martes, 11 de julio de 2017

Sanfermines, stop a las agresiones sexistas

Todos los años escribo sobre las agresiones sexuales en los sanfermines. Y éste no va a ser menos. Nunca entenderé cómo una fiesta puede aprovecharse para justificar o cometer un delito. El año pasado fue el año de La Manada. Como si se tratara de un grupo de cabestros, unos desalmados presuntamente violaron a una muchacha y se enviaron por teléfono móvil la fechoría. Los sanfermines atraen a millón y medio de personas. La ciudad tiene 200.000 habitantes. Pero esa aglomeración humana no debe ser un escudo para el ‘todo vale’ por parte de descerebrados amparados en la muchedumbre. El Ayuntamiento de Pamplona y el Gobierno de Navarra han hecho un llamamiento público para acabar con las agresiones sexistas en los sanfermines. Sí, mucha foto, mucha publicidad, pero lo cierto es que los que comenten esos delitos ni ven la televisión, ni leen la prensa, ni aunque lo hicieran les calaría el mensaje. Ya ha habido denuncias de abusos e incluso sentencias tras un juicio rápido.

Cuando ya tienes una base machista marcada a fuego en la infancia es muy difícil cambiarla a base de poses en fotografías. También es una pena que una fiesta que fue dada a conocer al mundo por Hemingway en una novela vea arruinada su imagen por el comportamiento de unos pocos salvajes. Lo cierto es que los sanfermines son mucho más que un encierro matinal y una corrida de toros. Hay multitud de actos familiares y entrañables que no traspasan las fronteras informativas y que son muy bellos, más que la borrachera continua que algunos nos quieren vender. El ayuntamiento este año ofrece un taller de supervivencia sanferminera para jóvenes. Consiste en enseñar a cocinar, limpiar la ropa y la casa y hacer pequeños arreglos en el hogar. Malamente va esta sociedad si tenemos que decir a nuestros muchachos y muchachas que tienen que lavarse. Eso debería ya llevarse aprendido de base. Es una obviedad. Refrán: Por San Fermín el calor no tiene fin.


martes, 4 de julio de 2017

Camarón, 1991 concierto en Mérida

Cuando en 1991, José Monge Cruz, conocido universalmente como Camarón de la Isla cantó en el Teatro Romano de Mérida ya era un artista en declive. Falleció apenas un año después. Aún así, los destellos de genialidad seguían asomando en cada uno de sus melismáticos quejíos. Camarón siempre tuvo ‘duende’. Los músicos nos pasamos la vida buscándolo. Fue Federico García Lorca quien dijo al escuchar a Falla que tenía duende, y al preguntarle por esa cualidad la describió como ‘sonidos negros’. Efectivamente, Camarón cantaba en Mérida y desgranaba sus ‘quejíos negros’, aunque cada vez más mermadas sus cualidades líricas por el cáncer de pulmón que padecía y una vida algo errática. De personalidad voluble, era siempre un misterio si finalmente se subiría o no al escenario a cumplir con sus obligaciones contractuales. Los genios -y él lo era- son así.

Se cumplen 25 años de la muerte de José Monge Cruz, pero no de Camarón. Él es eterno, un superhéroe de barrio, un santo laico gitano pero por el que sienten devoción los amantes del flamenco.

Con su disco La leyenda del tiempo consiguió algo único. Cuando nadie hablaba de fusión y siendo él uno de los flamencos más puros, mezcló bajos eléctricos y sintetizadores con bulerías, alegrías y fandangos. Creó algo nuevo, que no era fusión, que no era una simple mezcla bien hecha. Muchos son los que cantan, tocan y componen. Solo los auténticamente tocados por la ‘varita del de arriba’ logran crear verdaderamente algo nuevo. Él lo hizo. Y se convirtió no solo en icono de los gitanos, sino de la música universal, gracias a un talento arrollador y gigante.

martes, 27 de junio de 2017

Las lágrimas de Atanasio

Los padres de Atanasio Naranjo, colonos del Plan Badajoz, jamás pudieron imaginarse que su hijo acabaría apodado el ‘rey de la fruta de hueso’. Por eso, sus lágrimas, las que afloraron el otro día en el Palacio de Congresos de Cáceres, se comprenden mucho mejor. Recuerdo cuando en 2009 acudí a su central hortofrutícola con motivo de la ampliación de sus instalaciones. Dicen que los empresarios son buenos cuando insuflan a sus trabajadores la cultura que les impulsa cada día a batirse el cobre por crear riqueza. En Zurbarán, ya entonces se hablaba de la ‘cultura Tany’, que no es más que darlo todo. Sencillo y complicado a la vez. Por cierto que gracias a Tany esta entidad local menor villanovense que no llega a los 1.000 habitantes no tiene paro. Un milagro con el nombre y los apellidos de este señor que se fue a Madrid con 17 años a vender fruta.

No me extraña que se le salten las lágrimas cuando se convierte uno en la empresa más grande de España y Europa que produce, envasa y la distribuye fruta de hueso. Eso después de bregar con los proveedores, medirse con las grandes empresas, pagar religiosamente a la Seguridad Social y a la Agencia Tributaria, y quebrarse la cabeza en buscar nuevos mercados y tecnología. Y ese espíritu luchador no solo se ha quedado en él. Su hijo, José María Naranjo, es el director de Ventas y Márketing de la firma. El año pasado ya enviaron 18 toneladas de ciruelas a China y este año continúa abriéndose paso en el difícil mercado asiático.

Cuando hace casi una década fui a Tany Nature esperaba ver las típicas mesas clasificadoras llenas de mujeres, esas a las que Atanasio dedicó su galardón. Las había, pero ahora robots hacían la clasificación de la fruta por su color y eliminaban las que no reunían los estándares de calidad. Parecía ciencia ficción. Hace poco Tany puso en marcha un equipo de ciclismo, lo que revela que la empresa tiene cada vez más músculo social. Sí, a veces las lágrimas también brotan de los ojos de los empresarios y no siempre tienen que ser por disgustos. Refrán: El éxito es una cuestión de perseverar cuando otros ya han renunciado