Artículos publicados en EL PERIÓDICO EXTREMADURA todos los martes, en su contraportada.
martes, 18 de septiembre de 2012
La tragedia de Sísifo
Desde hace un tiempo me siento muy cercano a Sísifo . Ya saben, aquel hombre al que los dioses le castigaron con llevar una piedra eternamente a lo alto de una montaña. Y lo malo no era que la cumbre estuviera muy alta, sino porque una vez allí la roca se le volvía a despeñar y tenía que bajar otra vez a por ella. Creo que muchos ciudadanos estamos empezando a ser como este personaje mitológico griego, especialmente en lo que al trabajo se refiere. Un hombre absurdo, ante una vida absurda, en la que el esfuerzo de todos, en todos estos años parece que se ha tirado al pozo del olvido y no sirve para nada. Ahora nos animan a reinventarnos, a emprender en medio de este cúmulo de despropósitos que es la realidad económica y política, en la que la posibilidad de despeñarse está a la orden del día. Sí, nos sentimos libres, un breve momento, cuando creemos que hemos llegado a la cumbre, pero qué rápido cae la piedra al abismo y hay que volver a empezar. Todos somos Sísifo, el rey de Efira que promovió el comercio y la navegación como nadie. Fue su desmesura y avaricia la que le granjeó el castigo divino. Pero en el extremeño de a pie no he visto ni un atisbo de esto. Todo lo contrario. Estoy rodeado de gentes que solo quieren su pan, su trabajo, su casa y la fiesta en paz. Ultimamente, estoy circundado de dolor, de tragedias vitales a causa de la crisis. La desesperanza está haciendo mella en mí y lo peor de todo esto es que no sé cómo expresar o dar cauce a tanto sufrimiento, porque las lágrimas están a punto de ahogarme esta vez. Refrán: Al miserable y al pobre, la pena doble.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Sol por dinero
Sol por dinero. En eso consistía el negocio de aquellos que decidieron convertir desconocidos pueblecitos costeros de España en el paraíso perdido de turistas suecos, alemanes y británicos. Durante mucho tiempo, ese boom económico, nos hizo mucha gracia. Mientras, en las películas de José Luis López Vázquez él se desvivía por conquistar el corazón de mujeres de dos metros de altura. Pero el desarrollo económico venía de la mano de otro que erosionaba el paisaje: el desarrollo urbanístico. De pronto, unos visionarios se dieron cuenta de que se movían cantidades ingentes de parné. Se construyó donde no se debía y algunas poblaciones se desnudaron de su belleza primigenia para parecerse a desmesurados paraísos de ocio, monumentos a la horterada nacional, con hoteles y chiringuitos casi metidos en el agua. Marbella sólo es el ejemplo más conocido de este disparate que añadió más oxígeno a la burbuja inmobiliaria antes de que explotara. Mientras unos se lo llevaban calentito, los ciudadanos hemos contemplado sin inmutarnos un deterioro total de nuestro medioambiente ante la pasividad de nuestros representantes públicos, desgraciadamente algunos de ellos copartícipes del desastre. Pero llega el verano y todos queremos estar a un segundo de la playa, nos damos codazos para llegar a la arena y matamos por un plato de sardinas, aunque esté lleno de moscas. Sol por dinero. Ese era el negocio redondo. Desgraciadamente, llegará un día en que hasta al sol le dará vergüenza de que hayamos convertido el mar en un estercolero. Refrán: ¡Levantad los adokines y veréis la playa !
Pasión y toros
Ha pasado el fin de semana grande de las fiestas patronales con los toros como elemento totémico de las mismas. La devoción por cualquier santo como san Lorenzo o san Roque ha sido una excusa considerada suficiente para ponerse ante vaquillas y morlacos 'al estilo tradicional', es decir, sin tener a veces ni idea de toreo, a cuerpo gentil. Y no disuaden las muertes, los traumatismos, la tragedia que acompaña a esta liturgia, que respeto profundamente. Y, como la respeto, entiendo que sólo debería estar reservada para expertos y no para mozos llenos de alcohol hasta las trancas. Las fiestas con toros son un auténtico quebradero de cabeza para los consistorios: seguros, compra de animales, veterinarios, contratación de ambulancias y uvis móviles... Pero los ediles saben que los toros forman parte de la idiosincrasia popular y que sin ellos las fiestas no serían igual. Lo que pasa es que de la risa es fácil pasar a la hecatombe. ¡Cuántas familias marcadas por estos días que pretenden ser de alegría! Los teletipos han dado testimonio de desafortunados lances por todo el territorio nacional. Sangre derramada por aficionados que a veces sólo ocupa un pequeño trozo de papel impreso o unos segundos en los telediarios. En ocasiones se ven niños cerca de los toros. ¿Qué pinta un menor de edad en esas circunstancias? ¿En nombre de qué tradición puede un padre llevar a sus niños a ese espectáculo? Que conste que respeto los encierros taurinos tradicionales, pero a veces pienso que se pone tanta pasión en ellos que no vemos el peligro que albergan. Refrán: Llamar al toro desde la barrera, eso lo hace cualquiera.
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