martes, 20 de mayo de 2008

Reflexiones sobre las primeras comuniones

Cuando hice la primera comunión mi vecina me regaló un reloj de pulsera azul que aún rueda por mi casa. No hubo mucho más que una celebración íntima. Llevé el pelo cortado a la taza y una chaqueta y un pantalón de mi hermano Jesús que me quedaban enormes. Con el tiempo las comuniones se han convertido en minibodas por presupuestos y actividades folclóricas adyacentes. Recuerdo al padre Tino de la parroquia Virgen de Guadalupe preguntar a los niños que iban a hacer la primera comunión por qué sus padres los habían disfrazado ese día. Ahora se estila vestir a los niños de almirante o como si fueran a casarse en vez de recibir a Dios. Tengo entendido que las fiestas son tales que en algunos casos hay hasta orquesta y se busca alojamiento para la considerable masa de invitados que ni siquiera van a la misa. Todo esto me lleva a reflexionar sobre nuestra existencia que a veces es como sepulcros blanqueados por fuera y por dentro llenos de podredumbre. Creo que lo importante de un ser humano no es su primera comunión, sino que la última sea en gracia de Dios antes de encontrarse con él cara a cara. Si Jesús viniera a mi casa procuraría tenerla limpia y vacía de disfraces de tontosdelhaba. Solo hace falta el espíritu sereno y el corazón en calma. Al fin y al cabo comunión es unión con los demás. Para ello lo mejor es perdonar al hermano con el que tienes alguna deuda pendiente. Lo demás son zarandajas y horteradas. Ojalá yo pudiera arrepentirme de todos mis absurdos pecados. Refrán: La primera comunión es a veces solo una celebración .

1 comentario:

Fusca nossa paixao dijo...

Hola Juan, aquí en Brasil es igual, olvida la más importante la religión y de Dios un abrazo Mandrake.