martes, 3 de octubre de 2023

El derecho de vivir en paz

 El derecho de vivir en paz

Tras 50 años del golpe de Estado de Pinochet empiezan las condenas a los asesinos de Víctor Jara

Se cumple ahora medio siglo desde la ignominia del golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el gobierno legítimo de Salvador Allende. Chile aún no se ha repuesto de las heridas que dejó una dictadura brutal, a pesar de que en la actualidad haya un presidente de izquierdas como Gabriel Boric. La chilena fue una de las dictaduras más duraderas del cono sur americano, asentada sobre la represión y miles de muertos. Entre ellos está el presidente, Salvador Allende, que defendió fusil en mano el Palacio de la Moneda tras pronunciar su famoso discurso sobre las «alamedas de la libertad» en 1973. Lo cierto es que entre los ciudadanos de ese país aún existe confusión sobre unos hechos tras los que, sin duda, estaban los EEUU y la CIA azuzando a los traidores.


El Estado reconoce oficialmente 40.000 víctimas de ejecuciones sumarísimas, torturas y desaparecidos. Y eso es lo que reconoce, imagínense lo que habrá por debajo. No podemos olvidar a un dictador Augusto Pinochet que hasta los últimos años hizo alarde de una cobardía suprema para evitar la cárcel (fue detenido en Londres gracias al juez Garzón sin apenas consecuencias), falleciendo en 2006 sin condenas sobre él. Pero poco a poco la Justicia va poniendo a cada uno en su sitio, aunque tenga que pasar medio siglo. En agosto de este año el Tribunal Supremo condenaba a siete militares ya jubilados del secuestro, tortura y homicidio del cantautor Víctor Jara en el Estadio Chile, que hoy lleva su nombre. A finales de agosto se suicidaba un exmilitar condenado a 25 años por esos crímenes. Otros dos se han fugado de la justicia. Víctor Jara cantaba aquello de que tenemos ‘Derecho a vivir en Paz’. Esa fue su falta, por la que recibió mutilación, balazos y fue arrojado en la calle por quienes ahora huyen como ratas.

martes, 26 de septiembre de 2023

¡Grandi, Cruz, mu grandi!

 ¡Grandi, Cruz, mu grandi!

Con Cruz Díaz se va un grande la cultura extremeña y uno de los últimos escritores en castúo


Tan discretamente como vivió se nos fue la semana pasada Cruz Díaz Marcos, uno de los pequeños gigantes de la poesía en extremeño. Si ya de por sí escribir poesía es en la actualidad minoritario, hacerlo en castúo es una osadía al alcance solo de unos pocos románticos. Me ha dolido especialmente porque conozco su amor por las hablas extremeñas, en concreto de la de Garrovillas de Alconétar, localidad en la que impartió conferencias y tocó el acordeón con esa destreza que solo él tenía. Este gran escritor y miembro de la Coral Cauriense tenía en sangre lo extremeño, siempre desde un punto de vista inclusivo e integrador. Viajó por toda la geografía regional ensalzando lo nuestro, recitando sus poemas y dejando su música en casas de cultura y colegios.

Natural de Casillas de Coria y funcionario del Ayuntamiento de Pescueza, los inicios de su carrera poética están muy vinculados a El Periódico Extremadura, donde publicó sus primeros textos. También en La Crónica de Coria colaboró mensualmente y con una gran acogida entre los lectores. Sus trabajos aparecen en innumerables antologías de la poesía extremeña y sus libros tienen siempre un poso de ternura, amor a la tierra y exaltación sensorial, en especial Los instantes vividos, cuya lectura es más que recomendable. Debería ser obligatoria para los estudiantes extremeños.


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Ya cada vez quedan menos seres humanos como Cruz, tan transparentes, a los que se le podía ver la bondad de su alma con solo mirarlo a los ojos. La defensa del castúo sobrevive en pequeños colectivos como el Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura, pero queda más como una añoranza utópica que como una reivindicación política real. Con Cruz se va un grande de la cultura extremeña en todas sus manifestaciones y un buen escritor en el machadiano sentido de la palabra. ¡Grandi, Cruz, mu grandi!

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martes, 19 de septiembre de 2023

Un misterio, dos caras distintas

 Un misterio, dos caras distintas

Mientras que en el congreso mexicano se presentaban unas momias falsas como presuntos cadáveres de extraterrestres, la NASA admitía la realidad ovni en su esperado informe

La semana pasada, con apenas un día de diferencia entre ambas comparecencias públicas, uno de los misterios clave del ser humano mostró sus dos caras contrapuestas. Me refiero al enigma de los ovnis, que ahora se empeñan los más puristas en llamar UAPs.  

Por un lado, nada menos que en el congreso de México, se presentaban con todos los honores unos presuntos cadáveres de extraterrestres que no eran más que una pantomima de momias falsas. Solo la solemnidad del lugar daba una leve pátina de credibilidad al empeño de un investigador local, Jaime Maussan, en darnos gato por liebre, como ya trató hace años con otra momia. 

Por otro lado, en el cuartel general de la NASA en Washington DC, se presentaban los datos y evidencias recabadas sobre este fenómeno que, desde hace décadas, por no decir desde los albores del ser humano, nos sigue sorprendiendo a todos. En la actualidad, los ovnis constituyen un problema aeronáutico y de seguridad que afecta a todos los países de este planeta. La gran novedad es que por fin la NASA admite en rueda de prensa la realidad de los avistamientos. Literalmente, el informe presentado reconoce que el fenómeno UAP «es uno de los mayores misterios del planeta», aunque no señala la hipótesis extraterrestre como la única explicación, aunque no la descarta.

Quiero recordar que este misterio, en Extremadura, tiene un especial ejemplo en el caso del extraterrestre de la base de Talavera la Real. La madrugada del 12 de noviembre de 1976, tres soldados descargaron sus armas contra un ser verdoso de tres metros que levitaba. El principal testigo del caso, el pacense José Manuel Trejo, aún sigue arrastrando las consecuencias del encuentro. El enigma continúa, pero no es ninguna broma, se lo aseguro.