racistas... o algo peor

 Racistas… o algo peor

La violencia -el gran problema subyacente- se está enseñando a los niños como solución ante la adversidad

Los insultos al jugador del Real Madrid Vinicius se han convertido en un asunto de estado, con repercusiones internacionales. Quizá llego tarde al debate, pero creo que es una pena que tenga que ser el fútbol el que nos coloque ante un espejo en el que no nos gusta reconocernos. Hace años fui a un partido de escasa relevancia. No era un derbi, no se jugaban nada los equipos. Sin embargo, puede escuchar a honrados padres de familia, trabajadores intachables y prohombres de la patria volcar todas sus frustraciones vitales en forma de gritos y palabras malsonantes a los que vestían el calzón corto en el campo. Al día siguiente seguro que volvían a sus afanes y labores como ciudadanos ejemplares... Sí, al día siguiente... Durante los 90 minutos del encuentro son verdaderos energúmenos. Sí, claro está, no todos, pero subsumidos en la masa se vertían los peores sentimientos humanos. Ah, la masa, ahí está el secreto. A ‘la peña’ se le va la olla. Pero ‘la peña’ somos todos y cada uno de nosotros.


Esos mismos padres de familia son los que cuando sus hijos e hijas juegan en categorías infantiles los jalean y les recriminan a gritos que no han empleado la fuerza necesaria ante el adversario o que el resultado no ha colmado las expectativas que tenían depositadas en ellos. La violencia –el gran problema que subyace en todo eso- se está enseñando desde muy pequeños a los niños como forma de solución de cualquier adversidad. Es un problema generalizado. No se trata de un señor o señora que en la grada haya vociferado algo inapropiado. Seamos sinceros: no somos racistas, somos algo peor. Por supuesto, me sumo a la condena de estos comportamientos inclasificables con Vinicius y con cualquier jugador en los terrenos de juego. Son racistas sin paliativos, pero también hay microrracismos en nuestro día a día, con vecinos y ciudadanos a los que prejuzgamos sin piedad. También eso tenemos que hacérnoslo mirar.


lunes, 22 de mayo de 2023

Evocación de Pepe None y la feria

 Los fastos del Centenario de El Periódico Extremadura nos llevan a recuperar desde hoy la caseta del diario en la Feria de Cáceres después de un paréntesis de décadas. De hecho, en la memoria tengo el recuerdo difuminado por la lluvia de los días de Pepe None, un artista emeritense que dejó un gran sabor de boca a cuantos le vieron actuar en nuestra caseta durante cinco años. Yo entonces era un recién llegado al diario. Fue gracias a estas actuaciones con sombreros imposibles y desproporcionados las que propiciaron a él y su orquesta Cristal fama por toda la región a lo largo de tres décadas. Incluso llegó a hacer giras por el país.


Pepe None, auténtico hombre-espectáculo, debía su nombre artístico a que era el distribuidor de los productos Danone. Empezó con parodias que adobaba con rumbas y pasodobles. Después se añadieron más miembros a su orquesta, vinieron las ferias con El Periódico Extremadura, y su paso por radios y televisiones de la región como presentador. Caracterizado por un mostacho enorme y una querencia a los focos única, se transformaba en escena y era muy difícil no sonreír ante su desparpajo. Sus actuaciones en la Feria de Cáceres están en la memoria de todos, aunque durante una de ellas Fernando Esteso se subiera al escenario en no muy buenas condiciones y le rompiera uno de sus sombreros, cosa que generó un momento tenso entre artistas. Pepe None (que por una errata apareció una vez en el periódico como «Pene None y los miembros de su orquesta») se retiró en 2009, cansado de tanta carretera y manta. Mi más grande admiración por estos genios de la escena, absolutamente autodidactas, que nos pusieron una sonrisa con su talento. Desde hoy vuelve el talento a la Caseta del Centenario del Periódico Extremadura. Vaya y disfruten. No estará Pepe None, pero se lo pasarán igual de bien con la programación, ajustada a los gustos actuales. Feliz Feria de San Fernando a todos.