miércoles, 7 de diciembre de 2016

Cambio de chip de la banca

No voy a señalar a ninguna entidad financiera en concreto, porque la mayoría ya se ha apuntado a la moda del ‘cibercajero’. Con ello han cambiado drásticamente el modelo de relación con el cliente.

Eso de tener la sucursal bancaria en el barrio donde te atendían con más o menos diligencia está pasando a la historia. Se están cerrando a mansalva y sustituyendo por unas oficinas sin personal donde en un cajero automático muy moderno se realizan ingresos y pagos, amén de otras operaciones.

Me temo que el factor humano en la banca ha desaparecido casi por completo. A mí me gustaba tener a alguien enfrente, saber quién hacía los apuntes y a quién podías preguntar o reclamar. O incluso, en sueños, echarle una filípica.

Ahora, en las pocas oficinas donde hay personal tienes que sacar número como en la carnicería, pero no es un recibo, sino una especie de silogismo matemático. Entonces te toca ‘ir al cine’. O sea, esperar ante una pantalla que aparezca ese galimatías que se supone te indica la mesa correcta. Y yo me pregunto ¿Y eso lo puede hacer una viejecita o un cliente de edad avanzada como es el perfil de una gran mayoría? Me temo que por mucho que nos expliquen cómo se maneja un cibercajero automático muchos no van a saber su utilización correcta. Hace poco vi a un padre ya anciano pidiéndole a su hijo que sacara del cajero 15.000 pesetas… Todavía pensaba en pesetas, imagínense… No se sabía ni el número PIN ni el código PON, ni nada. El resultado fue que el cajero se quedó la cartilla y el señor mayor sin efectivo para su día a día. Una pena. Creo que es un error esta política de banca impersonal, automatizada y cruel con los mayores, que no tienen por qué saber informática. Solo han pensado en beneficios, aquilatar costes, aligerar personal y al cliente que le vayan dando. Así de claro. Refrán: El dinero al ignorante, lo hacen necio y petulante.

martes, 29 de noviembre de 2016

Luces y sombras de un revolucionario

La izquierda española ha tenido tradicionalmente una gran fascinación por la revolución cubana. La muerte el sábado de Fidel Castro conmociona al mundo entero por ser una de las grandes figuras del siglo XX.

Al margen de ideologías, es innegable que el comandante encarnó para gran parte de la juventud de su época el ideal revolucionario. Su trayectoria, desde que era un guerrillero barbudo en Sierra Maestra, hasta que derroca a Batista, es única. Abrazó el marxismo y se convirtió en un problema molesto para los americanos que veían cómo tenían a escasos 150 kilómetros de Miami a un régimen comunista que, a pesar de los constantes envites, resistía. Padre para unos, tirano para otros, puso en jaque al mundo durante la crisis de los misiles. El botón nuclear casi se llegó a pulsar por el pulso que le echó a EEUU.


Su régimen tiene luces y sombras. Para hacer frente a una economía de guerra y a una situación de bloqueo que todavía dura hubo un recorte total de libertades evidente. Muchos sufrieron la represión de un régimen que como todos los totalitarismos (de izquierdas o de derechas) necesita del miedo para afianzarse en el poder. Tampoco se le pueden negar los logros, especialmente en ámbito cultural y médico. Yo me he criado con las canciones de Pablo Milanés y de Silvio Rodríguez, representantes de la Nueva Trova Cubana, un movimiento que aúna compromiso con poesía. Milanés, en una de sus canciones le dice: «Qué tengo yo que hablarte, comandante, si el poeta eres tú…». Cuba y su ciudad Santiago han fascinado siempre a los creadores. Ahora, lo principal son los cubanos, que puedan construir un país sin injerencias de los imperialistas, pero sobre las bases de la libertad y la democracia. «Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba», como dijo el Papa Juan Pablo II en aquella memorable visita a La Habana. (Fidel Castro: Me condenáis. La historia me absolverá).

martes, 15 de noviembre de 2016

La voz rota de Leonard Cohen

Gana Donald Trump las elecciones en EEUU y al día siguiente fallecen Leonard Cohen (1934) y Francisco Nieva (1924). Puede que no haya relación entre ambos acontecimientos, pero es indudable que la caverna ha dado un paso adelante y la libertad y la cultura dos hacia atrás en solo un par de jornadas.

Ahora que todo el mundo discute sobre la oportunidad de darle al Premio Nobel a Bob Dylan, pienso que si existe algún otro poeta-cantante que lo mereciera tanto o más que él, ése es Leonard Cohen. Cincuenta años cantando y contando cosas que tocaban el corazón. Así ha sido la vida plena de este referente para varias generaciones de escritores y amantes de la buena música. Sus textos son de una altura poética gigantesca, casi tanto como la de Federico García Lorca, al que el canadiense idolatraba.

En esta pérdida, sin duda, ha tenido un peso importante la desaparición reciente de su gran musa Marianne Ihlen, a causa de la leucemia. Recuerdo especialmente el discurso de Cohen cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras sobre quién le enseñó las armonías básicas de la guitarra y su posterior suicidio. La depresión ha sido uno de los temas recurrentes del poeta, aunque también el amor, cristalizado en poemas como Bird on a wire, Hey, that’s no way to say goodbye o la célebre So long, Marianne.

¿Era Cohen un poeta o un cantante? Creo que básicamente era un poeta que se expresaba cantando. Hay letras que son poemas, pero poemas que no funcionan al revés. A Cohen, como a los grandes, no le preocupaba el dinero. De hecho su manager y antigua amante Kelley Lynch le sisó 5 millones de euros y después fue condenada por acoso al artista. Creo que hay muchas similitudes entre la voz de Cohen y la de nuestro Pablo Guerrero, ambas rotas por años de camino. Inconfundibles maestros de la vida y la literatura. Refrán: Músicos y poetas son de notar, porque tienen el seso en el calcañar.