martes, 4 de julio de 2023

Cáceres, nostalgia de playa

 En estos días de calor sahariano la ciudad se sumerge en una nostalgia playera en sus piscinas


Cáceres tiene una nostalgia de playa que se pone de manifiesto en estos días de calor sahariano. No sé si es nostalgia, ansia o necesidad. Lo cierto es que nuestras piscinas públicas se llenan a rebosar de usuarios, de forma que parece los bañistas estamos como piojos en costura. Lo he podido comprobar este fin de semana en la del Parque del Príncipe. El aforo es de 600 usuarios y el ‘cuentapersonas’ marcaba casi 500. No se pueden ustedes imaginar qué marabunta humana era aquello. Menos mal que no todas estaban a la vez en el agua, porque aquello era de locura sin que soplara una brizna de brisa.

Lo cierto es que en estas piscinas populares que tanto me gustan no falta medio Cimov bañándose, que también merece la soldadesca rebajar temperatura y templar hormonas. A ellos se unen familias enteras que echan el día tostándose al sol con los niños tirándose en bomba al agua. Y qué sería un día de piscina sin esos chiquillos que dicen «¡Mírame mamá, ahora sin manguitos!»… Y te pegan una salpicadura que te llena los ojos de cloro…

Ay, es que el relax es complicado cuando el agua de tanta gente y protección solar coge como un puntillo aceitoso, grumoso, que parece que en vez de bañarte estás sumergiéndote en una especie de sopa calentorra que se te pega a la piel y no te la despegas en todo el día.

Luego está el episodio de dónde poner la toalla, porque desde primera hora las zonas de césped están copadas. Al final te tumbas en una zona apartada en la que se te clavan los peñascos o te comen las hormigas… Es igual, estás al menos a un par de grados por debajo de cómo estarías en casa. Luego piensas que Portugal o Huelva están a unas horas de coche. Y empiezas a soñar con que las vacaciones están a la vuelta de la esquina.

martes, 27 de junio de 2023

Remontadas empresariales

Este jueves 29 de junio celebraremos la 28 edición de los Premios Empresario Extremeño del Año, y por añadidura nuestro centenario, en una ceremonia-espectáculo en el Castillo de la Arguijuela. Cuando pienso en el ganador del máximo galardón, Luis García-Torremocha, se me viene a la cabeza un término deportivo, pero perfectamente aplicable al mundo de los negocios: remontada. Tras un incendio en su factoría de reciclado de componentes electrónicos, no solo consigue volverla a poner en marcha en tiempo récord, sino que además la dota de las últimas tecnologías. Si pensamos, por ejemplo, en Bombones Valcorchero, otro ganador, también el término es apropiado. Sus fundadores estaban en edad de jubilación, en plena pandemia, con un producto bueno, pero no actualizado. Su hija decide ponerse al frente de la empresa, renovar por completo la gama y abrir nuevos mercados.


Si pienso en el doctor Florencio Monje Gil sucede tres cuartos de lo mismo: profesor en la facultad, clínica propia, escritor… No necesita más complicaciones y diseña un videojuego para enseñar sus técnicas a doctores de todo el mundo a través del móvil. De Manuel García Barra qué decir… Su vida es una remontada constante a través de distintos contratiempos, con un incendio incluido. O Cambio Energético, que empezó en un sector donde no había tradición y se convirtieron en líderes nacionales. Remontada: Superarse ante la adversidad hasta darle la vuelta a la tortilla. Ése es el espíritu que nos debe mover cada día. Remontadas extremeñas las hay históricas: la del Liverpool contra el AC Milán, en la Final de la UEFA Champions League de 2005. Rafa Benítez algo dijo a sus jugadores que les motivó a dar la vuelta al resultado de forma épica. Es lo que estamos logrando nosotros día a día en nuestra edición digital. Remontada. Sí, ese es nuestro espíritu desde hace cien años.

martes, 13 de junio de 2023

Las desgracias de 'El Millonario'

Un ‘sintecho’ de paso por Cáceres me refiere un periplo vital increíble de subida y bajada a los infiernos

Por las calles de nuestras ciudades deambulan historias que merecen, al menos, ser escuchadas y que te dejan siempre la sombra de la duda sobre su certidumbre. Es lo que me pasó el sábado, en la plaza Mayor de Cáceres, cuando un ‘sintecho’ se me acercó para pedirme un euro. Hasta ahí nada que no se salga de lo habitual. Sin embargo, el hombre comenzó a contarme su periplo vital, una existencia marcada por la desgracia que le había llevado a pedir por las calles. La limosna iba destinada, según su relato, a comprarse un capote. Dijo llamarse Jorge ‘El Millonario’ y que era hermano de Roberto Antolín ‘El Millonario’, nombre artístico del novillero Óscar Roberto Yangüez González. Con la adquisición de esa herramienta taurina quería triunfar en un difícil mundo donde su hermano tuvo relativo éxito. Repito que la veracidad del relato es muy compleja de comprobar, aunque bien es cierto que era coherente y sólido.

Tuvo una vida complicada en la que el consumo de drogas lo había arrastrado hasta los estratos más bajos de la realidad. Incluso llega a referir cómo fue a casa del actor porno Nacho Vidal a realizar el rito del ‘sapo bufo’, que costó la vida a uno de sus practicantes. Habló de lo que había pagado por la experiencia y describió el chalé del realizador de películas para adultos, que fue exonerado de toda culpa en aquel luctuoso suceso. ‘El Millonario’ llevaba todas sus pertenencias en una bolsa y me pidió que le indicase dónde estaba la estación de autobuses, porque le habían dicho que allí se podía dormir. Su padre, fallecido recientemente, era poseedor de miles de olivos y vides. En su testamento había dejado establecido que su hijo se casaba perdería todo derecho a la herencia. Decía que quería tomar un bus hacía Ciudad Real. ¿Verdad o fabulación? ¿Veleidad de un ‘sintecho’ o triste realidad? Nunca lo sabremos. Sin embargo, ‘El millonario’ vaga de ciudad en ciudad en busca de un sueño imposible. Y pasó por Cáceres.