viernes, 24 de marzo de 2017

Reflexiones para el Día Mundial del Agua

Mañana es el Día Mundial del Agua. Para nosotros, los urbanitas del primer mundo, abrir el grifo y que salga el líquido elemento, limpio, depurado, sin problemas sanitarios es un gesto cotidiano al que no prestamos mucha atención. Sin embargo, en muchas partes de este planeta Tierra lleno de desigualdades hacerlo es jugar a la ruleta rusa, o en ocasiones ni siquiera se puede abrir y grifo y hay que ir a un pozo con un cántaro sobre la cabeza durante kilómetros. Por cierto que suele ser una tarea reservada a las mujeres porque el reparto de roles es machista aquí y en el África profunda.

Mientras en nuestro confortable y vertiginoso primer mundo derrochamos el agua cuando nos lavamos los dientes o nos bañamos en ver de ducharnos, hay 1.800 millones de personas que usan una fuente de agua contaminada por aguas fecales, poniéndolos en riesgo de contraer el cólera, la disentería, el tifus o la polio, según datos de la ONU.

El agua no potable y la falta de higiene es la responsable de cerca de 900.000 muertes al año en este mundo que podía ser un espacio agradable para todos y que, paradójicamente, es un ejemplo de reparto irresponsable e interesado de los recursos naturales. Sin embargo, el agua que desperdiciamos puede reutilizarse y volver al ciclo natural, a beberse, sólo hace falta interés y tecnología, sí, esa que empleamos en muchas cosas que no son ni importantes ni vitales.

La ONU pone este año el foco sobre las aguas residuales, aguas que desaprovechamos y que podrían reutilizarse para calmar la sed de miles de personas. Su deficiente gestión provoca miles de fallecimientos.

martes, 14 de marzo de 2017

El misterio de los calcetines


Desde que vivo en pareja me sucede un misterio que, a pesar del paso de los años, sigo sin resolver: Me desaparecen mis calcetines. Podría parecer un asunto sin importancia, pero no, nada más lejos de la realidad. Cada vez que voy a tender la ropa el número merma, me encuentro calcetines sin su pareja, e incluso algunos cuyo color y forma recuerdo perfectamente y que, sin embargo, no están ahí, donde deberían. Por contra los calcetines de mi pareja están todos, ordenados, uniformados, no falta ni uno. ¿Por qué?

Podríamos pensar que se trata de un caso aislado, de una anécdota achacable a mi proverbial despiste. Eso creía yo. Los domingos por la tarde me siento en el salón de la casa con la montaña de calcetines, tratando de encontrarles su pareja. Miro en el cubo de la ropa, por si se hubieran quedado allí. Indago en el de la basura por si los hubiera tirado junto con los desperdicios de la cena. No. Con el tiempo el número de pares completos se diluye mientras crece el de los solitarios. Creía que este misterio sólo de sucedía a mí. Este fin de semana comentándolo con otras parejas me he dado cuenta de que la incógnita se agigantaba. Todas las mujeres de mis amigos se quejaban de que desaparecían los calcetines de sus chicos, también sin motivo alguno. Ellos se aprestaban a explicar que tampoco entendían el motivo de ese sindios. Ello me lleva a reflexionar sobre la brecha entre hombres y mujeres, todavía enorme en todos los sentidos...

Nuestra falta de celo nos lleva a los hombres a despreocuparnos por las cosas de la casa, que encasquetamos a ellas, diligentes y eficaces. Nosotros estamos desorientados ante la colada y las tareas domésticas, perdidos ante una montaña de ropa por clasificar. Mientras, seguiré buscando parejas de esta prenda, los domingos, como un ritual que sólo es un homenaje a mi morrocotudo desastre vital masculino. Refrán: Los calcetines solo generan tomates.

martes, 28 de febrero de 2017

En busca de ‘Celipa’

Siempre me ha gustado no quedarme simplemente en lo que me cuentan. Por eso estos días atrás realizando un reportaje sobre el Peropalo en Villanueva de la Vera hice una petición al concejal de Cultura, Hipólito Santiso, que a algunos podría resultar extravagante, pero que iba destinada a disipar muchas dudas: quería ver dónde vive ‘Celipa’, la burrita que lleva a Peropalo con su sentencia a la espalda durante esa singular fiesta carnavalera. No me puso ningún impedimento.

Estábamos en el ayuntamiento, y junto con los concejales Bernabé García y Emilio Prieto, nos encaminamos hacia la finca municipal donde vive. El paisaje del recorrido ya solo merece la pena. Y es que La Vera en invierno tiene un encanto especial formado por la conjunción del agua de sus cascadas y el verdor que lo llena todo.

‘Celipa’ tiene su residencia oficial junto a la estación depuradora de aguas. Dispone de una hectárea y pico para ella sola, así como un establo techado y cerrado. Es atendida a diario por cuidadores municipales. Trabaja algo más de una hora al año. Solo la supera ese funcionario de la Diputación de Valencia que lleva diez años yendo solamente a fichar. No voy a negar que sobre el burro del Peropalo sobrevuela una gran polémica, pero lo que pude comprobar personalmente es que la existencia de ‘Celipa’ es de ensueño. Los concejales me aseguran que se ha formado un grupo de personas en el pueblo que velan para que no sufra ni reciba ningún daño durante el trayecto de Peropalo.