martes, 24 de abril de 2018

El milagro del indulto a ‘Orgullito’

Pocas veces sucede el milagro, pero pasa. Muy de tarde en tarde --y cada vez menos-- un toro es indultado en la plaza. Sucedió en la pasada Feria de Abril de Sevilla con ‘Orgullito’, de Garcigrande, al que El Juli lidió con maestría en la Maestranza. Con la fiesta nacional mantengo una relación de amor-odio. Pero en los indultos a los morlacos es cuando afloran mis sentimientos más comprensivos con la liturgia de la muerte al astado, precisamente por eso, porque no hay muerte, sino una protección de su vida a ultranza.

Justo Hernández, ganadero propietario de ‘Orgullito’, asegura que los toros indultados cuando vuelven al campo tienen una actitud especialmente arrogante «porque ellos mismos se saben héroes». No me extraña.

‘Orgullito’ tiene fiebre y puyazos profundos, pero todo apunta a que saldrá de ésta. Dicen que los toros indultados pueden llegar a vivir diez años convertidos ya en sementales. Cada temporada se suele indultar una veintena de ejemplares, aunque la cifra se va reduciendo lentamente. Los entendidos hablan mucho de la falta ‘de trapío’, de que la fiesta se está perdiendo por falta de toros realmente bravos.

El toro indultado es el animal que en el imaginario de lo que debe ser un toro-toro cumple todas las exigencias, especialmente en lo que se refiere a la entrega en la lidia. ‘Orgullito’ destacó por «su manera de empujar la muleta», asegura su propietario.

La verdad es que cuando veo en la plaza animal tan noble, hermoso y fuerte, no quiero que muera. Nadie en este encuentro hombre-toro debería hacerlo nunca. Por eso un indulto es una gran noticia, que ojalá se repitiera tanto que dejara de serlo.

Me gustaría que todos los toros de lidia fueran indultados y que la fiesta acabara con alegría para todos sus intervinientes. Pero los que ‘saben de toros’ aseguran que eso es imposible. Una pena. Refrán: Herido está de muerte, quien con sangre se divierte.

martes, 17 de abril de 2018

Bendita locura la de ‘Noni’

Bendita locura la de los empresarios que un día prefirieron crear riqueza donde antes no había nada. Bendita locura porque decidieron que fuera en Extremadura y no escucharon cantos de sirenas. Locos maravillosos que no se dieron por vencidos cuando les surgieron todas las trabas imaginables. Subidos en su colina vieron con nitidez que para ganar había que arriesgar. Y eso que podían perder.

Bendita locura la de los autónomos que levantan cada día el cierre de sus negocios o se echan a las carreteras en busca de sus clientes. Quijotes de la vida que no le tienen miedo al ‘no’ y que ven siempre oportunidades para vender sus productos y servicios. Maravilla de desquiciados que cuando llega una inspección de Hacienda o una auditoría lo tienen todo en regla, tras noches de insomnio y trabajo. Insensatos que, además de crear de trabajo, se preocupan de que las condiciones de sus empleados sean las mejores. No importa que ya falleciera aquel bizarro fantasma que a lomos de Rocinante cabalgaba en el desierto.

Amigos míos: Los locos le están ganando la batalla a los cuerdos, a los que solo buscan el calorcillo del subsidio y los panes prestados. El cerebro, el culpable de los miedos, del ‘no me arriesgo’, manda en los prudentes, en casi todos. Pero algunos pocos se lían la manta a la cabeza y deciden hipotecar su vida por un sueño.

Estas reflexiones las hago tras escuchar el discurso que Darío Martínez de Azcona, le dedicó a su padre, Antonio Martínez Buzo, ‘Noni’, en la entrega de Premios Turismo de El Periódico Extremadura. El hijo le llamaba ‘loco’ reiteradamente por haber puesto en marcha una red de hoteles. Él, que tenía una farmacia y podría haber vivido sin quebraderos de cabeza, decidió que había que darles a nuestros visitantes alojamientos dignos. Convirtió espacios en ruinas en soberbios alcázares del descanso. Obra, sin duda, de un tarado. Bendita locura la de ‘Noni’. Refrán: Ya no hay locos. Todo el mundo está cuerdo, terrible, horriblemente cuerdo. (León Felipe).

martes, 10 de abril de 2018

Las manos blancas de Dios

El hombre propone y Dios (o la naturaleza) dispone. La floración del cerezo en el Valle del Jerte ha comenzado tímidamente cuando se esperaba que ya este fin de semana estuviera en todo su esplendor. Fallaron los cálculos.

En la clausura en los fastos oficiales del Cerezo en Flor no había en esa zona apenas unos pocos árboles mostrando su blanco manto en las terrazas que el hombre araña a un paisaje agreste. Cosas de esta primavera que no llega, como dice Pau Donés en su canción.

Cuando uno arriba al Valle del Jerte estos días sin flores tiene sensación de jet lag, de que es preso de una cierta disritmia circadiana. Esperaba extasiarme con Dios vivo derramando sus manos luminosas por ambas laderas del Valle del Jerte. Desgraciadamente solo había una finca con los cerezos florecidos cerca de Valdastillas y aún no al cien por cien. Los grupos de turistas paraban sus vehículos en el arcén para hacerse la foto de rigor ante el cultivo totémico de la zona.

Subí hacía Valdastillas donde la naturaleza se expresaba también con fuerza. No sólo por la lluvia que caía en mi cabeza, sino también por el agua que brotaba de la Garganta del Caozo, que recogía las nieves y precipitaciones de este invierno infinito. Hermoso camino de castaños, fresnos, alisios y robles para llegar a un espacio donde el espíritu del bosque te habla al oído con las músicas del agua. Hasta llegar a la pasarela de hierro, donde todo el mundo se hacía fotos, había que completar un camino escarpado. Allí el agua te mojaba la cara. Era la bendición y el suave beso de Dios ante el hombre que solo puede contemplar los inmensos dones naturales que derramó con sus blancas manos sobre esta tierra única.